El pájaro tihui indicó el principio de la travesía a la tierra prometida y un águila el final.

Los aztecas habitaban en un lugar llamado Aztlán, ubicado al norte del Golfo de California en el actual estado de Arizona, Estados Unidos, sin embargo el clima agreste, la sequía y la dura vida que enfrentaron durante siglos, bajo el sol ardiente del desierto, hizo que, al igual que otras tribus, emigraran al sur, el cambio era necesario, pero hacía falta una señal.

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El Cacique azteca Huitziton, era un hombre sabio y brujo, insistía que era necesario emigrar del desierto hacia las fértiles tierras del sur, una tarde escuchó cantar en las ramas de un árbol a un pajarillo, cuya voz imitaba la palabra mexicana tihui, que quiere decir «vámonos«.

Siendo oportuna la casualidad para realizar su designio, llamó a otro jerarca azteca llamado Tecpaltzin a quien condujo cerca del árbol donde el pájaro solía cantar, y le dijo, «¿No entendéis, amigo Tecpaltzin, lo que está diciendo esa avecilla? Ese tihui, tihui, que no cesa de repetir, ¿qué otra cosa significa sino que ya es tiempo de dejar este país, y buscar otro?

Entendieron el canto del ave como el aviso de algún numen que buscaba su bien y teniendo ambos los mismos deseos obedecieron al ave e informaron al pueblo azteca, encontrando en ellos, apoyo incondicional. Iniciaron así un viaje que duró varios lustros, Huitzon acompañó a su pueblo, esperando a que Huitzchilopochtli les indicara el final de su viaje.

El viaje de los aztecas desde el sur de los Estados Unidos inició hacia 1160, cerca de su asentamiento primario, se agruparon las tribus circundantes dirigiéndose al suroeste, por la ruta de su deidad y nutriente, el Rio Colorado hasta llegar al Golfo de California, para seguir su camino hacia el sur; esto llevó varias generaciones e incontables guerras, la adversidad y hostilidad del medio, les hizo acérrimos combatientes.

Los aztecas llegaron a tierras Tarascas, quienes reverenciaban a Tzinzuni, dios pájaro, Señor de la guerra, a quien le rendían un culto sangriento, ellos creían que los guerreros se convertían en colibríes al llegar a la región del Sol, este mito fue adaptado por los aztecas a Huitzchilopochtli.

Al estar en contacto con los tarascos, los aztecas aceptaron al nuevo dios y lo relacionaron con Mexi (el xiote o centro del maguey), deidad primitiva de las plantas.

De la palabra tzinzuni hicieron la náhuatl huitizilin, y de ahí derivó a la de Huitzilopochtli, en quien creyeron ver a su guía, el que los había conducido en la migración. Así fue deificado el carismático Huitzitón.

El viaje de los aztecas terminó casi 3 siglos después, cuando otra ave les indicara donde debieran detenerse, esta vez un águila que devoraba una serpiente, donde fundarían su capital, la tierra prometida, un islote de serpientes de donde surgiría el último imperio mesoamericano de la era moderna.