IMG_2126 2

La utopÍa de la ciudad de Dios fue muy difundida durante la edad media en Europa, los católicos le llamaron la Nueva Jerusalén o Jerusalén celeste, pero prácticamente olvidado por la plástica barroca (salvo en los grabados bíblicos), es uno de los varios ejemplos de temas arcaizantes que estaban vigentes en Nueva España durante los siglos XVII y XVIII.

La Nueva España fue una utopía en sí misma, desde su fundación, con la llegada de los «12 Apóstoles»,  los novohispanos habían creado una versión original y propia, estos modelos idealistas forjarían un sueño glorioso, una epopeya mística en la que su patria se convertía en un reflejo fiel de ese paradigma urbano y teológico que fue para la Europa medieval la Jerusalén celeste.

Kids Virtual Store Banner

México, la Jerusalén de María (como la otra lo era de Jesús) se concebía como una ciudad santa que con sus virtudes y su armonía respondía para sus habitantes perfectamente el modelo de la ciudad celestial. Además del geométrico urbanismo que compartían en su traza ambas ciudades, la Jerusalén-México y la celeste eran realidades que se remitían a la renovación de los tiempos mesiánicos, cuando la acción de Dios transformaba la creación.

La relación entre tierra prometida e iglesia primitiva, imagen que funcionaba dentro del esquema retórico tipo-antitipo, se volvía un paradigma para situar a Nueva España, territorio fertilizado por la presencia de María donde se cumplía la voluntad de Dios.

Luis Felipe Neri de Alfaro, miembro de una familia muy devota y acaudalada de México nació el 25 de agosto de 1709, su nombre fue dado por San Felipe Neri y de San Luis, rey de Francia, santos a los que fue encomendado; al terminar sus estudios eclesiásticos se mudó a la villa de San Miguel el Grande.

El Padre Alfaro venia del pueblo de Dolores para Atotonilco, y fatigado del camino se acostó a descansar bajo la sombra de un mesquite que se encontraba donde hoy se ve la iglesia principal y en sueños se le apareció Cristo con una cruz en el hombro, y le dijo le construyera un templo en aquel mismo lugar; el padre inmediatamente se fue a ver al dueño de Atotonilco, para hacerse del terreno, y quedó resuelta la fundación del templo

Entre 1770 y 1776, el padre Luis Felipe Neri de Alfaro intentó implantar una sociedad perfecta en al villa de San Miguel el Grande, el escenario ideal para fundar la Nueva Jerusalen y la verdadera iglesia del Nuevo Mundo, inspirado en la gran similitud que encontró entre el paisaje de la villa, Atotonilco y sus alrededores con el de Jerusalen y la tierra santa descrita y dibujada por el padre Fray Antonio del Castillo en el libro El Devoto Peregrino y por Don Pedro Duran en Viaje de Tierra Santa y Peregrinación del Hijo de Dios.

Con base en estos textos, Alfaro escribió un notable manuscrito titulado «Semejanzas de San Miguel de Allende con los Santos Lugares» y dirigió al pintor de Atotonilco Martinez de Pocasangre para plasmar en dos lienzos la comparación entre ambos sitios haciéndolos complementarios.

Con la construcción del santuario y su casa de ejercicios espirituales, el padre Luis Felipe Neri de Alfaro, busco erigir una copia de la ciudad bíblica, el Santuario de Atotonilco en San Miguel de Allende, es considerado la Capilla Sixtina de América y sus murales son Patrimonio de la Humanidad.