A los más necesitados,
a los desposeidos,
a los olvidados,
a los pobres y marginados
AMLO, 6 de Febrero de 2022

El presidente López llegó al poder en 1976 con el lema “La solución somos todos”, pero con el tiempo la frase fue parodiada por el pueblo como “La corrupción somos todos”, para referir los excesos y las malversaciones de su gobierno.

Luego de los conflictos estudiantiles de 1968, que habían mermado la gobernabilidad en México, desde el sexenio de Luis Echeverría, se incrementó gasto público, para lograr control social: se contrataron a millones de agitadores e inconformes, que pasaron a formar parte de la plantilla laboral del estado, para comprar  sus voluntades, acallarlos y lograr la paz.

La obra pública se cuadruplicó, así como los apoyos sociales, sin embargo por la baja recaudación tributaria, el gasto se financió con una mezcla de préstamos externos y financiamiento inflacionario, lo que provocó grandes déficits presupuestarios, que junto a las crecientes expectativas de una devaluación, frenaron la inversión privada.

El gasto del estado incluía a los medios de comunicación, sin embargo la Revista Proceso, señaló en su línea editorial la corrupción imperante del gobierno; enfurecido el 7 de Junio de 1982, el Presidente López decidió restringir los convenios de publicidad oficial y de los estados en el semanario dirigido por Julio Scherer, con el claro objetivo de ahogar económicamente a la revista.

López Portillo pronunció la frase “No pago para que me peguen” ante directivos de medios nacionales, que cada 7 de junio se reunían con el presidente para rendirle tributo, López Portillo preguntó y respondió: “¿Una empresa mercantil organizada como negocio profesional tiene derecho a que el Estado le dé publicidad para que sistemáticamente se le oponga? Esta es, señores, una relación perversa, una relación morbosa, una relación sadomasoquista que se aproxima a muchas perversiones que no menciono aquí por respeto a la audiencia: ‘te pago para que me pegues’ ¡Pues no, señores!
PROCESO

El hijo del Presidente, José Ramón, el «orgullo de su nepotismo» y a quien perfilaba como su sucesor en la presidencia, era quien decidía la distribución del presupuesto y quien pactó junto con su padre los préstamos multimillonarios que hundieron a México.

La intervención excesiva del estado, que quiso administrarlo todo, hizo de la economía mexicana, un elefante blanco improductivo e inútil, pero que funcionaba muy bien para los fines políticos del partido gobernante y del presidente López; al posterior desmantelamiento de este sistema estatista, se le llamó Neoliberalismo.

El yacimiento petrolero de Cantarell, bien pudo servir para sanear la deuda externa heredada por Luis Echeverría, sin embargo el presidente López y su hijo, recibieron muchos beneficios por aceptar los préstamos malsanos del FMI, mismos que dilapidaron y se gastaron «muy rápido». Hoy en día José Ramón López Portillo Romano, es ciudadano británico, vive en Londres, es empresario y trabaja para la ONU.