El mexicano siempre está lejos,
lejos del mundo y de los demás.
Lejos, también, de sí mismo

La palabra persona, significa «máscara para sonar» (per-sona), en los teatros griegos los actores se colocaban máscaras con diferentes muecas sobre el rostro con el fin de mostrar al espectador algún tipo de sentimiento, como la alegría, la tristeza o la ira; dicha la máscara tenía un orificio en la boca y de esta manera las palabras sonaban con fuerza y podían ser oídas por el público.

Este mundo es un escenario donde todos somos actores, en diferentes momentos, usamos diferentes máscaras; la personalidad es un constructo psicológico, se refiere a las características psíquicas de una persona que determinan su manera de actuar ante una determinada circunstancia.

Se considera transtorno, cuando dos o más identidades (personalidades) se presentan en una persona, sin embargo esta es una norma de vida. La simulación es una actividad parecida a la de los actores y puede expresarse en tantas formas como personajes fingidos.

La persona, como un actor, se entrega a su personaje y lo encarna plenamente, aunque después, terminada la representación, lo abandone como su piel a la serpiente. El simulador jamás se entrega y se olvida de sí, pues dejaría de simular si se fundiera con su imagen.

Al mismo tiempo, esta ficción (la personalidad), se convierte en una parte inseparable de su ser: está condenado a representarla toda su vida, porque entre su personaje y él se ha establecido una complicidad que nada puede romper, excepto la muerte; la mentira, se instala en su ser y se convierte en el fondo último de su personalidad, como la verdad, cuya máscara toma el fraude para engañar a los más prudentes.

El escenario de las personas es una mera ilusión, pero y ¿qué otra cosa son las dichas de la vida más que una ilusión efímera, volátil, superficial, como lo es la de un salón de máscaras?, personas que bailan a las circunstancias, con personalidades de caretas, mintiendo un peregrino rostro.

Los antiguos olmecas hacían sepulcros de sus personalidades, con la máscara de la persona que representaron en vida, para que quien le encontrase olvidara que viera la faz de la muerte disfrazada de jade y alabastro.

Existe acaso un vicio que no pueda disfrazarse con la máscara de la virtud?, la maldad puede disfrazarse de virtud, más la virtud no lleva máscara. La máscara de la honradez es la que usan de preferencia los que más roban, siempre vea detrás de la personalidad, nunca crea nada, ni se deje llevar por el personaje, que casi siempre interpreta un papel opuesto a su verdadera faz.

Andemos sin máscaras, aunque todos las conserven, pocos ya se la quitaron y tiraron al suelo, pues no necesitan ya disfrazarse, pero al no estar seguros, lavemos nuestra honra en las aguas del halago, que nuestra cara sea la máscara del pecho y lo encubra.