Las ciudades precolombinas se fundaban por grupos que se independizaron de otros para seguir su propia ideología, esto en favor de una necesidad social, para seguir una profecía o para encomendar el destino de un pueblo al linaje de una nueva realeza por medio del culto a un Dios.

La elección del lugar fundacional debía tener varios requerimientos, principalmente de defensa y autosustentabilidad, pero casi siempre se hacía por la intercesión de los adivinos o sacerdotes que vislumbraron en sueños y premoniciones los mensajes de los Dioses.

Las nuevas ciudades se fueron adaptando al medio, con apariencia de orden, en el inicio de la construcción a gran escala, se estableció un eje predeterminado en congruencia con las direcciones cardinales, más adelante se iban dividiendo en cuartos, y se cruzaron por dos avenidas principales orientadas Este-Oeste y Norte-Sur.

Al principio, se erigía primeramente un templete cuadrangular que sería la base del templo madre, este se alineaba con las estrellas y su elección se daba por medio de augurios y supersticiones; de antemano se diseñaba el proyecto, que duraba varias generaciones; nosotros llamamos a las edificaciones precolombinas como pirámides, los mesoamericanos le llamaron cúes.

La derivación de Cués, de acuerdo a la designación española, eran los antiguos terraplenes sobre los cuales construían los nativos sus templos y pirámides. Cues significa: «Cerros en forma o figuras de templos, o cerros circulares en donde se construían los templos», esto según la lengua Náhuatl.

Las pirámides escalonadas servían para varios propósitos, algunas eran tumbas, otras templos y no eran construidas con grandes bloques, sino de pequeños bloques rectilíneos sobre un centro de relleno, así mismo, se construían templos nuevos sobre otros más antiguos, renovándose de acuerdo a los ciclos preestablecidos.

Las pirámides en el preclásico eran coronadas con tres templos de madera y techo de paja, conocidos como «Complejos Tríadicos». En el clásico tenían uno o dos cuartos con la característica bóveda. Para hacer las paredes, ellos usaban bloques en dos hileras, que luego rellenaban con piedras pequeñas, y otros materiales.

Las piramides eran templos, tumbas y palacios donde vivía la nobleza, se diseñaron de tal manera que el eco de los murmullos resonará hasta los oídos del gobernante; los mesoamericanos no estuvieron exentos de los juegos del poder y traiciones alrededor de la cúpula gobernante.

Los cúes eran estructuras de gran tamaño de piedra caliza o ladrillos de barro, cubiertas de estuco; los edificios eran adornados con mascarones y cresterías talladas en piedra y estuco, generalmente pintados de rojo, que era el color simbólico de la sangre, pues en ellos se realizaban los sacrificios humanos.

En los cúes se decidía el porvenir de un pueblo, intentando comprender la incertidumbre, predecir el futuro y ejercer control social sobre los súbditos; los sueños, presagios, augurios y supersticiones regían su destino; el mito precede al rito, por ello hacían rituales piramidales.

Los rituales piramidales, que se llevaban a cabo en los cúes eran muchos, se asociaba a un calendario ritual de ofrendas, agradecimientos y sacrificios, siendo estos los más escandalosos, pues la ofrenda de un ser humano a una deidad en señal de homenaje o expiación era considerada un ritual donde el pueblo saciaba su sed de violencia, frustraciones y esperanza.

Las víctimas eran hombres, mujeres y niños, unos morian por honor o voluntad, otros por castigo; el corazón latiente del ofrendado latía ahumado mientras los cuerpos eran desmembrados antes de ser devorados por las bestias de la hambruna, la sangre escurría por los escalones, mezclada con el estuco rojo, se pintaban las paredes con los dedos ensangrentados.

Sacrificar personas les daba ilusión de control sobre las cosas, la algarabía insaciable del pueblo se confundia con la euforia del llanto y la celebración; al ver otra apagarse se llenaban de vida, conviviendo a diario con la muerte, los mesoamericanos comprendieron lo fugaz de su destino y su tiempo limitado, ligado siempre al capricho de lo incierto.