Conoce la antigüedad helénica un gran número de narraciones fantásticas historicas y geograficas, muchas de origen oriental, asirio, persa o egipcio, (como las que recogio Herodoto), pero ninguna de estas es semejante a la aventura de Alvar Núñez Cabeza de Vaca,  que escribió la obra de su vida, de la cual también fue el protagonista.

Álvar Núñez Cabeza de Vaca nació entre 1488 y 1490 en el seno de una familia de hidalgos, se define él mismo como «hijo de Francisco de Vera y nieto de Pedro de Vera, el que ganó a Canaria y de su madre Doña Teresa Cabeza de Vaca natural de Jerez de la Frontera«.

Aproximadamente en 1512 se alistó en las tropas de la Liga Santa formada por varios países, entre ellos España, para luchar contra Francia, donde sirvió en las campañas de Italia; posteriormente se embarcó hacia las Indias para hacer la América.

Cabeza de Vaca acompañó a Panfilo de Narvaez (capitán que lideró la expedición punitiva a Hernán Cortés), recién nombrado gobernador de la Florida, a buscar la Fuente de la eterna juventud, la mayor parte de su séquito, caballos y provisiones se hundieron con el navío, en medio de un huracán que golpeó las costas del Golfo de México en 1528.  

Los sobrevivientes improvisaron cinco botes endebles y se dirigieron al mar, donde soportaron violentas tormentas, una grave escasez de alimentos, agua y los ataques constantes de «indios flecheros», por donde costeaban. Panfilo de Narvaez se ahogó en una de estas balsas improvisadas; con su grupo de exploración reducido a solo 80 o 90 hombres, la abigarrada flotilla de Cabeza de Vaca finalmente naufragó en lo que probablemente era la isla de Galveston, hoy Houston, Texas.

Las desgracias continuaron durante los siguientes cuatro años, los sobrevivientes fueron muriendo constantemente por enfermedades, accidentes y ataques de indios, hasta que solo quedaron Cabeza de Vaca y otras tres personas.

Los indios, de ver el desastre que nos había venido y el desastre en que estábamos, con tanta desventura y miseria, se sentaron entre nosotros, y con el gran dolor y lástima que hubieron de vernos en tanta fortuna, comenzaron todos a llorar recio, y tan de verdad, que lejos de allí se podía oír, y esto les duró más de media hora
NAUFRAGIOS

En 1532, los cuatro supervivientes emprendieron un arduo viaje siguiendo el Río Grande y fueron capturados por los nativos de Karankawa, viviendo en una esclavitud virtual durante casi dos años. Solo después de que Cabeza de Vaca se ganó el respeto de los Karankawa al convertirse en un hábil curandero y diplomático, el pequeño grupo ganó su libertad.

Fueron rescatados por un grupo de españoles al mando de Nuño de Guzmán, un hombre muy religioso que profesaba una dedicación especial al Espíritu Santo. (Se oponía con toda su energía a que los españoles mantuvieran concubinas e imponía fuertes castigos a quien blasfemara en su presencia); los supervivientes pidieron gobernaciones y privilegios a cambio de información que diera con las 7 ciudades de Cíbola.

Insaciable de aventuras, se embarcó hacia el Brasil en 1540 y gracias a su instinto conquistador, recorrió a pié hasta el Perú (hoy Paraguay), libró batallas con un ejército de nativos y en 1542 descubrió las Cataratas de Iguazú. Al igual que Hernán Cortés, el Consejo de Indias le maltrato injustamente (después de haber sufrido las penalidades para poder salir con vida de tantas desdichas y sufrimientos), fue exiliado a morir en España en 1559.

La vida de Cabeza de Vaca está a la altura de las Grandes figuras de la Historia, bien pudiera compararse con Alejandro Magno o Napoleón, y curiosamente su vida estuvo enmarcada por la tragedia; un huérfano que escapó de la pobreza en guerras santas a buscar fortuna en las nuevas fronteras americanas; el esclavo que fue comerciante, brujo sanador y conquistador de sí mismo; el descubridor de nuevas tierras que terminó juzgado y exiliado.

Cabeza de Vaca lideró un ejército de 100,000 indígenas contra los guaycurúes del Paraguay; siempre capitaneando el peligro, la desventura y miseria en una expedición incierta por tierras desconocidas, la muerte acechaba todos los días, no poca cosa fueron su aventuras y desventuras, pero la mayor victoria fue, su supervivencia.