con escudos fue su resguardo,
pero ni con escudos
pudo ser sostenida su soledad.

13 de Agosto de 1521, Mexico – Tenochtitlan. La sangre ha pintado los muros de rojo, en las paredes están salpicados los sesos, los cuerpos mutilados yacen desparramados por entre las calzadas, otros flotan; en los caminos hay dardos rotos, los cabellos están esparcidos por doquier, las casas se han quedado sin techo y los gusanos pululan por calles y plazas.

Los templos y palacios, el gran mercado, las escuelas, las casas, todo quedó en ruinas. No pocos sacerdotes, sabios, guerreros y otros muchos, como los Dioses perecieron o no se supo más de ellos. Los presagios funestos que Motecuhzoma y algunos otros dijeron haber contemplado, parecieron cumplirse.

Las aguas estaban teñidas de rojo y al beberla, sabía como a salitre, desde entonces decían que la comida y el agua se habían acedado; a pesar de ser verano, las crónicas refieren que había neblina, los mexicas desmoralizados, lloraban con las ropas ensangrentadas; Tlacotzin, nieto de Tlacaelel, invitaba a su pueblo a tener ánimos, pues los reyes habían sido atados con cadenas de oro.

Los Tlaxcaltecas y Españoles, a pesar de ser aliados, tenían intereses diferentes y opuestos, cada cual quería formar su propio reino, incluído a Hernán Cortés, pero si en algo coincidían, era que primero debían destruir Tenochtitlán y borrar de la memoria su grandeza, difamando su legado con brutalidad y mentira.

La «Venecia del Nuevo Mundo» ardía en llamas, no hace mucho los castellanos la describieron como» un espectáculo maravilloso de lagos y canales, donde las gentes viajaban en canoas… hecha mitad de tierra y mitad de agua y atravesada por puentes por los que podían pasar 10 caballos juntos a la par.»

Tenustitán, Tenochtitlán, Temescán o Temextitán, era una urbe refinada con baños públicos, una treintena de palacios y un acueducto (Chapultepec) que la abastecía de agua, con dos complejas canalizaciones, una siempre en activo y otra que fungía como drenaje.

De nada sirvió su grandeza, los otrora invencibles Dioses, rodaron desmembrados por las escalinatas de los templos, (como sus víctimas de sacrificio), las tallas de madera y los textiles fueron usados como combustible para quemar los libros sagrados, que fueron reducidos a cenizas; el oro fue arrancado de las paredes para luego ser fundido.

Mientras unos lamentaban su derrota, la Alianza Tlaxcallan – Castilla celebraba su victoria, era un dīa de algarabía, la fiesta de la humillación, las trompetas resonaban por entre los muros agujereados; los cadáveres fueron destazados y con sus pieles danzaban las huestes, al sonar de música triunfante.

Por entre los vasallos tributarios del Imperio Mexica, la noticia corrió como la espuma, las celebraciones duraron varios días y los representantes de Tenochtitlán fueron expulsados o sacrificados, se empezaba a gestar un nuevo orden, Tlaxcallan ocuparía el lugar de Mexico.

Desde la cima del Palacio de Axayácatl, muchos guerreros Tlaxcaltecas y pocos Españoles, vieron las llamas de la guerra ceder ante la lluvia, dando paso a la neblina; los muros de cal empezaron a caer en Texcoco, Hernán Cortés con la espada envainada miró al horizonte del Valle de México y recordando a Medellín, exclamó a sus aliados: «Esto es como España, es una Nueva España.«

No acabará su Gloria, no tendrá fin
el renombre de México – Tenochtitlán.
Tenoch


FUENTE:

Maestro Miguel León Portilla
La Visión de los Vencidos