La Aparicion de Samuel de Villalpando
México 5 Siglos: El Mundo Mesoamericano.

El territorio que ocupa México fue por muchos siglos ocupado por dos grupos de tribus: los nómadas y los sedentarios, sin embargo ninguna de estas era totalmente nómadas o sedentarias, ambas emigraban y se asentaban de acuerdo a las circunstancias y designios del tiempo.

El territorio del norte es agreste, el territorio de sur es fértil, en el norte hace frío, en el sur hace calor; la gente del norte se tiene que mover para buscar el calor, la gente del sur tiene el calor y no quiere moverse. Para el indígena del norte, el yo es individual, aunque sin egoísmo, para el indígena del sur es un yo social, aunque sin altruismo, de ahí que el norteño crea en la Independencia y el sureño solo cree en la Libertad.

La religión de Mesoamérica era una sola, con el tiempo fue adaptándose a la cultura local, cambiaron los nombres de sus Dioses, pero el significado era el mismo: un sistema cíclico que era controlado caprichosamente por las deidades para aleccionar a los hombres, la vida y la muerte circulaban en un ciclo necesario que giraba como un reloj, para que floreciera el siguiente, (en sus intervalos) debía haber sacrificios para acelerar la llegada del próximo ciclo. 

El temor que tenían los mesoamericanos a sus Dioses les carcomía hasta el tuétano, la brutalidad con que se castigaba a los infractores, en la guerra y la paz, hacía de la sociedad nativa, una temerosa y acostumbrada a los designios de sus representantes; no existía una frontera entre el poder y lo divino, los reyes y sacerdotes eran semidioses, y como tal, tambien podían ser sacrificados, pues así lo habían hecho sus Dioses.

Los Dioses eran multipolares y contradictorios, significaban cosas buenas y malas, daban bendiciones y castigos; había que agradecerles por todo con absoluta devoción; las fiestas y ritos, proceden de mitos y es que la moral mesoamericana era de sumisión y obediencia, miedo al castigo y valor ante la guerra.

Todos formaban parte del ciclo divino, morir por voluntad de los Dioses era orgullo y resignación, el conformismo al estatus quo, la única salida, y es que hubo represiones brutales a quien se opusiera al estado de las cosas, al ciclo divino.

El hombre queriendo siempre controlarlo todo, estudió las estrellas y se guiaba de la naturaleza para comprender su mundo, quería predecir el futuro, conquistar otros territorios, entre episodios de relativa paz, la guerra fue perpetua, y esto no se puede negar.

SIn embargo la religión hizo de la mesoamericana, una sociedad estática, cerrada, que no pudo evolucionar ni adaptarse a los cambios, porque todos eran entendidos, como designios divinos que requerian sangre, sí hubo migraciones, sí se fundaron nuevas ciudades, caían estados, morian reyes, pero la esencia siempre fue la misma, de otra manera no se puede explicar como Mesoamérica no pudo superar la edad de piedra.

Las tribus del norte, los indígenas independientes, no se sometieron a los designios de los hombres, eran cazadores, recolectores, que dormían bajo un techo de estrellas que conocieron perfectamente la naturaleza y se dejaron llevar por ella, pero el miedo a los hombres era mayor que al de los animales, el mundo siempre fue un lugar peligroso, pero menos mientras se mantuvieran en comunidad.

La vida fue muy dura con las tribus nómadas, más dura que con los mesoamericanos sedentarios, pues a pesar de que no creían en las fronteras, estas existían y eran defendidas ferozmente, por eso siempre se mantuvieron a raya; a pesar de que eran guerreros brutales, todos los días se preparaban para morir, como todos, diariamente se enfrentaron a la incertidumbre de la vida.

Sin embargo un centenar de nómadas, se opuso a su destino: hartos de rabia e impotencia por la carestía del agreste territorio y las injusticias de los hombres, con las manos listas para morir en batalla, fueron gestando el deseo de conquistar los ricos territorios del sur y se vistieron con plumas de águila y piel de jaguar, dijeron ser los herederos de Tollan y detendrían su peregrinar y mala fortuna, cuando encontraran un águila sobre un nopal devorando a una serpiente, eran el pueblo elegido de Huitzilopochtli, los Aztecas.