Dice el refrán que «más sabe el diablo por viejo que por sabio«, sin embargo en la vida de Peña Nieto aplica lo contrario, desde muy joven supo rodearse de políticos de carrera, diablos viejos, sabios, diestros y experimentados, la vieja guardia priista del Siglo XX.

Enrique Peña Nieto nació en el seno de una familia con larga tradición en la política; su bisabuelo, Severiano Peña, fue alcalde de la villa de Acambay en cuatro ocasiones entre 1914 y 1923; un primo hermano de su padre, Alfredo del Mazo González, fue gobernador del Estado de México, y otro pariente algo más lejano de su madre fue también Gobernador del Estado de México, Arturo Montiel Rojas, sin querer, su camino ya estaba trazado.

Siguiendo su destino, a los 18 años se unió al partido de estado, el PRI con la mirada puesta en el futuro, la meta, cumplir la profecía de su casta, llevar al Grupo Atlacomulco a la Presidencia de la República.

La clave para convencer a cualquiera es mirar al interlocutor fijamente a los ojos y sonreír de vez en cuando, hablar pausadamente y con firmeza, dando un mensaje claro y contundente, el objetivo es persuadir, disuadir y controlar; la maniobra perfecta de los miembros del Grupo Atlacomulco, era no titubear y siempre confiar en el poder de la imagen.

A los 27 años estaba casado con Mónica Pretelini, a quien conoció en el PRI, trabajaba ya como Secretario Particular del Gobernador Emilio Chuayffet y era tesorero en el Estado de México. La vida le sonreía, una bella familia, poder y acceso absoluto a las arcas del partido.

Las ambiciones del joven Peña Nieto y los deseos proféticos de su familia marcaron su carrera, a cualquier precio lograría su cometido; su creencia de un destino de grandeza era mayor, pues decía su madre que una enfermera le había salvado en la vida en la epidemia de deshidratación que azotó al estado en los sesenta. En 2005 llegó a ser Gobernador del Estado de México.

El grupo compacto del expresidente Carlos Salinas de Gortari, despreciado por la «nomenklatura priista» vio en Peña Nieto, una oportunidad de continuar el sexenio «neoliberal de la democracia social”. Salinas buscaba terminar de liquidar los bienes del estado y colocar de nuevo, posiciones estratégicas en los núcleos económicos para afianzar su poder. 

Era necesaria una narrativa, que se fue gestando desde principios del Siglo XXI en Televisa, los mexicanos soñarían con una novela en el poder, ensimismados en la trama de “La Dueña” y la imagen de un presidente que brilla junto a su primera dama, ambos estrellas del canal de las estrellas

La muerte repentina de Mónica Pretelini hizo que el argumento comenzara a tomar forma, el Gobernador del Estado de México, contrajo nupcias con Angélica Rivera 20 días después del final de la telenovela «Soy tu Dueña».  Angelica Rivera, tendría un papel protagónico en la trama, sonriente y callada, viviría aparte con sus hijas y su “exmarido” la visitaria cuando fuera necesario; el contrato era claro, fotos, eventos y medios, nada de intimidad.

El Nuevo PRI ganó la elección de 2012, la narrativa del Gobierno de la República era clara: El Nuevo Impulso, contagiar a los mexicanos del dinamismo y las ganas de una orgullosa generación de jóvenes priistas respaldados por la experiencia y sentido social que buscaban mover a México y las inercias que impiden el despegue del país para llegar al primer mundo.

El Consejo de Asesores del Gobierno era liderado por Carlos Salinas, el principal asesor político, la estrategia de comunicación la dictaban los ejecutivos de Televisa; ambos colocaron a sus familiares en puestos clave de Seguridad Nacional; Claudia Ruiz Massieu sobrina de Salinas y su concuño José Antonio González Anaya, así como Arely Gomez Gonzalez, hermana del Vicepresidente de Televisa.

La primera maniobra política de Peña Nieto, fue un golpe magistral de Poder, replica del Quinazo Salinista: Elba Esther Gordillo, enemiga de Emilio Chuayffet, fue encarcelada. El sentido del Gobierno de la República era cambiar la Constitución, para mover a México eran necesarias una serie de reformas.

«El gran reformador” citaban los medios comprados, pero antes tenían que cooptar a la oposición y para lograrlo, compraron sus voluntades a billetazos. Salinas conocedor de la ambición desmedida de los políticos mexicanos, recomendó el pago en efectivo de miles de millones de pesos del presupuesto para firmar el llamado Pacto por México.

La joya de la corona era Pemex, lo que no pudieron lograr las administraciones pasadas ahora era posible, “transformar a Pemex para hacerla más eficiente», dejar que compitiera con petroleras extranjeras y liberar su jugoso mercado interno, que lejos de fortalecer, la llevó a la bancarrota y causó un boquete en las arcas que ya no se pudo llenar.

Luego de las Reformas aprobadas por el congreso cooptado, el sexenio parecía llegar a su fin, después de una serie de escándalos de corrupción, poco a poco la imagen se fue cayendo a pedazos, el asesinato de los estudiantes de Ayotzinapa, la fuga del Chapo Guzmán, la crisis económica, devaluación y las promesas incumplidas por la privatización de Pemex, poco a poco derrumbaron la popularidad de Peña Nieto, una crisis de gobernabilidad se acercaba.

Tardaron tiempo en darse cuenta que México ya no era el país que el PRI había dejado en 1999; el desconocimiento e impotencia de la cúpula priista , hizo imposible que pudieran controlar sectores, estados y grupos de poder que antes les eran incondicionales, Peña Nieto no demostró liderazgo, ni caracter, ante los retos que tuvo, pronto supo que su imagen era inutil para mover a México.

La victoria del Republicano Donald Trump y la temerosa, pero políticamente correcta respuesta del Gobierno Mexicano, hizo que su popularidad llegara a los suelos, con tan solo un 25% de aprobación. La inflación, los cambios abruptos en el precio de la gasolina, la corrupción, violencia y la inercia gubernamental, terminaron por sepultar al PRI, a quien los mexicanos le habían dado una segunda oportunidad luego de dos sexenios fallidos, su experiencia probada (y en corruptelas), no pudo dar los resultados esperados.

El Gobierno de la República detectó la gestación de riesgosos estallidos sociales, el país ardía en violencia, frustración y crisis, la transición era la única salida por el hartazgo generalizado. La imagen sonriente de un presidente bien asesorado, a final de cuentas no sirvió de mucho a los mexicanos, más que para entretenerlos un rato, mientras les comían del plato.