El Che Guevara
Diarios de Motocicleta

El indio deja siempre a la Pachamama, la madre tierra, todas sus penas,
al llegar a la parte más alta de la montaña,
y el símbolo de ellas, es una piedra que va formando las pirámides.

Esta es una atenta invitación, a todas las personas de todos los pueblos, de todos los tiempos, a consagrar nuestro destino al único camino de la salvación eterna, la Revolución Verdadera, la de las Conciencias, la que exime los pecados para transformar las voluntades, hacia el abismo hay un solo camino, el no imaginar la utopía del mundo que merecemos construir, la del motivo de nuestra existencia, la que nacimos para ver transformada en realidad.

La Revolución es el llamado a la consciencia y el honor de cada hombre. Sigamos la doctrina de Ernesto Che Guevara, que sabía tocar las fibras más sensibles de los revolucionarios, era un jefe fraternal y humano, pero también exigente y en ocasiones severo, basaba su disciplina en la conciencia moral del individuo y en su poderosísimo ejemplo.

En una Revolución se triunfa o se muere, si es verdadera; con sinceridad, valor, entusiasmo y haciendo uso del libre albedrío, el Dr. Ernesto Guevara ha hecho lo que pocas personas en la historia, transformar las conciencias de quienes le conocieron en vida por sus letras, con sus acciones y su ejemplo.

El enemigo a vencer es la miseria humana, de la gente cuyo horizonte más lejano es siempre el día de mañana: donde se capta la profunda tragedia que encierra la vida del proletariado de todo el mundo; hay en sus ojos moribundos un sumiso pedido de disculpas y también, muchas veces, un desesperado pedido de consuelo que se pierde en el vacío, cómo se perderá pronto su cuerpo en la magnitud del misterio que nos rodea.

La Revolución es el Sol, que siempre se anuncia por alguna parte, cuando una claridad borrosa reemplaza la oscuridad total que nos acompaña; es curioso el efecto psicológico del sol: todavía no aparece en el horizonte y ya nos sentimos reconfortados, sólo de pensar en el calor que recibiremos, de esta forma, la esperanza revolucionaria nutre los días del martirio del proletariado, sumido en la ignominia y el desconsuelo, hasta su advenimiento absoluto.

Nietzsche y Homero sostuvieron que había dos tipos de moral: la moral de amos y la moral de esclavos. La moral del amo valora el orgullo, la fortaleza y la nobleza, mientras que la moral de esclavos valora cosas como la amabilidad, la humildad y la compasión. El Che Guevara renegaba de dicha creencia apelando a la igualdad, rompiendo con los estereotipos medievales del colonialismo:

«El nunca desmentido afán del hombre por obtener un lugar donde ejercer su autoridad irrefutable del César, el que manifiesta preferir ser el primero en la humilde aldea de los Alpes, a ser segundo en Roma. 

Para lograr el objetivo de la revolución verdadera, el no luchar tendrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas y en todas las circunstancias, pero será el único camino de no obtener jamás la libertad; , aunque la noche sea magnífica pero muy fría y la tenue llovizna que azota nuestras caras y se convirtió en un buen aguacero.

Debemos soportar un poco más el peso gris del cielo nublado sobre nuestras cabezas y derrumbar las enormes piedras del borde del camino, los castillos feudales con torres almenadas y extrañas caras de mirar turbador, y los monstruos fabulosos que custodian el sitio y nos lastiman; liberar nuestras penas en piedras y ofrecerlas a la Pachamama.

«Un raid tiene dos puntas. El punto donde se empieza y el punto donde se acaba; si tu intención es hacer coincidir el segundo punto teórico con el real no repares en los medios (como el raid es un espacio virtual que acaba donde acaba, hay tantos medios como posibilidades de que se termine, es decir, los medios son infinitos).»

 

FUENTE:
Diarios de Motocicleta