Por toda America, las estatuas de las colonialistas europeos están cayendo, más recientemente en Colombia y Canadá, mientras tanto, llenos de indignación, los españoles e ingleses lloran por sus monumentos derribados, se lamentan las riquezas que perdieron, pero olvidan el genocidio, el saqueo y la destrucción.

La historia eurocentrista considera «héroes» a Cristóbal Colón, la Reina Isabel, Cortés, Pizarro y la británica Reina Victoria, sin embargo, estos personajes son responsables de una atrocidad peor que todas las guerras mundiales juntas.

Las epidemias y las acciones violentas desencadenadas después de la llegada de los españoles provocaron la muerte, en sólo 100 años, de aproximadamente el 90% de la población nativa, es decir, unos 55,8 millones de personas en América.

Cristóbal Colón y su grupo de «descubridores» exterminaron a los nativos caribeños: los tainos y caribes, fueron asesinados casi por gusto, a sangre fría, cuando no se los comían, los hacían esclavos y pedían su ayuda, para luego tirarlos por la borda de sus naves en alta mar.

En toda América los españoles dejaron desolación y muerte a su paso, pues después de apropiarse de las riquezas, arrasaban las poblaciones y torturaban a los caciques con la idea de descubrir los ’tesoros escondidos’ en los reinos «conquistados».

La táctica de asesinar en ceremonias a los caciques la repitieron con Moctezuma y Atahualpa, la «conquista» del occidente de México, por el más cruel de los jefes españoles, Nuño de Guzmán comenzó de manera trágica: con el tormento y la muerte atroz del rey Calzontzin, uno de los más poderosos señores tarascos  y quien había recibido muy bien a los españoles. La codicia de oro de Guzmán precipitó el fin de Calzontzin, lo que causó gran escándalo en la Nueva España y en Europa.

En Australia, antes de la colonización británica de Tasmania se estimaba que existían entre 3.000 y 15.000 tasmanios, esta población sufrió una drástica disminución en el número en tres décadas, de modo que en 1835 sólo sobrevivieron unos 400 aborígenes de Tasmania, la mayoría de estos vivieron encarcelados en campos de concentración donde todos menos 47 murieron en los siguientes 12 años.

Además de las masacres, los ingleses trajeron enfermedades que causaron un colapso demográfico, para 1830, la enfermedad había matado a la mayoría de los tasmanios, pero la guerra y la violencia fueron aún más devastadoras.

En la historia del colonialismo, la aniquilación de los nativos de América se considera un genocidio disfrazado de evangelización, esto  se repite indefinidamente, más recientemente con los descubrimientos de cientos de tumbas de niños indígenas en Canadá.

Durante décadas, miles de niños fueron apartados de sus familias e internados en colegios residenciales, donde debían aprender las tradiciones de los colonialistas europeos para olvidar su propia  cultura, enfrentándose además a la violencia, para luego morir en estos campos de concentración.

Este tipo de escuelas se crearon en los siglos XIX y XX para asimilar de forma forzosa a los jóvenes aborígenes, y estaban financiadas por el Estado y gestionadas por organizaciones religiosas. El impacto causado en Canadá por las recientes investigaciones y hallazgos de cadáveres ha llevado al primer ministro del país, Justin Trudeau, a exigir a la Iglesia Católica que «asuma su responsabilidad».

Canadá es un país evolucionado, por la manera como ha respondido a la forma como miles de niños indígenas fueron víctimas de abuso emocional y físico hasta la muerte en estas residencias escolares. Fueron mal alimentados, avergonzados y golpeados por hablar sus lenguas y despojados de su cultura, tradiciones e identidad; lo mismo hicieron los españoles, pero este acto aberrante es considerado heroico y le llaman evangelización.

 

FUENTE:
Hugh Thomas
La Vanguardia