En el mundo antiguo la vida era concebida como el ciclo sagrado de un teatro perpetuo, que sucedía sin interrupción durante todo el año. Las fiestas religiosas se extendían dos a tres días, incluso semanas o veintenas. Todos eran actores en diferentes escenarios. 

La vida de los hombres estaba conectada con la de los Dioses y esta a su vez con el reloj de la naturaleza; los hombres antiguos eran sabios en detectar los cambios sustanciales del tiempo que brindaban mensajes del futuro o del pasado; estos se repiten todo el tiempo.

Los ayunos, las plegarias, comidas, danzas, cantos, mascaras, pinturas faciales, plumajes, ritos y magia, ceremonias oscuras y lucidas, sacrificios humanos, augurios, astros, montes, lagos y lagos, animales e insectos, flores e inciensos, tienen un doble sentido.

El mundo de los símbolos es tan real, tan cierto como la misma vida, saber leerlos requiere maestría, pues son duales, bipolares y complementarios, no pueden existir el uno sin el otro, encajan perfectamente. Todo es un signo, un signo complicado, terrífico e irrevocable.

En los signos y símbolos se refleja toda la vida del hombre, su pensamiento, su visión del mundo. Cada color significa algo, cada corte de pelo, sus ropas, las pinturas que usan, las gesticulaciones, la forma de hablar, las miradas, el habla, la forma de caminar.

Nada existe por existir simplemente, todo sirve a algo, aquel algo invisible que se sostiene gracias a la vida.

La vida es un espectáculo mágico, tiene su ritmo invariable, regido por leyes no escritas, siempre e irrevocablemente desemboca en la muerte. Aunque no lo puedas entender o te sea difícil de asimilar, tu vida por si misma no vale nada, eres parte de un todo que comulga con el paso del tiempo y se recicla para volverse a formar.

El hombre juega un papel insignificante en la existencia del Universo, es parte de un orden perimetral absoluto que no puede controlar, un orden que se rige por leyes perpetuas. Los dioses, todos, son encarnaciones de las fuerzas de la naturaleza, un fractal que proyecta las pasiones y motivos de entes culturales en un momento determinado.

Los Dioses representan los valores que anhela la sociedad para su subsistencia; estos pueden ser razonables, bondadosos y / o crueles, inexorables y / o despiadados. El hombre y la mujer se limitan a adorarlos y ofrecerles su propia sangre y corazón. Tus pasiones se proyectan en la tragedia de tu vida, tu y tus dioses son todo lo que adoras en la realidad que has construido.

 

FUENTE:
MAESTRO MIGUEL LEON – PORTILLA
LA PALABRA Y EL HOMBRE
VIDA Y MUERTE DEL TEATRO NÁHUATL