La verdad es de pocos, el engaño es de muchos y vulgar

La historia está repleta de embusteros profesionales, camaleones sedientos de poder y reconocimiento que, para sobresalir, se visten de virtudes para lograr sus objetivos, todos ellos han logrado su grandeza gracias al desprestigio que les han dado sus enemigos y es que la alabanza es más peligrosa que el odio, porque cubre las manchas que el otro muestra.

La crueldad forma parte de la naturaleza humana y se manifiesta con intensa vibración en la vida pública; lo mismo en las épocas pretéritas que en la nuestra, lo mismo en Mesoamérica y en Europa, donde se ajusticiaba con el escrutinio público de la crueldad, siendo esta característica permanente de la raza; para los receptores de ella, lo trágico es lo cotidiano mientras que la crueldad humana rinde culto a la violencia y se satisface de ella.

Y es que nadie perdona, porque el orgullo herido no se cree satisfecho sino con la sangre del ofensor, máxime si quien ofende a los valores y creencias del pueblo; los sangrientos desenlaces satisfacen las exigencias de un público sediento de venganza.

Los cues (o piramides) eran edificios – templos ceremoniales, presentes en toda Mesoamérica, su función principal era demostrar poder por medio la crueldad, las víctimas mortales eran amordazadas, insultadas, torturadas, mutiladas, para luego ser sacrificadas ante un público sediento de sangre, la moral cristiana suprimió dichas prácticas para enaltecer la bondad y las virtudes.

Los Reyes Católicos fundaron la Santa Inquisición para hacer de ésta el órgano represor del estado, se hizo de la intransigencia religiosa una virtud y el catolicismo fué considerado factor de patria para el Imperio Español; y es que antes de la fiesta nacional de los toros, hubo la fiesta nacional de los autos de fe.

Los espectadores no sólo gozaban con el dolor de sus semejantes sino que lo agravaron con insultos, pedradas y estocadas a los que iban a morir. Los mismos clérigos que están cerca de los reos para consolarlos en el último trance, se complacían en hacerlos sufrir más, de esa forma murió Atahualpa, que  fue tomado preso y torturadoPara salvarse ofreció un cuarto lleno de plata y otro de oro «hasta donde alcanzara su mano», siendo esto insuficiente, Atahualpa fue ajusticiado,  el último soberano que existió del Imperio inca

Las masas se deleitan con el sufrimiento ajeno, ni el Coliseo se presenciaron mayores crueldades, como las que el vulgo suele entretener la miseria, sus horas de hambre, (que era pavorosa) con el espectáculo gratuito de los autos de fe en la España y América del Siglo XVII.

El 30 de junio de 1680, por ejemplo, se celebró en la Plaza Mayor de Madrid un auto con numerosas víctimas; duró desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche. Al día siguiente por la noche quemaron a 18 condenados a la hoguera. Un francés, embajador de Luis XIV, el marqués de Villars, aunque militar y de país de harta intolerancia religiosa, deja horrorizado relato de aquella carnicera escena. Fueron quemados, dijo:

»Sobre un terreno elevado fue donde aquellos miserables, antes de ser ejecutados, hubieron de sufrir miles de tormentos; hasta los monjes que los asistían los quemaban poco a poco con antorchas… Varias personas que estaban subidas sobre el terreno les daban estocadas y el pueblo los apedreaba..»

Y recuérdese que la barbarie feroz de la Inquisición española duró siglos y siglos, desde los Reyes Católicos en el siglo XV hasta Fernando VII, en pleno siglo XIX. En América la abolió la Revolución de independencia. Cientos de miles de personas ha condenado la Santa Inquisición, sin embargo en Latinoamérica las acciones punitivas continuaron, especialmente a los opresores, recuérdese la decapitación y fusilamiento de los héroes nacionales, víctimas perpetuas de la floreciente rebeldía que sucumbe a la lucha por el poder.

En sentido opuesto a la crueldad, surge como resultado la victoria del martirio, pues la mala voluntad derriba montañas de dificultades que nadie podría enfrentar en otros casos. Muchos han logrado su grandeza por sus ajusticiadores. La crueldad es un espejo más fiel que el de la buena voluntad y siempre quitara o mejorará las fallas y defectos que ella ataca. La victoria del mártir nace cuando la rivalidad y la mala voluntad.