Carlos Salinas de Gortari fue el primer presidente mexicano con título de economista, había realizado estudios de posgrado en Harvard y fue educado con las doctrinas neoliberales, (en boga durante los ochentas ) y que fueron la excusa perfecta desmantelar la Unión Soviética, que vio nacer una casta de multimillonarios, cuando los miembros del partido comunista privatizaron los bienes del estado para apropiarselos; algo similar sucedería en México.

Salinas tenía clara la idea de desmantelar el robusto aparato estatal con la intención de hacerlo más eficiente y dejar que las fuerzas del mercado gobernaran a un país que durante todo un siglo había sido arreado por el tutelaje de un partido único, donde el presidente de la República gobernaba como un emperador sobre sus súbditos; y es que históricamente la doctrina del Tlatoani, el Virrey o el Dictador es la única forma de gobierno que parece ser eficiente en México.

Los Estados Unidos han sido desde su fundación, cuna de hombres libres, la mínima regulación del estado ha hecho que las empresas privadas se desarrollen por medio de la innovación y que sean las necesidades del mercado las que gobiernen al gobierno, el sueño de Salinas de desaparecer la dictadura perfecta, era en realidad formar su propio partido, Solidaridad y perpetuarse en el poder con las privatizaciones a sus allegados.

Un plan secreto, estaba ya en marcha, el Secretario de Hacienda Pedro Aspe renegocio la deuda externa, se redujeron las tasas de interés gracias al ingreso de nuevas inversiones, se vendieron empresas paraestatales y se clausuraron aquellas que no eran capaces de sobrevivir; las nuevas regulaciones favorecieron las importaciones y la economía se reactivó, se construyeron modernos centros financieros, residenciales y comerciales, así como aeropuertos internacionales en el interior de la República.

El país comenzó una vertiginosa modernización en la última década del Siglo XX, la promesa de llegar al Primer Mundo de la mano del neoliberalismo requirió un plan que incluía la participación de los mexicanos en el desarrollo de sus comunidades, con apoyo del gobierno federal, la iniciativa privada y las inversiones extranjeras. La Ciudad de México se engalanó con nuevos centros comerciales y desarrollos residenciales de primer mundo como Santa Fe e Interlomas, el primer mundo tomaba forma.

El 6 de Septiembre de 1991 se inauguró el Auditorio Nacional, un teatro ultra moderno que buscaba competir con los mejores del mundo; los mexicanos deslumbrados por el brillo de las estrellas, creyeron estar en el primer mundo, pues empezaban a probar sus mieles, de tal forma que las bajas tasas de interés hizo que millones se endeudaran con préstamos bancarios y tarjetas de crédito, el progreso tan parecía real.

La modernidad y el progreso del Salinismo descansaban sobre un capital dedicado a la especulación, solo una mínima parte se dedicaba a la inversión extranjera, la mesa estaba puesta para la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero para que este fuera verdaderamente eficiente se requirió de una cláusula muy clara (no estipulada oficialmente) acordada tras bambalinas y un plan secreto que daria como resultado, la devaluación del peso mexicano.

Las reformas económicas de Pedro Aspe en un principio fueron muy eficientes, los recursos derivados de las privatizaciones subsanaron los balances del gobierno federal para invertir en obra pública por medio del Programa Nacional de Solidaridad, sin embargo desde la administración de Ronald Reagan, se acordó con emisarios del PRI que era necesario un socio comercial confiable, sometido a los intereses de Estados Unidos, solo un México pobre podría proveer de mano de obra y productos baratos que generasen grandes utilidades a los capitales americanos.

Las instrucciones para comerciar con Estados Unidos y Canadá eran llevar a México hacia una transición democrática y hacer que su fuerza laboral y mercancías fuesen convenientemente asequibles; desde Washington se fraguó la idea de los «tesobonos», una absurda inversion, mala para el gobierno y buena para los especuladores, pues protegía a los inversionistas el pago de sus créditos en dólares y no en pesos.

El 1 de enero de 1993 entró en vigor el ‘nuevo peso‘, el cual le quitaba 3 ceros al anterior, de tal manera que 3 mil pesos equivalían a 3.00 ‘nuevos pesos’, y estos a su vez a un dólar. Si algo costaba 10 dólares, quería decir que eso costaba 30 pesos, 100 dólares eran 300 pesos, mil dólares, tres mil pesos, sin embargo el nuevo peso, era demasiado fuerte (pues valía tres veces menos que el dólar) y no conveniente para comerciar.

Una serie de distractores trataban de ocultar la tormenta que se avecinaba, («el chupacabras», los asesinatos de figuras públicas y políticos, el EZLN), y fueron eficientes para evitar un colapso mayor de la economía, los inversionistas de Wall Street sabían cuando debían sacar sus capitales de Mexico para devaluar al nuevo peso, que era demasiado fuerte para comerciar con América del Norte, Salinas y el gabinete económico lo sabían, pero no quisieron asumir la carga histórica, de tal forma que el 20 de Diciembre de 1994 (en el nuevo gobierno), el nuevo peso sucumbió ante los ataques financieros, derrumbándose y llevando a la quiebra a millones de mexicanos, el plan secreto llamado «Error de Diciembre», había sido todo un éxito.