Basado en la obra de Milan Kundera

El universo se encuentra regido por el caos y la armonía, por la impredecibilidad que se rigen por leyes atemporales, paradigmas desastrosos que conciben múltiples realidades, dos polos contrapuestos que fingen un balance; la universalidad es infinita e incomprensible; a cada acción corresponde una reacción igual y en sentido opuesto. En medio de todo esto se encuentra un fenómeno que llamamos vida, que tarda mucho en dilucidar su existencia (y que la gran mayoría ignora) al menos en el sentido más profundo.

Cada organismo vivo está representado por la inteligencia, la capacidad de dilucidar su realidad de acuerdo a sus sentidos y perspectiva, está comprobada la comunicación que existe entre los insectos, así como las plantas entre ellas y con los insectos (algunas plantas gritan cuando son cortadas), nuestros sentidos son sordos ante los mensajes de la naturaleza, por nuestro ego, nos encerramos en un mundo de ilusiones creado a nuestra conveniencia.

Los seres humanos nos pasamos la vida jugando el juego de nuestros ancestros, si analizaramos a cabalidad nuestra historia en la tierra, encontraríamos más semejanzas que diferencias, somos todos parientes en algún punto del pasado y es que las personas son casi las mismas, enfrentándose con sentidos limitados a problemas muy parecidos (de circunstancias diferentes), muchos causados por ellos mismos.

La sociedad nos invita y obliga a comportarnos de acuerdo a cánones establecidos, el sufrimiento que venimos arrastrando de nuestros antepasados está plagado de una aprendizaje innato, producto de la adaptación al medio, a pesar de las diferencias, las personas se parecen más entre ellas cuando son de una misma familia o estado, asimilan rapidamente su conciencia colectiva.

El mito del eterno retorno, según Nietzsche viene a decir que una vida que desaparece de una vez para siempre, no retorna, que es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella o elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza no significan nada, la vida no tiene sentido preconcebido.

La idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia.

Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada.

Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad. ¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?. La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra.

Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.

Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.

Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecemos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad? Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo. ¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones

El hombre debe actuar como si la historia no fuese sólo un boceto, sino un cuadro terminado. Actuar como si todo lo que hace tuviera que repetirse incontables veces en un eterno retorno y como si estuviera seguro de que nunca dudaría de lo que había hecho. Estaba convencido de que tenía razón y no creía que eso fuera un síntoma de limitación mental, sino un signo de virtud.