William Shakespeare nos presenta en su tragedia Ricardo III, un drama sobre la ambición por el poder. La acción se centra en acontecimientos de los últimos años del reinado de Eduardo IV y los inicios del de Ricardo III. La ambición por el poder es el tema central de la obra, comprendido en dos fases: la coronación y la caída del protagonista, la base de la trama, es la conspiración para alcanzar el poder y como una vez alcanzado este, esas mismas acciones realizadas se vuelven en contra del protagonista. No hay tragedia más cierta y repetible que esta, en este capítulo, el Karma Histórico de Porfirio Díaz y Francisco Madero.

En 1871, una vez restaurada la República, se realizaron elecciones, los candidatos era Porfirio Díaz y Benito Juárez logrando Juárez ser reelegido por decisión del Congreso, posteriormente Sebastián Lerdo de Tejada, se incorporó al gobierno como presidente de la Suprema Corte. Al perder, Díaz no reconoció los resultados y se levantó en armas con el Plan de la Noria, sin exito. El 18 de julio de 1872 murió Juarez y Lerdo, que ocupaba el cargo de presidente de la Suprema Corte, asumió la presidencia en forma interina.

En 1874 Porfirio Díaz ocupaba otra vez un curul en la Cámara de Diputados, el presidente Lerdo, sabía que su sola presencia era un imán de oportunidad para poner trabas al ejecutivo, por lo que le ofreció por medio de otra persona el puesto de Embajador de México en Berlín, pero Díaz rechazó la forma cortés y honrosa de destierro y se retiró a su rancho La Candelaria, cerca de Tuxtepec en Veracruz, donde se gestaba el 10 de Enero de 1876 la el Plan de Tuxtepec.

Irónicamente años después, Francisco I Madero retomaría el espíritu del Plan de Tuxtepec: el sufragio efectivo y la no reelección, el mismo espíritu del plan de la Noria contra la reelección de Juárez. Entre sus principales puntos destaca el no reconocimiento de Lerdo de Tejada como presidente de México, el reconocimiento de los gobiernos de los estados que se adhirieron a dicho plan, etc. el plan se reformó el 21 de marzo de 1876.

Unos meses antes, en diciembre de 1875, al igual como lo hizo Benito Juarez, se embarcó hacia Nueva Orleans junto con un General Tuxtepecano, y había difundido la idea de que iba a los Estados Unidos a colocar a sus hijos en una escuela de Nueva York, aunque a nadie logró engañar, una vez en la Gran Manzana, se reunió con capitalistas estadounidenses, para granjearse su apoyo, estos buscaban un mejor acceso a las oportunidades inversoras en México.

La inestabilidad política en todo el país era generalizada: la frontera entre Tamaulipas y Texas se encontraba azotada por bandoleros forajidos y comanches que delinquen en ambos lados de la frontera; el olvido del estado mexicano hizo que el Departamento de Estado emitiera un extrañamiento ante el surgimiento de la República de la Sierra Madre, conformada por Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila y cuya capital seria Monterrey.

Los primeros días de 1876 llegó a Brownsville, Texas y alquiló una casa, para desde colocar su base militar para tomar el Norte de México, el ejército de Díaz había cruzado el Río Bravo y había tenido encuentros esporádicos con fuerzas federales estadounidenses, tomando algunos caminos; recaudó varios cientos de miles de dólares de donantes particulares, compro armas y municiones para instruir a su ejército, con el que cruzó el río para tomar Reynosa y Matamoros el primero de abril de 1876, mediando escasa resistencia.

México es un apéndice de Estados Unidos, una mina magnífica, pero aun poco desarrollada. Será nuestra India en cuanto a importancia comercial, nuestra Cuba y Brasil en cuanto a productos tropicales, nuestro complemento en características generales, recursos, suministros y demanda, nuestra Italia en cuanto a clima y atractivos, nuestra Troya en antigüedades e historia clásica… Con la terminación de sus caminos ístmicos entre océanos y naciones vendrá a ser el puente del comercio mundial

EDWARD LEE PLUMB

Había un buen número de excelentes razones por las cuales los negociantes norteamericanos, a pesar de la innegable riqueza de los recursos naturales de México, para que hubieran vacilado en fincar intereses en este país, pero la inseguridad de la vida y de la propiedad fue la razón más obvia. Durante el año de 1870, los embajadores y cónsules americanos mandaban informes de las atrocidades que se sucedían casi con monótona regularidad, la expansión de ferrocarril para de la conexión interoceánica en Estados Unidos hizo que pronto miraran hacia el sur, olvidando a Cuba y Brasil, para expandir el comercio con México e importar fruta, café y azúcar.

Yo tendré un verdadero placer en que esos capitalistas (estadounidenses) emprendedores a quien hace usted referencia vengan a invertir una parte de sus riquezas en fomentar aqui empresas industriales, estrechando de ese modo los lazos de fraternidad que deben unir a las repúblicas por la identidad misma de sus instituciones democráticas»

BENITO JUAREZ A ROSECRANS, 1870

A diferencia de Juarez y Lerdo, una vez en el poder, Porfirio Diaz se opuso tajantemente a las inversiones americanas en México, sin embargo pronto se dio cuenta que los débiles capitales mexicanos eran insuficientes para la construcción de ferrocarriles extensos a lo largo del territorio, justo como lo hacía el vecino del norte, pero la inestabilidad social y política, producto de la guerra, minaba la seguridad de los inversionistas y es que el desorden y la bancarrota del país, planteaba muchas dudas a arriesgar dinero en el país. Conocedor y temeroso de los Estados Unidos, Díaz se alió con quien creyera era su principal enemigo (en realidad era su aliado), el Reino Unido, para invertir en infraestructura, décadas mas tarde, recelosos de la exclusividad de los contratos, los capitalistas americanos, vieron en Madero una oportunidad para invertir.

No hay información disponible sobre quienes fueron los empresarios estadounidenses que apoyaron a Porfirio Díaz o qué beneficios obtuvieron a cambio, lo cierto es que durante su estadía en Brownsville, previo a la toma de Matamoros, fue apoyado por un pequeño grupo militares estadounidenses y recibió armas de empresarios locales, para lograr pacificar la frontera; no puede acusarse a Estados Unidos de apoyar a Díaz en el derrocamiento del gobierno de Lerdo, puesto que al Presidente Grant, le pareció que era un usurpador y no reconoció a su gobierno.

El Karma de la Historia se repite macabramente, Francisco I Madero no reconoció los resultados de las Elecciones Federales de 1910 y del mismo modo en que Porfirio Díaz acudió a Nueva York para derrocar a Lerdo en busca de apoyo, Madero acudió con los Rockefeller a la misma ciudad, para derrocar a Díaz, usando en su Plan de San Luis, una frase tomada del Plan de Tuxtepec: «sufragio efectivo, no reeleccion«; y fue desde una ciudad Texana, Brownsville para Díaz y San Antonio para Madero, donde se consiguieron armas y se fraguó el plan para tomar el poder de México.