Cambio Climático en la Antigüedad
El cambio climático originó cambios sociales, caída de civilizaciones, migraciones y guerras.

El paisaje del centro de México es famoso mundialmente y se caracteriza por ser seco, semidesertico, sin embargo esto no siempre fue así, el paisaje actual es producto de cambios climáticos que derivaron el actual, primero cuando los antiguos mesoamericanos modificaron el ecosistema para su sustento y posteriormente durante el periodo virreinal cuando la minería requirió la explotación de grandes áreas boscosas para obtener madera, lo que provocó un proceso de desertificación y la aparición de una vegetación dominada por mezquites, huisaches y nopales, qué es lo que hoy distingue al entorno agreste y tradicional mexicano.

Las antiguas civilizaciones prehispánicas realizaban estudios de astronomia y astrologia para predecir el clima y sus efectos en la producción agrícola. Con la celebración de ciertas fiestas y ceremonias sangrientas de sacrificios humanos, buscaban atraer buenos temporales y tratar de controlar el clima. Para prevenir los efectos de la sequía, en algunos lugares hacían terrazas o chinampas con las que conservaban una mayor humedad en el suelo. El periodo clásico de Mesoamérica se caracteriza por un esplendor social, fruto de la abundancia de lluvias, sin embargo durante Posclásico, hubo mayor movilidad de personas, descentralización y surgimiento de nuevos núcleos sociales, en un periodo caracterizado por la guerra, resultado en gran parte por la sequía. La abundancia forma parte del universo. El hombre se convirtió en un ser antinatural que rompió con ese ciclo armonioso. A partir de él, la abundancia se convierte en escasez.

Un ejemplo muy citado por los historiadores es el caso de las mayas, donde el cambio climático fue uno de los factores para el declive de muchas ciudades estado y aunque no es totalmente responsable de ello, sí se considera que fue el detonante de otros problemas. Los hechos sugieren que la sequía prolongada ayudó a desencadenar la guerra entre los distintos centros políticos, lo que contribuyó a la inestabilidad en la sociedad. Los efectos del cambio climático son cruciales en la desintegración de una civilización. Es una advertencia sobre lo que le puede ocurrir a la sociedad actualidad si no se toma en serio la lucha contra el cambio climático.

Tikal la colonia más próspera de Teotihuacan, fue un importante centro regional durante el Preclásico Medio y Tardío, emergió como una fuerza sociopolítica dominante a raíz de la inestabilidad climática y social de los siglos III y IV d.C. Tikal, Calakmul y otros sitios importantes en el centro de Petén fueron colocados cerca de los humedales estacionales. Las lluvias intensas durante el Clásico Temprano, mantuvieron estos humedales y los sistemas de almacenamiento de agua construidos recargados estacionalmente (reservorios y tanques). Esto ayuda a explicar la creciente influencia geopolítica de organizaciones políticas como Tikal, Calakmul, Caracol y Naranjo. Muchos de los linajes mayas gobernantes mejor registrados se encontraron alrededor de 440 a 500 E.C. durante este intervalo de precipitaciones anormalmente altas.

La primera evidencia de fragmentación política ocurrió en la región de Petexbatun entre 760 y 800 E.C, el estado geopolítico de los mayas era dinámico, estaba centrado en la rivalidad de estatus, la guerra y las alianzas estratégicas. El aumento de la guerra es más evidente en el registro histórico entre los años 780 y 800 porque el poder político se descentraliza cuando la institución del reino divino colapsó entre 780 y 900 EC. originando que en los alrededores las ciudades fueran abandonadas. Los centros de importancia política se trasladaron a tierras fértiles, al norte de la península de Yucatán a medida que se encargaban con menos frecuencia monumentos de piedra tallada en el Petén central. La tradición terminó en Chichén Itzá en algún momento entre el 1000 y el 1100 a. C. durante el intervalo más largo y más prolongado de los últimos 2000 años.

Los nuevos asentamientos humanos influyeron también en la variabilidad climática, los complejos procesos socio-naturales asociados con la dinámica política maya durante los últimos 2000 años. Los aumentos de población y la expansión de los sistemas políticos mayas clásicos se vieron favorecidos por las lluvias anormalmente altas y el aumento de la productividad agrícola entre el 440 y el 660 d.C. Las poblaciones mayas de alta densidad eran cada vez más susceptibles a las consecuencias agrícolas de la sequía. El comienzo del colapso tuvo dos etapas, con la primera sequía de 660 D.C., que desencadenó la balcanización de las organizaciones políticas, el aumentó la guerra y fomentó la desestabilización sociopolítica en general.

La desintegración política en la región de Petexbatun presagia dos intervalos de varias décadas, que redujeron aún más los campos agrícolas y provocaron una desintegración política más generalizada entre 800 y 900 d.C. La relación entre la sequía prolongada del siglo XVI, las malas cosechas, la muerte, la hambruna y la inmigración hacia lo que hoy es México proporciona un análogo histórico para la situación sociopolítica actual. El cambio climático y los cambios sociales que trajeron explica el estancamiento cultural y rezago social durante el Período Clásico.

En su gran mayoría, el territorio mexicano emulaba al de Norte America, un paisaje boscoso flanqueado por serranías y ricos valles frondosos, los antiguos mesoamericanos talaron los bosques circundantes de sus ciudades estado durante siglos, para crear tierras de cultivo de maíz, calabaza, amaranto, tomatillo, frijol y chile; Los edificios eran adornados con una base de estuco (hecho a base de cal) que generalmente era pintado de rojo. Además la madera fue usada como combustible, embalaje, herramienta y sustento. Sin embargo, cuando los bosques son talados, se evapotranspira una cantidad menor de humedad en la atmósfera, lo que trae como consecuencia una menor formación de nubes de lluvia. La precipitación disminuye y el área queda expuesta a la sequía. Si la precipitación cesa, dentro de pocos años el área puede volverse árida, debido a los severos rayos solares que penetran en la maleza. 

Las lluvias explican el auge y caída de las civilizaciones, desde las incógnitas ciudades de Guanajuato, pasando por Teotihuacan, las gloriosas ciudades Mayas y culminando con México-Tenochtitlan; hambre, migración y muerte eran el resultado de los periodos de ausencia de lluvias, que alteraba no sólo la actividad agrícola sino la vida misma de las comunidades. Aun cuando no se conocen con exactitud las fechas en que ocurrieron, se sabe de la existencia de periodos de sequía en el México antiguo. Se tiene conocimiento de una severa sequía ocurrida en 1450: «En esos años llovía fuego, se perdían las cosechas y bajaba el nivel de la laguna».

Generalmente se acepta que Hernán Cortés tomó Tenochtitlán, sin embargo esto no hubiera sido posible por la severa sequía que azotó México en 1521 y por el rencor originado por las numerosas guerras buscadoras de tributo para el sustento de la metrópoli, a pesar de esto, el mundo prehispánico permaneció vivo. Se tienen registro un total de 75 períodos de sequía entre 1521 y 1821, paralelamente la gran sequía que acompañó el final del virreinato de Nueva España, por el aumento de la producción colonial de las Reformas Borbónicas, que condujo a la independencia del Imperio Español.

Es imposible atribuir todos los cambios sociales al cambio climático, sin embargo siempre que este se presenta, grandes cambios suceden; las hambrunas han sido verdaderas pandemias de muerte a lo largo de la historia, se estima que entre 1725 y 1727 perecieron de hambre más de 17 mil personas en Yucatán a causa de las malas cosechas por la falta de lluvias. Se sabe también de prolongadas sequías en el Bajío y en Coahuila, que llegaban a durar hasta cinco y siete años. Los alimentos escaseaban y, por tanto, su precio aumentaba. La falta de alimentos era la causa de epidemias entre la población.

Al cambio climático le siguió la sequía, luego trajo pestes y crisis económica, la presencia de mendigos y desempleados se multiplicaban en las principales ciudades de la Nueva España. Una sequía en particular se ha caracterizado como la más grave del periodo colonial: la ocurrida entre 1785 y 1786, que abarcó casi todo el territorio novohispano. Fue la más grave crisis agrícola experimentada por los pobladores de la Nueva España. A partir de ella se desató una espiral inflacionaria que duraría veinte años. Estos sucesos aunados a los descontentos sociales y a los problemas políticos que existían en la Nueva España y en Madrid, fueron factores detonantes en el estallido de la guerra de Independencia en los primeros años del siglo XIX.