LES LLAMARON INDIOS, PUES VIVÍAN EN LAS INDIAS OCCIDENTALES..

La psicología burguesa y terrateniente que imperó durante todo el Virreinato y gran parte del México independiente cita lo siguiente: «El indio será siempre igual: solapado, hipocrita, flojo y sin aspiraciones». La sumisión ante el sufrimiento y el carácter de esclavo tiene raíces muy profundas en la cultura del mexicano. Los azotes y demás torturas sufridas y el desprecio y antipatía del soberbio y petulante burgués que ha tenido muchas caras a lo largo de la historia, se perpetúa por la incapacidad del indio de rebelarse ante la tiranía, más por la pereza que por la la costumbre.

Se ha hablado con mucha frecuencia en los últimos tiempos de la libertad del indio y de su esclavitud. Los terratenientes y los burgueses niegan que haya existido tal esclavitud durante el virreinato, numerosos textos refieren a los indios como «hombres libres»; la leyenda rosa española cita hasta el cansancio la promulgación de los derechos de los indios, en un tratado donde se les otorga la calidad de seres dotados de alma, debilidad y mansedumbre. A partir de la independencia, muchos historiadores aseguran que el trabajador indígena era tratado “fraternalmente» en las fincas de campo, por los herederos del neofeudalismo.

Los indios eran en su gran mayoría supersticiosos, hijos de la chamanería y lo paranormal, en materia de brujerías creían a pie de juntillas en los maleficios, sin embargo estos no fueron suficientes para castigar a sus opresores. El alcoholismo fue una válvula de escape al estrés de la esclavitud infringida, especialmente durante el día del carnaval, que se celebraba una vez al año. Uno de las primeras sublevaciones fue la de los indios Tepehuanes en 1616 , sublevación originada por los despojos de sus tierras, no deseaban tener amos, sino labrar sus tierras.

Los sufrimientos de los indios se fueron transmitiendo a sus sucesores y el despojo continuado de sus tierras, donde eran esclavizados a cambio de deudas en las tiendas de raya, eso sin mencionar las, torturas e injurias, los azotes y la total sumisión de las parejas y familias del trabajador hacia el hacendado, llenaron de odio y desesperación a los mexicanos, siendo un caldo de cultivo perfecto para el reclutamiento de soldados que buscaban derrocar la opresión. Los caudillos, los jefes más sinceros del movimiento revolucionario acudían a los distritos rurales, a los ranchos incrustados en las sierras y recogían revolucionarios que brotaban.

La historia se repite sucesivamente, eternamente el indio fue explotado, vejado, embrutecido y a ratos acariciado, desarrollándose muchas veces fuera de la civilización, involucionando y arrastrando su miseria. Los españoles les trataron con benevolencia luego de azotarles y aunque mucho se habla del mestizaje, siempre les consideraron seres inferiores, en muchas crónicas se les compara con los simios, seres antropoides de manos largas, cráneos pequeños hundidos en los hombres y narices achatadas, aunque lo que mas les intrigaba era su mirada turbia y recelosa; y es que los indios valían menos que los animales, como caballos y bueyes, esto por su escasez.

Los indios eran vejados, a principios de la conquista fueron repartidos y separados en Repúblicas de Indios, administradas por encomenderos, dormían hacinados en el suelo sin metate, caían muertos de cansancio por el arduo trabajo y luego eran despertados en la madrugada para causarles un terror psicológico, comían de lo que cosechaban, pero solo la comida en mal estado. El trabajo era en medio del aguacero, las heladas y el calor del sol, eran azotados con varas y marcados como animales.

Cuando los Estados Unidos despojaron a México de sus territorios del norte, lo primero que hicieron fue establecer un marco jurídico, la construcción de imponentes Courthouses, palacios de justicia imponentes que daban a los nuevos residentes la garantía de la presidencia del aparato del estado y la constitución. Durante el México Independiente, (y hasta nuestros días), uno de los más graves problemas que afecta a la República, es sin duda el de la Justicia, a esta preocupación obedece el esfuerzo de los revolucionarios de 1910 que trataron de crear nuevas formas y normas en la administración de justicia.

Durante el Porfiriato se heredaron y solaparon las prácticas de explotación laboral que prevalecieron en todo el mundo, la idea de los derechos laborales, fue un concepto vanguardista originado del texto de un burgués, Carlos Marx, sin embargo dicha ideología no había llegado a México, al menos no se conocía por el grueso de la población analfabeta, sin embargo el hartazgo estaba llegando a sus límites, es parte de la naturaleza humana rebelarse ante la tiranía.

Dentro de esta historia se encuentran las mujeres, que siempre habían sido relegadas al segundo término, valiendo poco menos que un hombre y teniendo estos menor valor que un animal (los indios) , la mujer siempre fue relegada a las «labores mujeriles», tejer, bordar, cocinar y criar hijos. Aunque muchas veces, al igual que los niños, hacían las labores de los hombres, en mayor medida estaban sometidas a los designios del cacique.

Durante el virreinato, las autoridades se preocupaban muy poco por la educación de los indios, ya que éstos disfrutaban tranquilamente de su ignorancia. Ni siquiera la Iglesia, defensora de principios de igualdad y promulgadora de preceptos comunes para todos, pretendió que la fraternidad cristiana fuese más allá de la igualdad ante el juicio divino y de la aplicación de los mismos mandamientos a los miembros de todos los estratos de la sociedad.

Durante la revolución, las mujeres necesitaban al ejército para sobrevivir, debido a los desplazamientos y crisis tanto alimenticias como económicas que habían azotado al país, la lucha armada se presentaba como la única opción para obtener alimentos, seguridad e incluso (en caso de triunfo) la oportunidad de ejercer sus derechos. Las mujeres soldado, al igual que los hombres, arriesgaron su vida.

Muchas mujeres vieron como atacaban a sus familias por lo que decidieron unirse a la lucha armada simplemente por seguridad, se sentían más seguras si estaban armadas en un campo de batalla que en sus casas propensas a ser víctimas de la violencia de los grupos revolucionarios. Otras mujeres decidieron unirse a la lucha porque sus familiares, ya sean esposos, hermanos o padres, eran soldados u oficiales. Cuando sus familiares morían ellas tomaban sus cargos.

Los indios, las indias, los hombres, las mujeres, fueron denigrados, olvidados, explotados y relegados durante siglos, cuando estalló la revolución, las mujeres fueron quienes encendieron la antorcha y daban el combustible a los hombres para luchar e incluso ellas también lo hacían, a pesar de esto, la Revolución Mexicana poco alcanzó con los objetivos propuestos, si es que alguna vez los tuvo, por ende no es justificable el derramamiento de sangre; tal parece que solo hemos luchado por el poder político, como lo hicieron Juarez, Santa Anna, Díaz y los de ahora, sin embargo algo se ha ganado y la revolución social está en marcha hoy más que nunca.