Todas las cosas derechas mienten, (murmuró con desprecio)
Toda verdad es curva, el tiempo mismo es un círculo

El Calendario Azteca fue descubierto el 17 de Diciembre de 1790, mientras se realizaban obras urbanas en la capital de Nueva España, desde entonces ha sido catalogado como un calendario, sin embargo, nunca lo fue, la Piedra del Sol, es una representación solar con Tonatiuh en el centro, en esta piedra se representan los ciclos por los que los mexicans habían pasado. Su función era una piedra para el sacrificio gladiatorio y los colores que prevalecían eran el rojo y el amarillo, era el Dios Sol, alabado en todos los pueblos.

En la civilización contemporánea, la existencia de tiempo se deduce de manera indirecta a partir de las variaciones perceptibles en los acontecimientos observados en el espacio. Estos pueden ser el movimiento constante de las manecillas de un reloj que nos marca segundos, minutos y horas, el recorrido del sol por el cielo con el que dividimos un día en sus segmentos (mañana, mediodía y tarde), el cambio de día y noche, las estaciones del año, los ciclos de flora y fauna, la secuencia de nacimiento, vida y muerte o el registro de los días agrupados en semanas, meses y años mediante una cuenta sistematizada o calendario.

Sin embargo, las antiguas cosmologías predicaban la doctrina del gran año, la repetición de las cosas individuales, los ciclos de la tierra eran asociados con los ciclos del tiempo y el tiempo era considerado circular, pues creían que los acontecimientos se repiten en una serie de ciclos numéricos que encajan entre ellos y dan lugar a otros ciclos mayores de tiempo y espacio.

En la perspectiva de las civilizaciones mesoamericanas, el pasado, presente y futuro son una misma cosa, por lo que hablan de historia y predicen el futuro en la convicción de que esos ciclos astronómicos se repiten en ciclos idénticos de duración y de características. Para la mentalidad moderna es difícil discernir esta forma de considerar el tiempo, por lo que da lugar a diversas interpretaciones. Mientras que para la civilización contemporánea el tiempo es lineal, para los mesoamericanos la repetición dominaba la linealidad. El calendario actual, es la mezcla de diferentes calendarios, teniendo sus orígenes en Mesopotamia, sin embargo el resultado es una medida del tiempo impar, los mesoamericanos empataron su calendario en ciclos regulares y pares.

Las culturas precolombinas tenían la noción de que los acontecimientos específicos o las series de eventos recurrentes son el resultado de una repetición de estos mismos eventos después del transcurso de una determinada secuencia de sucesos. Este pensar en ciclos en que los acontecimientos tienen un orden inalterable, parte de la permanencia e inmutabilidad de los eventos en sí. Una vez establecido un hecho, éste se repite periódicamente dentro de una secuencia infinita de ciclos consecutivos. Nada se crea y nada se pierde, los cambios son más bien concebidos como manifestaciones de estos ciclos en que los acontecimientos se hacen, deshacen y rehacen de forma perpetua

Para los mesoamericanos, los libros sagrados eran simultáneamente libros de historia y de predicción del futuro porque, bajo su perspectiva, pasado, presente y porvenir se encuentran en una misma dimensión; además dividieron el tiempo en eras y proporcionaron cálculos precisos de los movimientos de la Tierra y con instrumentos rudimentarios, lograron conocer y predecir los movimientos estelares y así construyeron sus ciudades, sincronizadas con el tiempo, alineadas con los astros.

Al igual que las culturas de Mesoamérica, en China se sigue un calendario milenario cíclico representado por animales, estos dictan augurios justo como lo hacían los antiguos mexicanos; en las predicciones mayas, por ejemplo se tienen en cuenta el periodo de veinte años anteriores al “Sexto Sol” (la Era Maya pertenece al “Quinto Sol”), ciclo que denominan «katum», que significa ‘el tiempo del no tiempo’, que vendría a ser un periodo de transición caracterizado por profundos cambios cósmicos, telúricos e históricos.

En el Eterno Retorno no encontramos el concepto de una historia basada en la singularidad de los acontecimientos ya que un ciclo carece de un punto de referencia que permite identificar el comienzo de los sucesos en el pasado, su desarrollo en el presente y su fin en el futuro. En las culturas con pensamiento cíclico, la «historia de los acontecimientos», implica siempre el estar después de un suceso y a la vez encontrarse nuevamente frente a él y esto la ciencia lo ha demostrado, pues al suponer que el número de átomos y la cantidad de energía que forman el mundo son finitos y al ser el tiempo infinito, sólo son posibles un número determinado de combinaciones, por lo que el estado actual debe repetirse infinitas veces.

Las culturas mesoamericanas tenían una noción de tiempo cíclico, es decir su religión era inmanentemente cosmológica, que es diferente a una religión de carácter transcendental, como la cristiana, donde el tiempo es lineal y todo acontecimiento está ligado a la fe, (la cual no es inteligible y para ella no hay evidencia tangible o intangible más allá de esa misma fe). En una religión cosmológica todo acontecimiento está ligado a una causa tangible cuya relación causa-efecto es entendible y explicable con base en las observaciones del entorno natural y social. Cada fenómeno tiene un correlativo correspondiente en el mundo.

La variable más importante que permite identificar la religión en culturas cosmológicas es la creencia en la existencia de seres sobrehumanos o dioses que corresponden a cada fenómeno natural, cultural y social en el mundo y a los que se les rinde culto, por lo que resulta oportuno hablar de una cultura politeísta, más que de una religión politeísta. La importancia del tiempo y de sus dioses se hace evidente en las ceremonias y fiestas que los mayas prehispánicos realizaban en su honor a lo largo de un año.

El calendario de Mesoamérica era uno solo y tiene sus orígenes en la cultura olmeca, los teotihuacanos y mayas extendieron su uso, la medición del tiempo estaba basado en una veintena y cada una de estas se dividía en cuatro puntos cardinales, de tal forma que los dias se describen en base a la energía de la que emanaba; dicho oráculo no era un dispositivo para medir el tiempo, más bien se trataba de un ritual mántico plasmado en el tiempo que le permitía al politeísta mesoamericano el contacto con los dioses en cada uno de los días de un año para llegar a saber e influir sus cualidades con el objetivo de garantizar el bienestar de sus semejantes.

«Todas las cosas derechas mienten, murmuró con desprecio el enano. Toda verdad es curva, el tiempo mismo es un círculo», ya que dicha circularidad, sin más, implica el hastío y la parálisis, en la medida en que tiende a la plena determinación (ya que todo cuanto sucede debe volver a suceder»

Enano de Zaratustra

Hay que reivindicar la destrucción del sentido trascendente del tiempo lineal de la cultura occidental, a un tiempo orientado hacia un fin que trasciende cada uno de sus momentos. Esto supone la destrucción de la oposición habitual entre pasado y futuro: el instante no es un simple tránsito desde un pasado hacia el futuro, sino que en él mismo se muestra el tiempo eterno. No debemos aceptar la mera concepción cíclica del tiempo, que todavía se basa en categorías de análisis tomadas del transcurso temporal fragmentador, ya que dicha circularidad, sin más, implica el hastío y la parálisis, en la medida en que tiende a la plena determinación, ya que todo cuanto sucede debe volver a suceder.

El eterno retorno es el fin de toda finalidad trascendente, tanto de un fin en sentido escatológico, como el predicado por las religiones que hablan de un juicio final, como del fin de una conflagración universal al final del ciclo del gran año. La liberación tanto de lo opresivo de un tiempo, como la de la opresión del tiempo circular que produce hastío y afrontar valientemente la realidad. La repetición de lo mismo, si es realmente de lo mismo es lo equivalente a afirmar que no se repite, pues en la repetición lo mismo no sería lo mismo, esto significa que cada instante es único, pero eterno, ya que en él se encuentra todo el sentido de la existencia.

El Eterno Retorno, como filosofia de vida, no es una doctrina descriptiva, sino prescriptiva, esta debe instituirse por medio de una decisión humana para que realmente cada momento posea todo su sentido. Adoptar la visión de los antiguos mexicanos, nos hara entender que cada instante se repetira indefinidamente a lo largo de nuestras vidas, hasta que sigamos el ciclo (por medio del entendimiento) para ingresar en otro, hasta regresar al inicio y es que el resentimiento contra la vida nace de la incapacidad de asumirla plenamente, y asumirla plenamente es aceptar que todo lo que fue, fue porque así lo hemos querido, es decir, querer el eterno retorno.