and much more than this
I did it my way
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Donald John Trump nacido en Nueva York en 1944, en una burbuja de aventura, ambición, codicia y glamour, hijo de Fred Trump, un magnate neoyorquino de bienes raíces y Mary MacLeod una sirvienta escocesa y nieto de un alemán, Frederick Trump, un aventurero que emigró a los Estados Unidos, huyendo de la miseria en su juventud y logró grandes hazañas, encontrando la fortuna, justo como su nuera, que también era de orígenes muy humildes y emigró con tan solo $50 dólares en la bolsa.

La vida de Donald estaría centrada en Nueva York, la capital del mundo, sede de su negocio inmobiliario y semillero de fortuna de su madre y abuelo. Friedrich Trumpf quien había emigrado para buscar fortuna siendo aún menor de edad, empezando a trabajar como barbero, para luego emigrar a la costa Oeste donde cambio su apellido a Frederick Trump, al convertirse en estadounidense. Vislumbro la oportunidad en los inmigrantes y abrió restaurantes y pequeños hoteles para atenderles, nunca trabajó en las minas sino que prestaba servicios a quienes lo hacían, por eso se mudaba a los sitios donde ellos estaban.

Mary MacLeod era una mujer muy inteligente y ambiciosa, que como sirvienta fue muy eficiente y como madre una ama de casa muy tradicional que tenía plena conciencia del mundo que estaba más allá de ella, ademas, estaba totalmente cautivada por la pompa y circunstancia, por toda esa idea de la realeza y el glamour, era una mujer realmente competitiva y empezó a trabajar como doncella de la viuda de Andrew Carnegie. Al cabo de poco tiempo, conoció en un baile a Fred Trump, un prometedor constructor y se casaron en enero de 1936.

El abuelo de Donald había sido deportado de Alemania y al regresar a Estados Unidos comenzó a comprar terrenos y pequeñas propiedades en Queens, una zona de la ciudad que rápidamente se urbanizaría en los años siguientes y que sería la semilla del futuro imperio inmobiliario, su hijo Fred continuará su legado construyendo casas y aprovechándose del presupuesto federal destinado a los hogares. El empresario aprovechaba el financiamiento del gobierno para construir proyectos habitacionales, los hacía por un valor inferior al del subsidio y se embolsaba el dinero que sobraba.

Fred Trump era muy codicioso y avaro, haciendo uso de los vacíos legales, hizo una fortuna, apoyándose de buenos abogados, que siempre encontraban escollos legaloides para estafar, con su familia era un hombre frío, atormentado por el dinero y severo con sus hijos, tenía muy altas expectativas para su primogénito Fred III, que derivado de sus presiones, se refugió en el alcohol, caso contrario de Donald que la falta del afecto de su padre, hizo que se refugiara en el amor al dinero y la ambición.

El desafío de hacer crecer el negocio familiar fue tomado por Donald, que amplió el tipo de grupo inmobiliario incluyendo hoteles, rascacielos, casinos, compañías aéreas y campos de golf. Para lograrlo, debía de dejar la periferia para estar en el centro del mundo, a los ojos de todos, Manhattan, se veía como la meca de los sueños realizados de su abuelo, la Torre Trump se gestó como el proyecto bandera de su imparable ascenso.

La carrera presidencial de Donald Trump inició en los inicios de la década de los ochenta, poco después de la inauguración de la Torre Trump en Manhattan, un edificio ultra moderno localizado en el corazón de Nueva York. Los ochentas fueron la década del posmodernismo, que se reflejaba en la arquitectura con el modelo High Tech y High Slik y el uso generalizado cristal espejo, para su torre, Trump eligio cristal opaco, que daba un toque de sofisticacion y acabados dorados que emulaban el oro.

Contrajo matrimonio con Ivana Zelníčková, una atleta y modelo checoslovaca divorciada en 1976, con quien engendró tres hijos, Donald Jr, Eric e Ivanka, esta última siendo educada por su padre como el prototipo de la mujer ideal, el complejo de Electra en su máxima expresión, contraponiendo la educación de sus hijos varones con una severidad similar a la que fue educado. Después de 14 años se divorció de Ivana para contraer matrimonio con Marla Maples y posteriormente se casó por tercera vez con la modelo Melanija Knavs, demostrando su obsesión por las modelos de Europa del Este.

Durante tres décadas Donald Trump estuvo en titulares de tabloides, programas de television, comerciales, libros y películas, incursionando en diversos negocios, además del inmobiliario, su apellido, TRUMP, se había convertido en símbolo aspiracional de riqueza, su discurso de grandilocuencia era idealizado por el pueblo estadounidense como el «accomplishment» del sueño americano, en todas sus entrevistas siempre hacía énfasis en su valor personal, equiparable a los billones de dólares de su cuenta personal, la imagen de Donald Trump había quedado sembrada en el inconsciente colectivo, cuando contendió a la Presidencia de los Estados Unidos en 2016, lo hizo apoyado de un brillante equipo de politólogos, mercadólogos y expertos en sociología de masas y redes sociales, su victoria no fue mera coincidencia, era el producto de años de campaña.

El arte de la negociación de Trump, basado en su libro «The art of the deal«, no se basa en la premisa típica de «claim gains«, sino en la bravuconería de golpear primero y contener los costos, esperando conocer cuánto está dispuesto a perder el oponente para ceder a su voluntad, una especie de atraco en la que la resignación del adversario es la victoria del negociador. Esta premisa la aplico durante toda su presidencia, imponiendo siempre su voluntad negociadora, logrando su cometido muchas veces, particularmente con México mas no así con China, un jugador magistral, que nunca concedió y cuya respuesta siempre fue recíproca y equiparable.

La política es el arte de la hipocresía, el decir, pensar y comportarse como espera la mayoría, los americanos estaban acostumbrados a políticos y discursos de guionistas mal interpretados, Donald Trump al ser empresario y no político, siempre tuvo subordinados a quienes ordenar, mover, ascender o despedir y presidir un consejo donde la última palabra es la suya. Hay mucho de cierto en su discurso de osadía, que se atreve a decir lo que pocos se atreverían, su retórica es la franqueza, las palabras que dicta su corazón, por eso es tan poderosa su elocuencia, que hipnotiza, adornada de grandilocuencia que somete a los egos más elevados y profundos, un verdadero acto de rebeldía.

Después del triunfo de Barack Obama, el primer presidente negro y la severa crisis de 2008, el pueblo estadounidense se encontraba deprimido y marginado, muchos sectores habían perdido la fe en el sueño americano y se renegaba de las minorías que ascendían como la espuma ante el pasmo de los sectores más profundos y tradicionales de Estados Unidos, los caucásicos, ven mermado su poder ante foráneos, Donald Trump hizo que los americanos recobraran la fe en sí mismos y la confianza en un país golpeado por la crisis, «America First«, era el símbolo de una nueva era, en contra del libre mercado y a favor del nacionalismo. Después de una serie de reformas y renegociación de tratados, 2019 fue el pináculo de la era Trump, el presente era grandioso y el futuro se vislumbraba brillante.

A principios de 2020 Donald Trump tenía la reelección en la bolsa, pero las maldicientes carcajadas de la fortuna lo desampararon cuando la pandemia de Covid-19 se extendía lentamente por el mundo, inesperados acontecimientos ordenaron un confinamiento nacional en Marzo lo que llevó al colapso del Mercado de Valores, que había alcanzado récords históricos hacía unos meses, la pujanza económica de la era Trump había colapsado, dando inicio al retorno de una crisis económica peor que la Gran Depresión de 1929.

El asesinato de George Floyd movilizó a las minorías en todo el país, protestas multitudinarias en las afuera de la Casa Blanca, que no se habían visto en los momentos más álgidos de la guerra civil o la lucha por los derechos civiles de los sesenta. La victoria no reconocida de Joe Biden y Kamala Harris en Noviembre, originó que grupos radicales tomaran el Capitolio, recinto sagrado de la democracia americana, el fin de la Era Trump era evidente, un final desastroso que dejaba tras de sí, un país fracturado y dividido, exponiendo ante el mundo y sus enemigos las grandes contradicciones de Estados Unidos y las heridas abiertas que nunca pudo sanar.