Ponte una máscara y da libre salida a tus locuras,
Es posible que en tu corazón esté la respuesta a tus interrogantes.
GALIMBERTI

Nietzsche nos explica en su obra «El nacimiento de la tragedia», que los griegos antes de Sócrates, sabían que la vida es inexplicable, azarosa y peligrosa y que, a pesar de esta certeza, estos no se entregaban al pesimismo sino, que buscaban era transformar la realidad por medio del arte, estando basada en dos fuerzas estéticas que se combatían mutuamente pero que no podían  existir la una sin la otra: lo apolíneo y lo dionisiaco.

Lo apolíneo proviene de Apolo, representa lo racional, lo dionisiaco remite al Dios Dionisio o Baco y representa el gozo en la acción, desembocando en la inspiración estética. Antes del racionalismo socrático la cultura griega veía la fusión de ambas fuerzas como la unidad de la vida, pues Apoco no podría vivir sin Dionisio. La desintegración entre lo apolíneo y lo dionisiaco es una de las grandes contradicciones de nuestra cultura.

Los griegos son la especie más lograda, son los padres de todas las ciencias, disciplinas y formas de arte que podemos concebir y que a pesar del paso del tiempo, sus obras siguen vigentes, pues crearon ideas, valores y formas de comprender del mundo que hoy después de dos mil años, nos siguen pareciendo lo más elevado del ser humano.

Para los griegos la única manera de permanecer en la eternidad, en el recuerdo de los demás, solo puede hacerse válido por medio de los HECHOS , la gloria y la desgracia de los hombres está basada en sus ACTOS y no en sus pensamientos, intenciones, meditaciones, o palabras, que son nulas, si no están impulsadas por los hechos, que a pesar de todo.

IDEALES -> VALORES -> HECHOS

Un hombre puede tener muchos conocimientos, pero si es un cobarde, su vida será nula, olvidada e intrascendente, el triunfo sobre el miedo es una de las claves del Zaratustra y la característica principal de los héroes griegos, que son en general excelentes personas, hombres y mujeres repletos de virtudes y defectos que logran grandes hazañas, pero que poco a poco van hundiéndose lentamente, y ante sus miradas moribundas se yerguen ya sus retoños, más bellos, y con gesto valeroso levantan impacientemente la cabeza.

Durante la tragedia, los héroes están en su momento de mayor prestigio, de esta manera la caída es más fuerte y se reafirma su función didáctica; estos pertenecen a la clase dominante y cometen un «yerro disculpable», un error comprensible, pero no justificable, viviendo en la justa medianía, es decir no siendo demasiado buenos ni malos y siempre padecen de ATE o ceguera trágica, al no poder ver la realidad, produciendo la ANAGNORISIS, o consciencia de la realidad y culminando en la HAMARTIA, el error trágico y fatal basándose en un autoconocimiento incompleto.

El héroe trágico a través de sus acciones recibe una desgracia inmerecida, mientras que la emoción del miedo debe sentirse por parte del espectador cuando contemplan que tal desgracia podría posiblemente suceder en situaciones similares. Aristóteles explica que tal cambio de fortuna, de lo bueno a lo malo, secede «No por vicio o depravación sino por algún error de juicio». La Hamartia se refiere a una falla en el personaje del héroe, o un error cometido.

Eurípides el mayor exponente de las tragedias era en cierto sentido, solamente una máscara: la divinidad que hablaba por su boca no era Dioniso, ni tampoco Apolo, sino un demonio que acaba de nacer, llamado Sócrates. Ésta es la nueva antítesis: lo dionisíaco y lo socrático, y la obra de arte de la tragedia pereció por causa de ella. La locura, proveniente de los Dioses según Socrates: desgarra los velos y hace ver la comedia de la vida y los verdaderos rostros de aquellos que se esconden bajo las máscaras haciéndonos comprender el sentido de la escena, de las máscaras, y de los actores y buscando, de algún modo, aceptar todas las cosas tal cual son.

Las tragedias nos invitan a tomar conciencia y aceptar la vida con coraje y valentía sin lamentaciones o miedos, sin autoengaños ilusorios de salvación o redención, por esta misma razón las tragedias no tienen porqué ser invitaciones a pesimismos, ni fatalismos, su representación resultaba para los griegos un estímulo para su endurecimiento, un tónico para autofortalecerse y autosuperarse, porque se ponía en escena un heroico ejercicio de la libertad.

En las tragedias griegas ni el mundo, ni las tragedias tienen ningún sentido pues lo que se representa en ellas son la realidad, los aspectos de azar, indeterminacion, lucha, sufrimiento y destrucción que forman parte de la estructura del mundo y la existencia, esto no tiene ningún proceso moral o aleccionador, sino que todas estas aberraciones son posibilidades mismas del funcionamiento de la vida, y posibilidades del ser y acontecer, de este mundo, en un proceso inseparable de creacion y destruccion del que formamos parte.

Lo que el espectador veía representado, es una lucha de fuerzas ciega en continua confrontación unas con otras, los seres humanos están insertos en esa lucha como una más de las fuerzas y acciones que componen el mundo. La libertad no es otra cosa que una posibilidad, en el terreno de los hechos, unos hombres son libres y otros no lo son, la disciplina, la autoexigencia el autodominio es un modo de existencia más elevado y profundo, la libertad es algo que se gana enfrentándose a los desafíos de la vida y entrenando para enfrentar dificultades cada vez mayores, esto hacen las naturalezas fuertes, a diferencia de las débiles que se subordinan a diferentes amos.

Si no hay una decisión del héroe de oponerse a su destino, entonces no hay tragedia, la catarsis es la oposición del héroe ante su destino, este lucha contra las fuerzas que se anteponen, el ejercicio de la libertad humana forma parte de la estructura de la vida, nuestras acciones y omisiones pueden modificar el mundo, pues el hombre es libre.

Los griegos son los Grandes Seductores de la Historia y con la Tragedia nos exponen a la realidad de la vida y es que en cuanto les conocemos, nos conducen lentamente hacia ellos, y nos atrapan por medio de una seducción hacia la vida, cuyas historias y filosofía nos atrapan con la esperanza de alcanzar la eternidad por nuestros hechos, a pesar de que todo el peso de su filosofía está basado únicamente en el PRESENTE, porque el hoy es el único momento en que vivimos, pues no hay vida en el más allá, la única que vida que tenemos es esta y en esta nos jugamos todas nuestras posibilidades.