La iglesia era la médula espinal de la sociedad novohispana, desde el diseño del llamado «cuerpo del Rey», que era la distribución de los poderes centrales en las villas nacientes, la representación de la administración real se basaba en el Cabildo, la económica en los «portales» de comerciantes o mercados y la religiosa o divina en la Iglesia Catolica.

Con la emancipación de los pueblos nativos del yugo mexica, la asimilación de los mismos al catolicismo ocurre con mucha rapidez, y es que la lejanía del poder Real basado en Madrid y Ciudad de México, se anteponía a la cercanía hacia la Iglesia, que dictaba las formas y los modos de la sociedad virreinal; un control absolutista se cernía sobre ellos y estaba basado en la consciencia individual y el temor al castigo divino y terrenal de la inquisición.

La iglesia en Nueva Espana llegó a acumular mucho poder, los intentos fallidos de arrebatar el control de las masas, vienen desde la expulsión de los Jesuitas. en 1757 y su retorno en 1816; Durante todo el Siglo XIX del México independiente, dichos intentos fracasaron siempre, culminando con la Ley de Libertad de Culto de 1860 promulgada por Benito Juárez.

Después de la Revolución de 1910 y la posterior promulgación de la Constitución de 1917, la difícil guerra de los caudillos persistía, uno a uno fueron cayendo; el asesinato Venustiano Carranza cuando huía de México en mayo de 1920, dio el triunfo al General Álvaro Obregón y sus obregonistas.

El General Obregón usaba en la Guerra métodos moderados y su aspiración más profunda era imitar los métodos oportunistas de Porfirio Díaz, era un militar estricto en campaña, pero amigo de las formas civiles del gobierno.l Poseía un talento superior y se rodeó de consejeros capaces y aunque sus resoluciones eran rápidas, era brillante, pues estas eran sumamente reflexivas.

Obregón era masón y perseguía llevar adelante el plan de las logias masónicas, del protestantismo estadounidense y del liberalismo jacobino, por lo que se dio a la tarea de preparar el camino para una persecución dura e implacable contra la Iglesia, con el fin de implantar el protestantismo en México. El plan se basaba en fortalecer las organizaciones obreras y campesinas, al estilo de la naciente URSS y conocer la fuerza real de los católicos.

A la llamada política tortuosa algunos la han llamado “política de buscapiés”, esto significa que se suelta una acción y se espera a ver las consecuencias. No se trataba aún de una persecución abierta y directa contra la Iglesia, para ello se necesitaba codificar penalmente los artículos persecutorios de la constitución, seguir un proceso jurídico que se pensaba era todavía prematuro, antes había que tantear el terreno.

La Iglesia por su parte, a través del Episcopado, había expresado abiertamente su inconformidad con las leyes de la constitución de 1917, ya que atentaban contra su misma existencia. En previsión de lo futuro, también la Iglesia buscó el fortalecimiento de la feligresía, alentando a las organizaciones laicales, especialmente los organismos de la acción católica, promoviendo aún más el fervor religioso, organizando congresos eucarísticos, congresos agrícolas, semanas sociales, festividades religiosas.

iA cada una de estas medidas el gobierno siempre respondió con acciones tortuosas, especialmente en aquellas regiones donde el catolicismo era más fuerte y compacto, como era el caso de los estados de Jalisco, Colima, Michoacán, México y Guanajuato.

El 12 de mayo de 1921, obreros pro-comunistas subieron a las torres de la Catedral de Morelia, e izaron la bandera rojinegra; luego entraron a la Iglesia y apuñalaron una imagen de la Virgen de Guadalupe. Los fieles organizaron una manifestación pacífica en protesta, la cual fue disuelta a tiros. Hubo 50 muertos y varios heridos. Álvaro Obregón culpó a los manifestantes.

El 14 de noviembre de ese mismo año se puso una bomba en el altar de la Virgen de Guadalupe en su Santuario de México, la protesta de todo México fue clamorosa, pero el gobierno hizo correr el absurdo rumor de que la bomba había sido colocada por católicos para provocar una agitación. Se comprobó la complicidad de las autoridades políticas, pero nada se hizo para castigar a los culpables.

Al finalizar el sexenio de Alvaro Obregón, en octubre de 1924, se celebró,, el primer Congreso Eucarístico Nacional. Fue solemnísimo y lleno de fervor. Se hostilizó su celebración. Se prohibió que se sacara de la Catedral de México el Santísimo para la procesión final; y en la fiesta de clausura, en la que se presentaba el “Divino Narciso” de Sor Juana Inés de la Cruz, se cortó la energía eléctrica, de manera que no se pudo llevar a cabo.

Al terminar el Congreso, Álvaro Obregón ordenó al Procurador de Justicia de la República, D. Eduardo Delhumeau, consignar el congreso íntegro; es decir, a prelados y asistentes al Congreso. Además ordenó la destitución de todos los empleados públicos que hubieran tomado parte en el Congreso. Por todas las manifestaciones hostiles del gobierno, el pueblo hizo manifestaciones de protesta pacífica.

La guerra despiadada contra la Iglesia le jugaría la vida en tres atentados: el primero en 1926 en un tren de Los Angeles a Tucson, donde fue atacado a tiros mientras dormía, saliendo ileso, la segunda en 1927 cuando le lanzaron dos bombas y rafagas de balas a su automóvil en Chapultepec y la tercera, de la que no pudo escapar, cuando fue abatido a tiros por un fanático religioso José de Leon Toral.