Pour mériter son coeur, pour plaire à ses beaux yeux,
j’ai f ait la guerre aux rois; je l’aurais faite aux dieux

Erase una vez un Rey que encontró a su padre en los Dioses y en un sueño vislumbro un palacio que mandó erigir para subyugar a sus enemigos. Y el Rey se convirtió en un sol que iluminará a un reino y este a su vez al mundo entero, Luis XIV, el Estado, el Rey Sol.

Hijo de Luis XIII Rey de Francia y Navarra, un homosexual consumado y Ana de Austria, hija de Felipe III, Rey de España; producto de un matrimonio simulado y cuyos progenitores se odiaban y no se dirigían la palabra. Nació con dos dientes neonatales y esto fue considerado un buen augurio de grandeza y es que las circunstancias estaban dadas para un reinado glorioso y de una autoridad indiscutible.

A la muerte de Luis XIII, su primogénito hereda el trono a la tierna edad de cuatro años, quedando como regentes su madre y primer ministro, el Julio Mazarino, sucesor del Cardenal Richelieu, y quien hizo las funciones de padre y guia. Dos eran los objetivos de los cardenales: unificar las coronas de España y Francia para controlar Madrid a la voluntad de París y someter a la nobleza reticente francesa a la casa de los Borbones.

El pueblo francés a quien tanto habían ilustrado el talento y la energía de Carlomagno y las virtudes heroicas de San Luis iba a resplandecer otra vez con los fulgores del nuevo monarca a quienes sus contemporáneos llamaron el Rey Sol, por el vigor y perspicacia de su espíritu, por sus victorias y conquistas y el favor que dispensó a las artes y las ciencias.

Coronado a la edad de 13 años, el Rey Sol tuvo la suerte de encontrarse con espíritus distinguidos de todas las clases, que se agrupaban a su alrededor, gentes muy talentosas, generales, ministros de talento y de genio, Mazzarino, Colbert, Turena, Conde, Le Telier y Lionne. Moliere y los maestros de la literatura y la música escribían obras a su persona, que él mismo interpretaba vestido como Marte o Apolo.

“No reveles a nadie tus verdaderos sentimientos. Maquilla tu corazón como se maquilla un rostro. Que las palabras que pronuncies, y hasta las inflexiones de tu voz, compartan el mismo disfraz. No olvides nunca que la mayoría de las emociones se leen en el rostro. De modo que, si tienes miedo, reprímelo repitiéndote que eres el único que lo sabe. Haz lo mismo con los otros sentimientos”

JULIO MAZARINO

Julio Mazarino, nacido en Pescina, Italia, en 1602, fue político, diplomático, militar nacionalizado francés, consejero de Luis XIV, amigo, discípulo y continuador de la filosofía y obra de Richelieu, y principal responsable, como primer ministro, de poner las bases para convertir a Francia en la primera potencia europea del siglo XVIII. Luis XIV es producto de Mazarino (y proyecto de Richelieu), este es a Francia lo que Gaspar de Guzmán y Pimentel era a Felipe IV, con la diferencia de que Mazarino buscaba engrandecer a su reino y el Conde Duque de Olivares distraer al Rey con placeres mundanos para auto coronarse.

El pueblo francés y la nobleza odiaban a Mazarino desde su regencia como primer ministro, su acento italiano y sus costumbres les eran deleznables, su poder incitó dos levantamientos sociales, premonitorios de la Revolución Francesa, y que fueron conocidos como Las Frondas. En una ocasión una turba iracunda ingresó a la fuerza a la alcoba del Rey para demandar una audiencia, el joven Luis fingió estar dormido.

Los franceses no participaron ni en los grandes descubrimientos ni en los inventos admirables de las demás naciones; la imprenta, la pólvora, los espejos, los telescopios, el compás de proporción, la máquina neumática, el verdadero sistema del universo, no se les pueden atribuir en lo absoluto; celebraban torneos, mientras los portugueses y los españoles descubrían y conquistaban nuevos mundos al oriente y al occidente del mundo conocido, parecia que Francia estaba relegada, pero su momento estaba por llegar, la fortuna la elevaria pronto.

Carlos V prodigaba en Europa los tesoros de México, antes de que algunos súbditos de Francisco I descubrieran la región inculta del Canadá, pero incluso por lo poco que realizaron los franceses a comienzos del siglo XVI, se vió todo de lo que son capaces cuando se les guía. Los éxitos de España, Portugal e Inglaterra en el nuevo mundo desataron la envidia de Francia, sin embargo el plan de conquista había comenzado, mediante cortesanos y nobles se inmiscuyen en las cortes europeas para controlarlas.

Simula

Disimula.

No confíes en nadie.

Habla bien de todo el mundo.

Prevé antes de obrar.

JULIO MAZARINO

El Absolutismo Francés y el control del Imperio Español desde París se gestó en la mente de Richelieu, Mazarino instruyó al Rey Sol en las artes de la política, al ascender al poder, sus primeras acciones fueron vengarse de los nobles que incitaron a los levantamientos de Las Frondas, entre los incluian su prima hermana Ana Maria Luisa de Orleans que fue desterrada al exilio y castigada con la soltería.

Ana de Austria tuvo otro hijo con Luis XIII, Felipe I de Orleans, que al igual de su padre, era homosexual, al saber esto su madre fomenta encuentros del príncipe con cortesanos desde su adolescencia a quienes incitaba a vestirse de mujer, esto con las intenciones de evitar una lucha por el poder en contra de su hermano. Luis XIV y Felipe I era como el sol y la luna, promiscuos y seductores, el primero con mujeres, el segundo con hombres. El Rey Sol se casaría con María Teresa de Austria, hija de Felipe IV y a su muerte con Madame de Maintenon.

El Rey Sol vivía en el Palacio Real de Louvre en París y en Septiembre de 1658 fue invitado por Nicolás Fouquet, Ministro de Finanzas, a su Palacio, Vaux Le Vicomte, que diseñó con los mejores arquitectos y artistas de la época y a quienes les pidió crear un palacio único e innovador, algo nunca antes visto en Francia. La belleza del Palacio intimidó e hizo sombra al Rey, por lo que luego de su visita, embriagado de celos y envidia, ordenó el arresto y confiscación de bienes de Fouquet que fue enviado a una masmorra donde moriria de extranas circunstancias.

Luis XIV ordenó construir un Palacio superior a Vaux Le Vicomte en el Pabellon de Caza de su padre y donde había pasado los mejores momentos de su vida con su padre; el Palacio de Versalles se levantaría en una colina y se invertirán no solo todos los recursos y esfuerzos de la corona y el pueblo francés, que fueron desangrados en gastos y trabajos extenuantes.

La construcción de Versalles destelló como los rayos del Sol, los cimientos del palacio parecían augurar un cambio de poderes, el nacimiento del Imperio Francés cuyas sus luces se extendieron primero por Europa y después por el orbe. La antesala del siglo de las luces se fecundo en un pensamiento absolutista donde se enaltecen las virtudes de los franceses, por encima de las europeas, Napoleon, heredero de Luis XVI sería el pináculo del mayor Imperio del Siglo XVIII.

Una de las estrategias del rey para enriquecer el país fue promocionar, siempre que fuera posible, lo autóctono. Hasta el siglo XVII, la alta co­cina se basaba en el uso y abuso de es­pecias orientales: canela, jengibre, nuez moscada. Carísimos productos de im­portación para un país que andaba esca­so de colonias. El Rey Sol fue el primero en exaltar las excelencias del tomillo, el perejil y las hierbas provenzales.

Los chefs franceses empezaron a cotizarse en otras cortes europeas. Luis XIV estrenó la primera mesa de comedor en 1673 (has­ta entonces, ni siquiera los palacios tenían una sala específica para almorzar o ce­nar). También abrieron sus puertas los primeros traiteurs, precedentes de los restaurantes elegantes, amparados por la nueva iluminación callejera.

Con la muerte de Carlos II de España y el ascenso de Felipe de Anjou, Francia era ya una superpotencia, la consolidación del Imperio y de lo francés se convirtio en sinonimo de elegancia y refinamiento, la lengua francesa se convirtió en el idioma de las elites, la moda y la gastronomía darán al mundo la medida exacta de lo que debía ser. En Madrid los Borbones incendiaron el Alcázar, cambiando la herrería por la cantera y `el mármol.

El servicio de mesa cada vez contaba con más piezas: salseras, tazones para sopa, cucharas in­dividuales; esto tuvo dos consecuen­cias importantes: la creación de la por­celana francesa, impulsada por Luis XIV para frenar las importaciones chinas, y la aparición de los buenos modales. Un manual de la época instaba a sus lecto­res, por ejemplo, a utilizar las cucharas de servir y a no compartir escudillas, aunque no decía nada sobre comer con los dedos, práctica todavía habitual. En cualquier caso, sentarse a la mesa se había convertido ya en un arte, a cuyos entendidos se llamó gourmets .

Dos nuevas bebidas hicieron furor en el París de la época: el café y el champagne. El primero era un producto tan exótico co­mo prohibitivo. En 1676 abrió sus puertas el café Proco­pe, que no solo fue el primer café parisi­no, sino también el primer estableci­miento de bebidas que un noble se habría atrevido a pisar. Entretanto, Dom Pérignon había inven­tado el vino espumoso. Solo unos pocos podían permitirse una auténtica botella de champagne y no sin arriesgarse a tirar el dinero: por entonces, aún no se había logrado fabricar un cristal resistente a la presión gaseosa, y un 30% de las botellas explotaban antes de ser abiertas.

El Absolutismo de Luis XIV, que era la regencia absoluta del poder cuyo depositario era el Rey, se basó en la ausencia de un primer ministro (a la muerte de Mazarino) y de nobles o religiosos en los consejos de asesores, que eran tres: Conseil d’Etat, Conseil de Depeches y el Conseil de Finances. Los nobles se mudaron a Versalles, para estar cerca del Rey, los más cercanos y privilegiados, dormían en alcobas cerca de su majestad y eran humillados sutilmente, al presenciar actos mundanos que fueron convertidos en reales y símbolos de estatus como la defecación presencial, el sexo, el acto de despertar, el acto dormir y la limpieza de sus depósitos de heces y orina.

«Muéstrate amigo de todo el mundo, charla con todo el mundo, incluso con aquellos a quienes aborreces y te enseñarán la circunspección. De todos modos, oculta tus cóleras; un solo acceso perjudicará más a tu fama de lo que podrán embellecerla todas tus virtudes«

JULIO MAZARINO

A pesar de ser un monarca absolutista, se había conformado desde el principio de su reinado un Consejo de Estado, compuesto de un escaso número de personas, 4 o 5, que discutían delante del Rey los más graves asuntos, dejando a su persona la última decisión a tomar. Los legistas que conformaron la consejería real formaron la moderna burocracia, estos eran el Consejo de Despachos y el Consejo de Finanzas que se reunían tres veces por semana en la habitación del Rey.

El Rey Sol amaba mostrar sus piernas, siendo retratado en mallones que ensalzaban sus muslos, irónicamente la muerte de Luis XIV por una gangrena en la pierna izquierda, se debió en parte a la vida de lujos y excesos del monarca, la medicina de la época no pudo salvarle, se propusieron sangrías, en primera instancia, se hablaba de la amputación, pero sobretodo se intentó curarle con ungüentos herbales, mermeladas, vino, pasteles, leche de burra y pócimas, siendo todo infructífero.

El Siglo de las luces fue el siglo de Francia, en Versalles los nobles con pelucas y máscaras danzaron durante un siglo en el salón de los espejos y se miraron a sí mismos, orbitando las luces que reflejaban al Sol; la pianola, la mandolina y el violonchelo les deleitaba y eclipsaba, en los frescos celestes de los techos de Palacio, eran observados con miradas eternas por el Rey Sol, el hijo legítimo de Dios.