Hernán Cortés había conquistado un imperio, había empleado bien a su talento para el halago, la cortesia, la elocuencia, la decision rapida, la improvisación, el egaño, el cambio subito de planes, su fuerza de voluntad y su valor en la adversidad fueron decisivos. Empleo el terror fría y eficazmente.

La ambición que tenía de llevar a cabo algo memorable hubiera de haberse visto satisfecha y lo logró gracias a los capitanes que eligió, extremeños todos, a los dos mas destacados, Alvarado y Sandoval, es probable que los conociera desde la infancia en Medellín. El caudillo se vio apoyado constantemente por un grupo sólido de hombres, nunca pudieron formar su propio grupo en el equipo de mando, el triunfo fue así, alcanzado por un clan de hidalgos de la baja Extremadura.

La expedición de Cortés se montó como una empresa privada, todos los conquistadores estaban en la Nueva España porque deseaban riquezas, pero había pocas disponibles, se rumoreaba que Hernán las había acaparado todas y las mantenía en su palacio de Coyoacan, se decía también que este buscaba el poder absoluto del nuevo Reino para su persona.

«Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco, luego se sacan fuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como, travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, los collares de los ídolos, las lunetas de la nariz; hechos de oro, las grebas de oro, las ajorcas de oro, las diademas de oro […] y anduvieron por todas partes, anduvieron hurgando, rebuscando la casa del tesoro, los almacenes, y se adueñaron de todo lo que vieron.»

La tortura de Cuauhtémoc junto con la de varios sacerdotes mexicas, se hizo para encontrar el paradero del oro perdido en la noche triste, mismo que fue arrojado a un lago, se buscaban con locura ocho grandes barras de oro reunidas en el palacio de Axayácatl y que formaron parte del llamado Tesoro de Moctezuma.

El resultado de la tortura de la elite mexica fue poco satisfactorio, se logro decomisar entre 185,000 y 200,000 pesos de oro entre 1521 y 1522, que divididos entre 750 hombres, después del quinto real, Cortés se quedó con 29,600 pesos del quinto restante. Muchos objetos orfebres del botín, eran demasiado bellos y no debían de fundirse, sin embargo se fundieron y se evaluaron en 150,000 ducados.

Los amigos más cercanos de Cortes tuvieron pagos especiales, como Francisco de Montejo a quien se le entrego 6,000 pesos a Julián de Alderete y Alonso de Avila 3,000 pesos y 2,000 pesos a Diego de Ordas y Antonio de Quiñones, guardaespaldas de Cortes.

El resto de los hombres y los jinetes de la expedición y arcabuceros recibieron la suma de 80 pesos, todos estos consideraron ridículas estas sumas en un momento en que una simple espada costaba 50 pesos y una ballesta 60.

Esto causó mucha animosidad, porque se suponía que el oro recaudado era superior a los 200,000 pesos declarados, esto se declaró en el Juicio contra Cortés en Castilla; que hacía grandes fiestas en su palacio a las cuales asistían bellas jóvenes castellanas y Hernán quiso hacerles regalos y en su habitación se le vio abrir un baúl con grandes barras de oro y joyas.

Hernán Cortés ordenó enterrar 12,000 o 13,000 castellanos en barras de oro puro en México, el llamado tesoro perdido, mismo que fue buscado durante el siglo XVI por el hijo de Hernán Cortés, y hasta el siglo XVII por la muestra de un códice o pintura de un indígena, que señalaba el lugar donde se escondió en tiempos de la conquista.

Parte del tesoro fue arrojado por los mexicas al Peñol de los Baños, en un intento de dejar a los conquistadores con su sed de riquezas. Este pozo fue cubierto con piedras y tierra, permaneciendo oculto hasta la fecha, y que debido a las terribles sequías que padecía la región de México por esos años de 1600 y las obras de desagüe de la Laguna, fue posible localizarlo.

En 1637 fue encontrado parte del tesoro, descubierto en la boca de un pozo que medía unas 34 varas de ancho por unas 17 de largo, y que para su mejor “descubrimiento” era necesario morillos, tablas, clavazón y algunas bombas para achicar el agua que se encontraba alrededor del pozo, cuya medida era de tres cuartas (entre 60 y 75 cm aprox.).

Una vez que ya habían iniciado los trabajos y se había informado al gobernador de Iztapalapa que procurase más indios, herramientas y dos carpinteros. Se entregaron 110 pesos de oro para el alquiler de canoas y pagar el salario de algunos indios, pero estos recursos fueron insuficientes, por lo que se solicitó que se enviase más dinero para descubrir parte del tesoro de Moctezuma, que fue dividido en 4, donde 3 le corresponden al Virrey y una parte al descubridor.

Aparte, al igual que sucedió con lo notificado por Martín Cortés y su búsqueda del tesoro en el último cuarto del siglo XVI. Tampoco en esta sabemos a ciencia cierta cómo prosperó la empresa de rescate del tesoro, pues ni en la correspondencia personal del virrey de entonces, el Marqués de Cadereyta, ni en documento alguno se desentraña la resolución final del hecho, volviendo a encubrirlo sobre un halo de silencio que origina cierta incertidumbre histórica al respecto.

La conclusión al paradero del tesoro, es que aún ante la documentación analizada y las crónicas de la época, sigue siendo a la luz de la investigación histórica, un enigma que aún continúa, aunque claramente parte del botín fue llevado a España, una parte se la quedaron Hernán Cortés, su hijo y su ejército, otra fue descubierta en el Siglo XVIII, pero un monto incalculable e invaluable del tesoro, sigue enterrado en algún lugar del valle de México.

Gran parte del tesoro fue llevado a España ante Carlos V y según las crónicas de López de Gomara en su obra,
2 ruedas de oro y plata
– 1 collar de oro de 8 piezas con 183 esmeraldas y 232 piedrezuelas
como rubíes y colgaban de él 27 campanillas de oro.
– Otro collar de 4 piezas con 102 rubíes, 172 esmeraldas, 10 perlas y 27
campanillas de oro.
Muchos granos de oro del tamaño de garbanzos.
– Un morrión de madera chapado en oro y por fuera con pedrería y 25
campanillas, y por cimera un ave verde, con los ojos, pico y pies de
oro.
– Un capacete de planchuelas de oro y campanillas alrededor, y por la
cubierta pedrería.
– Un brazalete de oro.
– Cuatro arpones de tres ganchos, cubiertos de pluma de muchos colores
y las puntas atadas con hilo de oro.
– Muchos zapatos cosidos con hilo de oro y guarnecidos de oro, plata y
perlas.
– Una rodela de plata y cuero, y alrededor campanillas de latón morisco
y la copa de una plancha de oro y esculpida en ella la imagen del dios
Huitzilopotli, dios de la guerra, y en aspa cuatro cabezas con su pluma
o piel, a la viva y desollada, que era de león, de tigre, de águila y de
búho.
– Muchas pieles de aves y animales.
– 24 rodelas de oro, pluma y aljófar.
– 5 rodelas de pluma y plata.
– 4 peces de oro, dos ánades y otras aves, huecas y vaciadas de oro.
– 2 caracoles grandes de oro y un cocodrilo con muchos hilos gruesos de
oro alrededor.
– 1 barra de latón, y del mismo metal algunas hachas y una especie de
azadas.
– 1 espejo grandes guarnecido de oro y otros pequeños.
– Muchas mitras y coronas bordadas en pluma y oro.
– Gran cantidad de plumajes de vistos colores.
– Penachos decorados con plumas, perlas, plata y oro.
– Muchos abanicos y otros objetos de oro y pluma.
– 1 manta, especie de capa de algodón tejido de muchos colores.
– Vestidos y ornamentos de templos y altares.
– Otras mantas de diversos colores.
– Mantas de cama, paramentos y alfombras de algodón