«No todos los hombres nacen iguales, así en generosidad como en virtudes«
BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO

Los acompañantes de Hernán Cortés eran todos hijos de hidalgos, aunque muchos no tenían claros linajes, pelearon día y noche, junto al rebelde extremeño, sirviendo al Rey y al comandante, descubriendo tierras hasta «ganar» la Nueva España. La caravana iba creciendo en aliados conforme el ejército avanzaba hacia Tenochtitlán y no solo estaba conformada por españoles y guerreros nativos, sino por religiosos, numerosas mujeres, africanos y niños.

Estando tan apartados de Castilla, sin socorro alguno, salvo la «ayuda» de Jesucristo, los españoles se instruían en el estudio la Biblia todos los días, en sus campamentos hacían oraciones, cantaban y daban misa, pues era la creencia medieval que los caballeros que servían a Dios, eran ensalzados y grandes dádivas recibirían en vida del Rey.

Los sobrevivientes, muchos caballeros ascendieron socialmente, al adquirir títulos nobiliarios, señoríos de estados, sueldos en oro y salarios en tierras, les dieron villas y castillos y perpetuos privilegios, los cuales heredaron sus descendientes, creando la primera nobleza del nuevo mundo. Los servicios al Rey y la cristiandad eran muy bien remunerados, el poder, dinero y la gloria, eran pues la principal motivación de aquellos jóvenes soldados.

La guerra fue cruenta y las batallas, numerosas, en la que muchos españoles se enfrentaron con indígenas mexicanos que los querían capturar para sacrificarlos, muchos así perecieron, los peligros a los que se enfrentaron y los trabajos que padecieron fueron semejantes a la vastedad de sus descubrimientos en nuevas tierras.

En Octubre de 2015 se encontró en el yacimiento arqueológico Sultepec Tecoaque, (un asentamiento que fue ocupado por el pueblo Acolhua entre el 1300 a 1520 d.C.) los restos de algunos compañeros del conquistador Hernán Cortés. Los indígenas acolhuas, una división tribal del centro de México, corrieron a cargo del sacrificio en 1520 de casi 550 personas, integrantes de una de las caravanas que acompañaba al español en su proyecto de conquista de Tenochtitlán.

La caravana estuvo primero en cautiverio y luego fueron todos sacrificados en el marco de diversas festividades del calendario mexica, se estima que todos los miembros de la caravana fueron inmolados. Algunos se colocaron en altares y otros fueron exhibidos como trofeos en espacios habitacionales. El objetivo de los sacrificios, era buscar la protección de las deidades frente a la llegada de extraños enemigos.

En la caravana había personas de diferentes razas que, seguramente, fueron traídas desde Cuba: negros, zambos, mulatos y españoles. Sin embargo, también se encontraron mesoamericanos, principalmente totonacos y tlaxcaltecas. Llama la atención la presencia de cerca de 50 mujeres, 10 niños recién nacidos y de hasta tres años de edad. Curiosamente, también fueron encontrados restos de animales europeos, que también fueron sacrificados.

No solo la guerra, sino el hambre también azotó al séquito de Cortés, cerca de 200 de sus soldados murieron de cansancio, heridas no tratadas, falta de alimento y agua, los restos eran abandonados y sus pertenencias confiscadas, los indígenas recuperaban los cadáveres, mismos que desollaban para danzar con sus pieles en ceremonias y sus carnes eran usadas para alimentar a las bestias.