En la democracia los políticos son elegidos por la mayoría para satisfacer las necesidades básicas del pueblo, como seguridad y desarrollo, sin embargo, a todos los políticos, sin excepción alguna se les olvida demasiado rápido, es más, muchos ni siquiera persiguen eso, sino tan solo ejercer el gusto por el poder.

La manipulación de las masas se da por medio de los aparatos de representación, símbolos, signos, mensajes subliminales, lenguaje corporal, dádivas, dramatizaciones, pero sobre todo debido al uso de técnicas de psicología de control.

La política es el espectáculo de los feos, del pueblo sin cultura incapaz de acceder a un gusto incomprensible, sin embargo el uso de distractores como medio de manipulación viene de tiempo inmemorial, si combinamos imágenes y sonidos, podemos llegar a ser sugestivos, el surgimiento de la televisión y el internet han disparado estos medios.

Los sentimientos de las masas son simples y exaltados: el pueblo quiere ser dominado y someter a la vez, además las masas son impulsivas, inconscientes, flojas, influenciables y sobre todo crédulas, carentes de crítica o análisis, volubles, intolerantes y de sentimientos simples pero exaltados, predomina una falsa ilusión sobre lo real.

La masa o el pueblo no existe sin un líder, que presenta cualidades como: fuerte personalidad; una creencia marcada y voluntad poderosa. Los grupos colectivos se sienten atraídos por el prestigio que presenta el líder. Si el jefe perdiese este prestigio decepcionaría a la masa o el pueblo. Ya que el prestigio no lo tiene cualquiera, por eso los grupos colectivos se dejan hipnotizar por este y su mensaje.

Otra característica que hay que resaltar es que los grupos colectivos al unirse a la masa, presentan un bajo rendimiento intelectual, al no ejercitar su mente por sí mismos, se ven mermados por el aumento de afectividad y se hipnotizan por la capacidad inferior que presentan el resto de miembros. Intentan nivelarse siempre al nivel intelectual.

La política es la medida de lo posible en el camino de lo imposible, las grandes transformaciones sociales ocurren a lo largo del tiempo, son necesarias como mínimo dos generaciones para cambiar la psicología de la masa, que aunque evolucionada, siempre será perenne a sus bajos instintos, al deseo de ser engañada, hipnotizada y dominada.

En la antigua Roma, a pesar de una reputación bien ganada para la administración efectiva en la mayoría de las áreas, los romanos nunca realmente resolvieron la transferencia del poder imperial. Se trataba de una gran cantidad de manipulación, doble trato, back-stabbing (en Roma esto era real, no metafórico) y esperar por el momento perfecto. 

Al pueblo, pan y circo, Panem et circenses, es una frase latina peyorativa que describe la práctica de un gobierno que para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas. Sucedió en Grecia, en Roma, en España, en la URSS, pan y circo, pan y espectáculo.

La corona y la nobleza, sabedores que un pueblo bien alimentado y divertido era un pueblo tranquilo, utilizaron la fiesta de los toros como un instrumento, tanto para tener a sus vasallos entretenidos como para representar su poder ante la comunidad.

El circo romano evolucionó a los espectáculos de toros y estos a su vez a espectáculos deportivos. En América, el juego de pelota era sin duda una misma versión de un espectáculo diferente, los sacrificios en masa, espectáculos de sometimiento, donde el mal era vencido y se favorecían los designios de los dioses, para desfogar los anhelos y continuar con el orden del tiempo.

¡Pan y toros, y mañana será otro día! Cuando hay, saquemos tripa de mal año, luego… ¡no importa!.

MIGUEL DE UNAMUNO

Con la evolución de los tiempos, el fútbol suplantó los espectáculos de toros en los territorios del desmantelado Imperio Español, no habiendo remedio de masas más efectivo que un buen campeonato internacional de fútbol para hacer que el país anfitrión, organizador del espectáculo, olvide por unos días sus problemas.

El teatro, las representaciones de juglares y las obras literarias evolucionaron a las telenovelas, como un infalible distractor social, las masas se veían a sí mismas inmiscuidas en historias de suspenso y amor, esperando siempre un final feliz, anhelando superar la realidad y el sufrimiento.

 “México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil.”

EMILIO AZCARRAGA

Es necesario un distractor para el pueblo, un entretenimiento barato que haga un ruido ensordecedor, un estruendo capaz de hipnotizar y hacer olvidar, al menos por un momento, la realidad del día a día, las masas son moldeables, siempre y cuando coman de ese pan y asistan a ese espectáculo, el de la manipulación, su anhelo de todos los días.