Vasco_de_quiroga

Los españoles autorizaron la esclavitud de los indigenas en 1534 mediante el edicto de Carlos I donde requería fuerza laboral para la encomienda, misma que había sido derogada apenas cuatro años antes. Ante esta nueva reglamentación, Vasco de Quiroga, miembro de la Real Audiencia de México supone los riesgos e implicaciones de esclavizar a los pueblos originarios de Nueva España.

Vasco de Quiroga, originario de Madrigal de las Altas Torres, educado en Jurisprudencia en Salamanca, era un abogado de prestigio que constantemente resolvía conflictos entre moros, judíos y españoles, se embarca a Nueva España en 1531 a la avanzada edad de 61 años, para ser miembro de los juristas representantes de la corona.

El abogado observa un caos jurídico en México, los numerosos levantamientos de los indígenas que hacían guerra, negándose a ser esclavos de los españoles, aceptar el evangelio y asumir que Carlos I era su Rey. Muy graves dificultades tenían en poner orden, en el caos de un Reino que carecía de legitimidad, los constantes enfrentamientos ponían en riesgo la supervivencia de los inmigrantes españoles y la obtención de riquezas.

Vasco de Quiroga era un ávido lector, hombre de letras, jurisconsulto y docto en derecho, para 1517 había llegado a sus manos la obra del inglés Tomas Moro llamada «Utopía», que relata una isla «utópica» en la que todos sus ciudadanos eran felices y vivían bien atendidos, isla que se encontraba supuestamente al sur del Ecuador y que despertó la fascinación del abogado.

Las utopías estaban presentes en la mentalidad de los renacentistas, los ingleses leían a Moro como la historia del rey Arturo, los españoles al Amadís de Gaula y las Sergas de Esplandián, el deseo de crear la Jerusalén Celeste en América estaba presente en los sacerdotes ordenados a las indias que creían ser profetas, Quiroga tomaría pronto el hábito de soñar con un estado terrenal basado en los principios de Moro.

Vasco es nombrado Obispo de Michoacán en 1535 y tres años después es consagrado sacerdote y obispo, el plan del abogado era legitimizar el gobierno, la autoridad española y pacificar mediante una estrategia de penetración distractora por medio de la religión, la educación y las artes, con miras al sometimiento, dejando de lado la violencia y la pérdida de dignidad de los ejércitos.

La estrategia del docto en derecho y nuevo religioso, era sitiar a los indígenas cerca de instituciones utópicas como hospitales, conventos e iglesias para pacificarlos por medio de la educación, la instrucción de las artes y el evangelio, para que estos vivieran en orden bajo una policía elevada, esclavizándolos con distractores como las artes, la construcción de iglesias, conventos, la servidumbre y la agricultura para la subsistencia de las comunidades siempre al servicio de españoles.

El abogado dictó un texto llamado Reglas y Ordenanzas, donde estipulaba el trabajo como medio de control ejercido desde la infancia, enfocado sobre todo a la agricultura y las artes. Vasco poco a poco fue creando un entramado legal en Nueva España, cabildos, jueces. Pronto los purépechas fueron sometidos por la bondad de los vicarios de Cristo y el enfoque en el aprendizaje de las bellas artes, mismas que persisten hasta nuestros días, la guerra había terminado.

Cuentan las crónicas que los arquitectos que diseñaron el trazado de la antigua Valladolid, sus anchas avenidas, su majestuosa obra religiosa y civil, proyectaron en su arquitectura el ideal renacentista que las medievales callejuelas de las ciudades españolas les impedían realizar en la metrópoli.

Los ideales renacentistas que al fundirse con las culturas indígenas, hicieron de la Intendencia de Michoacán, más que en ningún otro sitio de la Nueva España que la utopía de Vasco de Quiroga, ferviente lector de Tomás Moro, se creara un estado paralelo, con identidad propia, donde los ciudadanos «eran felices y estaban bien atendidos», utopía que estuvo muy cerca de convertirse en realidad.