china

Si quisiéramos encontrar al líder más probable de la expansión oceánica de comienzos del siglo xv, no seria en Europa, pues, los chinos, y no los españoles o los portugueses, parecían estar en mejores condiciones de rodear el globo por mar y establecer un imperio comercial global. Las grandes flotas chinas tenían embarcaciones mucho más poderosas que las de Colón (de 130 metros contra los 28 de la Santa María), que por entonces exploraban las costas del sudeste asiático, el sur de Asia y el este de África.

Había existido el proyecto de que Zheng He, un eunuco musulmán que ocupaba un alto puesto en el almirantazgo chino, diera la vuelta a el globo entre 1421 y 1423, casi un siglo antes del viaje de Magallanes, aunque lo cierto es que la política china cambió en 1433: debido a las modificaciones políticas y fiscales.

El gobierno dejó de subsidiar estas actividades marítimas y, sin el apoyo estatal esencial para mantener esos enormes barcos, los comerciantes privados concentraron su actividad en el comercio regional y el transporte en embarcaciones más pequeñas. A pesar de la reducción de la actividad marítima, China continuó siendo el motor económico de Asia, su robusta economía, sentó las bases asiáticas para que el océano pasara a ser un campo propicio para el comercio global.

La dinastía Ming (1368-1644) fue testigo de la transición hacia una “economía de la plata” a fines del siglo xv, este desarrollo se debió en parte a la política gubernamental, pues en la década de 1430, determinó la legalidad de la plata para el pago de impuestos, aunque la plata también contribuyó en gran medida al crecimiento de la economía y parece haber tenido un valor significativo no sólo como un respaldo económico para el estado sino también como medio de intercambio, lo cual elevó enormemente su precio.

En China más que en cualquier otra parte del mundo: entre 1540 y 1640, el valor de la plata era 100% mayor que en Europa. China tenia un cuarto de la población mundial y demandaba más plata  que la que le proveía Japón, esta demanda quedaría satisfecha por las minas de América. Entre 1500 y 1800, las minas del Virreinato de la Nueva España y del Perú produjeron cerca del 85% de la plata del mundo y entre 1527 y 1821, el 50% de este mineral extraído estaba destinado a China.

Todo este fenómeno dio nuevo impulso a la economía china y al comercio global en general. Cuando China moderó las restricciones al comercio marítimo en 1567, la demanda asiática de plata y el flujo global de lingotes aumentó tanto que se calcula que llegó a duplicarse casi instantáneamente. La consecuencia inmediata fue el surgimiento de un mercado al parecer inagotable para la supuestamente ilimitada producción de las minas de plata de México y Perú.

El movimiento de plata desde Acapulco hasta Manila, ciudad fundada en 1571 precisamente para administrar este comercio, impulsó una economía global construida sobre las rutas marítimas, tanto pacíficas como adán ticas. Sin la plata de las colonias españolas en América ni las medidas políticas de la dinastía Ming, que le agregaron valor comercial al intercambiarla por mercancías finamente fabricadas en China y, en menor cantidad, en la India, los europeos difícilmente habrían llegado a transformarse en mercaderes globales de tanto éxito.

Pero la plata pasó a ser la moneda del sistema comercial global y los europeos, sus bien remunerados intermediarios. Sin estos procesos asiáticos, las perspectivas de la colonización y el desarrollo de las Américas habrían sido menos prometedoras, ya que no habría habido inversiones públicas ni privadas para impulsarlos. Por consiguiente, el éxito de España en el nuevo mundo dependía, por un lado, de quitarles, el control de las minas de Perú y de México a los indígenas debilitados por las enfermedades, y, por el otro, de las economías asiáticas en expansión.

Irónicamente, el flujo de plata hacia China provocó la rápida urbanización y una especulación creciente en ese país, y la consecuente inflación hizo que dependiera aún más del flujo constante de ese mineral, lo cual puso a la dinastía Ming en una situación vulnerable ante las inevitables interrupciones del movimiento global de lingotes. La consiguiente inestabilidad económica y social parece haber contribuido a su derrumbe, ocurrido en 1644.