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Manifiesto del Partido Comunista. 1848

El Proletariado, del latín proles, que significa linaje o descendencia, es el termino utilizado para designar a la clase social que en el modo de producción capitalista, carece de control sobre los medios de producción y la distribución y se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para subsistir.

En la antigua Roma había estratos sociales, los patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía. El descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad.

Los mercados de la India y de China, la colonización de América, el intercambio de las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido y aceleraron, con ello, el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.

La antigua organización feudal o gremial de la industria ya no podía satisfacer la demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. El estamento medio industrial suplantó a los maestros de los gremios; la división del trabajo entre las diferentes corporaciones desapareció ante la división del trabajo en el seno del mismo taller.

Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.

La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas.

Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China. Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar el feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía.

Los proletarios no combaten, por tanto, contra sus propios enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos. A veces los obreros triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros

El pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino—, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios.

La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Han aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos.

La lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional.

La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros, su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.