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La guerra entre los partidos Liberal y Conservador, tuvo dos víctimas: México y Maximiliano I de Habsburgo, quién al aceptar el trono de México, estaba poseído de las mejores intenciones. Quería para su reino un Gobierno Monárquico parlamentario a semejanza al de Inglaterra, pues no en vano, el archiduque era muy amigo de la reina Victoria y particularmente del príncipe Alberto, rey consorte de Inglaterra.

Maximiliano era un hombre con carácter eminentemente liberal, soñaba con organizar dos grandes partidos: liberal y conservador y buscaba que ambos se turnaran el poder y aspiraba nada menos a que Benito Juarez ostentara la jefatura del Partido Liberal Monárquico de Mexico.

Sin duda le falto perspicacia, pues no supo comprender al pueblo mexicano, de mayoría analfabeta, sin tradición parlamentaria, hundido en la ignorancia, la miseria, la esclavitud y los vicios. El patriotismo mexicano nunca podría aceptar un sistema de gobierno que les fuera impuesto por la presión exterior y apuntalado por las bayonetas extranjeras.

No hay pueblo mas cordial y mas hospitalario en la tierra que el mexicano, pero también el mas acérrimo defensor del terruño cuando lo ven hollado por algún extranjero, a pesar de tener un carácter profundamente malinchista, los mexicanos toman consejos y pareceres ajenos, pero en la hidalguía, no hay quien les aventaje cuando un extranjero con aire de superioridad les señale el camino.

Maximiliano desconocía estas virtudes de los mexicanos, que si se hacen estimar por su desinterés y altruismo, han de ser temidos por su bravura y desprecio a la vida. Si en Mexico el extranjero sabe comportarse como tal, hallara amistad, holgura, preferencia sobre otros mexicanos e incluso hasta riqueza.

El archiduque era homosexual, un hombre frívolo, versátil, caprichoso, de ataques obstinados pero débil de voluntad, muy apegado al lujo de la Corte, aborrecía las molestias, no hacia honor a sus palabras si luego no le convenía. Maximiliano no conocía la justa medianía, como Juarez a quien trato de conquistar con promesas y adulaciones.

El fanatismo no admite razones, por la sencilla razón de que no las comprende, Benito Juárez tenia por su formación en manos de brillantes religiosos, una lucha espiritual terriblemente desconsoladora, sin embargo, poseía el don de la ecuanimidad para complementar sus (precarios) valores con su interpretación del liberalismo oaxaqueño.

El 25 de Octubre de 1865, Maximiliano escribió un mensaje por conducto de su Ministro de Guerra a todos los habitantes de Mexico, que tenia el firme propósito de hacer pesar sobre los criminales y bandoleros, todo el rigor inflexible de la ley. El 5 de Julio de 1866 fue obligado a abdicar y al estar firmando el documento, Carlota le arrebato la pluma de la mano desconsolada.

Benito, el niño que fue recogido de la calle por un cura, que encontró superación personal gracias a las mecenas y que fue educado en el seno de la santa iglesia católica apostólica y romana, no tuvo clemencia y siempre fue inflexible para evitar la ejecución del Emperador de Mexico, sediento de odio y poder, decía que el asesinato del archiduque era un acto de gran justicia.

Benito decía que pesaban sobre Maximiliano «responsabilidades demasiado sangrientas, veladas por la hipocresía», quería que el batallón de fusilamiento acabara con el Partido Conservador, en un acto que se enaltecía como patriótico al castigar a un príncipe extranjero filibustero fundador de cien cortes marciales. El trasfondo del asesinato del Emperador de México era la exterminación de un partido por el otro, Europa se estremeció por la brutalidad del zapoteca.