Frank Rinehart 4101517828_af5fa832cc_b

“Nadie codicia el vivir en este país por el mucho riesgo”
Lafora sobre Texas

El territorio del norte es agreste, el territorio de sur es fértil, en el norte hace frío, en el sur hace calor; la gente del norte se tiene que mover para buscar el calor, la gente del sur tiene el calor y no quiere moverse. Para el indio del norte, el yo es individual, aunque sin egoísmo, para el indio del sur es un yo social, aunque sin altruismo, de ahí que el norteño crea en la Independencia y el sureño solo cree en la Libertad.

Podemos deducir que la gente del norte es sobria, imperturbable, firme e inmutable y los hijos del sur son alegres, audaces, apasionados y comunicativos. El norteño vive en el aislamiento, desde temprano aprende a no contar más que consigo mismo, mientras que el sureño vive asociado y desde su tierna infancia se considera como miembro de un grupo y aprende a ayudar y a valerse de la ayuda ajena.

Las guerras de conquista demuestran que siempre se domina con más facilidad a los hijos de la llanura que a los de la montaña, y esto no supone únicamente los obstáculos de la naturaleza, sino al carácter independiente del montañes. Algunos grupos de la antigua Grecia, Suiza y las Asturias lo comprueban. Los indios del sur formaron sociedades de castas muy avanzadas que fueron sometidas fácilmente por su centralismo y estratificación; estaban acostumbrados al cambio de amos, a la inacción voluntaria y a la incapacidad de decisión individual.

Muchos de los pueblos que habitaron los territorios de México y Perú vivían principalmente en las montañas, su capital era el mundo, preferían desarrollar sus ciudades desde las alturas para no ser presa fácil de las invasiones y para poder divisar a la distancia cualquier amenaza. Las sociedades más avanzadas de América crearon sociedades basadas en la idolatría, el misticismo y la guerra, los que no se amalgamaron en torno a un poder central, eran llamados bárbaros.

La llamada conquista de México, es un mito, pues el territorio mexicano nunca fue conquistado por completo, hubo bastiones de guerreros que siempre tuvieron enfrentamientos con los españoles y nunca se dejaron someter. Los españoles los señalaban como vagos, que no querían beneficiarse de las oportunidades del medio para cazar y cultivar o aceptar el evangelio.

Las sociedades indígenas, luego de dos siglos de conquista, fueron descritas entonces como imposibles de reducir por la vía misional; de manera que la solución para proteger las zonas de penetración más frecuentes que utilizaban era hacerles la guerra desde sus dominios. Son frecuentes los señalamientos de la crueldad del indio del norte al hacer la guerra, lo que seguramente contribuía a aumentar la sensación de miedo.

La manera … que tratan a los vencidos, atenazándolos vivos y comiéndose la carne que les arrancan; flechándolos, y, finalmente, ejecutando cuantas crueldades son imaginables…”. Esta visión por supuesto justificaba la represión igualmente cruel. Las percepciones españolas sobre los chichimecas como gente “bruta” y “salvaje” eran parte de una reacción a un encuentro con un pueblo distinto, que vivía de la caza y la recolección.

En realidad, se trata de inversiones simbólicas y generalizaciones de actos violentos, las descripciones españolas que representan a los naturales como “bandidos naturales e indios salvajes” forman parte de una retórica de dominio para justificar la introducción del orden jurídico, la religión y el modelo civilizatorio español.

El ataque en los caminos era otro de los temores de los españoles y criollos, los indígenas normalmente aprovechaban los escarpados y montañas que les daba facilidad para ocultarse, asediar y escapar, contra lo cual muy poco o nada podía hacerse, más aún cuando adoptaron el caballo y las armas de fuego.

Los apaches, por ejemplo, a pesar de compartir rasgos culturales estaban divididos en muchas parcialidades, con infinidad de jefes, eran una misma nación, aunque con las denominaciones de gileños, garlanes, chilpaines, xicarrillas, pharaones, mezcaleros, natages, lipanes, etc., varían poco en su idioma y nada en sus armas, que eral el arco y flecha.

La efectividad de la monarquía para reducir o pactar con los indígenas de la región se veía limitada, ya no sólo por las debilidades de su política militar, sino también por la propia estructuración de la sociedad nativa que tenía muy diverso origen étnico: apaches, seris, pimas, comanches. etc.; los indios del norte eran personas errantes, no obedecían a un mando único y practicaron eficientes tácticas de guerra que dificultaron su conquista y sometimiento, no eran solamente libres, sino independientes.