pitonisa

La capacidad atribuida de adivinar el futuro es una creencia que se pierde en la noche de los tiempos, así como el culto al Sol, presente a todos los pueblos, indudablemente está asociada a la ansiedad que siente el ser humano por su futuro y por lo impredecible de la vida, dicha práctica está presente en todas las sociedades y culturas sin excepción alguna, del neolítico a nuestros tiempos.

Los Griegos usaban el oráculo que daba las respuestas del Dios a una pregunta personal, concerniente generalmente al futuro, como método de adivinación, Joseph Stalin recurrió a los servicios de Baba Vanga, Francisco Villa se valió de una adivina yaqui que decía ser adivina, a pesar del avance de la ciencia, los Masones, aún consideran a las predicciones, fundamentales para sus rituales, pues en general tratan de incidir en la vida material a través del simbolismo espiritual.

Las Pitonisas hacían predicciones descubriendo cosas desconocidas por medio de la magia y la interpretación de los signos de la naturaleza. En América todas las culturas hicieron uso de las predicciones, que se tornaron más convincentes cuando tuvieron conocimiento del movimiento celeste; los augurios predijeron a través de sabios, calamidades, guerras, intrigas, plagas, sequías, así como la llegada de los españoles. La cosmovisión mesoamericana era cíclica, por lo tanto predecible.

Los adivinos mesoamericanos decían tener espías por entre los animales, se creía que estos podían compartir su esencia con cada persona, una especie de «espíritu acompañante», aunque podrían también ser estrellas, fuego, cometas, arco iris, o una combinación de todos los elementos, el hombre es una extensión de la naturaleza y basta con escucharle para saber sus intenciones, el misticismo y la realidad se entrelazan con las leyes del universo.

Los Dioses mesoamericanos adoptan las formas de los elementos que se admiraban o temían y se tributaban de acuerdo a ritos preestablecidos para saciar calamidades y predecir el futuro, creían que los brujos se transmutan en las formas de un animal para lograr sus cometidos malévolos o para ser espías, era común que en la tortura se hiciera uso de bestias que decían representarles.

Es deseo natural de las personas de todos los tiempos, no solo saber del pasado y el presente, sino tambien del futuro, comenzaron pues a observar los astros, analizando el aspecto de los planetas para obtener las respuestas en el devenir de las cosas; ninguna ciencia en cuanto a ciencia engaña, pues esta es exacta, el engaño está en quien no sabe interpretar los elementos a su disposición.

Adivinos de culturas milenarias han creído en las predicciones de los astros, eran los mensajes de los Dioses, pero la velocidad de los cielos que se lleva tras de sí todas las estrellas del crepúsculo, así cambian las circunstancias y el destino, la vida es pues fortuita, impredecible e intempestiva, es la naturaleza de las cosas, sin embargo esta obsesión permanecía como una necesidad de control y poder, el temor al azar nos paraliza.

El adivino, ser conocedor de la ciencias prácticas se anteponía a las brujas que eran sagaces, los juicios de estos se basaban siempre en interpretaciones de lo más probable y los más experimentado, y aun así el sabio engaña, pues no solamente predice por la ciencia que sabe, sino también por sus premisas y conjeturas y como tiene experiencia de los casos pasados y noticia de los presentes, con mucha facilidad juzga el porvenir.

La poca experiencia de los aprendices de la ciencia predictiva juzga siempre a tiento y con poca seguridad y es que la ambivalencia de las circunstancias se contraponen, el ying y el yang, pues es menester de la experiencia saber que las buenas andanzas han de ser a costa de las desdichas, las cuales tienen jurisdicción y licencia por los buenos acontecimientos, pues debemos comprender que ni el bien es eterno, ni el mal durable.

La astrología se basa en el conocimiento de las causas del plano celeste y el de sus afectos sobre el plano terrestre, conjuga doctrina y experiencia sobre un sistema tradicional de interpretación. No se basta conocer las influencia, sino que hay que saber traducirlas; se debe afirmar lo que se piensa, para demostrar que lo que uno anticipa se basa en principios o reglas de indiscutible exactitud, para ser adivino es menester investigar, comparar y controlar para concluir.

Albert Einstein creía que el pasado y el futuro eran parte de una unidad existencial, decía que la separación entre pasado, presente y futuro es una ilusión convincente. El tiempo del universo está ligado en un flujo continuo de concatenación ubicua, y nuestra percepción es muy limitada, y lo que vemos, el tiempo que percibimos, es el resultado de cómo está construida nuestra percepción.

El tiempo es una ilusión, aludiendo a la concepción de la conciencia brahmánica, en la que un solo instante que se fractaliza en todos nuestros instantes, la información viaja constantemente en todos los tiempos y no la podemos percibir pues todos experimentamos el tiempo de manera distinta, los patrones inconscientes nos hacen repetir las cosas; para ser jóvenes y detener el tiempo, hay que hacer cosas nuevas, el futuro no se puede predecir con exactitud, pero este siempre rima con el pasado, pues ambos son la misma cosa.