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El tiempo está fuera de quicio.
Maldita suerte que haya nacido yo para ajustarlo!
William Shakespeare

Andrés Manuel López Obrador tenía 15 años cuando vió morir a su hermano José Ramón de 14 que se disparó accidentalmente con un arma, Andrés estaba frente a la caja registradora cuando escuchó el disparo, la escena sangrienta de la que fue el único testigo que presenció el acontecimiento y el último que lo vería con vida, cambiaría su vida para siempre. Los acontecimientos que derivaron en el fatal accidente se los llevará Andrés Manuel a la tumba y desde ese momento, el joven se volvió reflexivo y taciturno, un trauma muy grande que dictaría el rumbo de su destino.

El adolescente se refugió en los libros, la novela de León Tolstoi en La Guerra y la Paz, fue una inspiración muy grande, una novela que entremezcla la historia con la fantasía, también leyó a otro ruso, Fiodor Dostoievski, Crimen y Castigo, donde asociaba la culpa inconsciente de la muerte de su hermano con las vicisitudes que el protagonista sufría y remordimientos de culpa incesantes, por último leyó los diez tomos de la Historia Moderna de México, donde encontró su héroe, arquetipo y principal inspiración: Benito Juarez Garcia.

El inconsciente de López Obrador se encuentra plagado de estigmas, traumas y una voluntad irracional de poder, como refería Nietzsche, que era el fin último de su ambición y que es, lograr sus deseos reivindicando sus culpas, pasando a la Historia como Benito Juárez; su discurso mental es un guión pragmático de claroscuros, donde su persona representa la verdad, el bien y todo lo que es correcto y un enemigo o antagonista que está representado por todo aquel que se interponga en su voluntad y deseos.

Andrés Manuel ingresó a la prestigiosa Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, de 1973 a 1976, ahí fue donde conoció a Carlos Pellicer, un poeta y paisano suyo, que le inculcó no solo la hermosa retórica de un discurso poético de espejismos, sino el valor de la esperanza, que es la semilla más fructífera para alcanzar el poder. López Obrador aprendió también de analogías y simbolismos, del lenguaje subliminal de los arquetipos y signos, la semiótica del discurso poético.

«YO HABÍA PUESTO ENCIMA DE MI PECHO UN PEQUEÑO LETRERO QUE DECÍA: CERRADO POR DEMOLICIÓN Y AQUÍ ME TIENE USTED PINTANDO LAS PAREDES, ABRIENDO LAS VENTANAS, ADORNANDO LA MESA CON LA FLOR AMARILLA CON QUE PAGA EL OTOÑO SUS ENCANTOS»

El Poder era asequible en 1976 por medio de ascender políticamente en el partido de estado, el PRI, México se encontraba gobernado por José López Portillo, a quien Andres Manuel admiraba, la figura fuerte, popular, carismática y valiente del presidente era todo lo que el joven López Obrador anhelaba, por lo que se volvió militante, apoyando a su amigo, Carlos Pellicer en su candidatura al Senado, como pago, sería director del Instituto Indigenista de Tabasco.

En 1983 fue presidente estatal del PRI en Tabasco, el fin de su carrera política era llegar a la Presidencia de la República y en 1984 fue designado por el Presidente Miguel De la Madrid como Director de Promoción Social del Instituto Nacional del Consumidor, la ruptura con el PRI se dió cuando le fue negada la posibilidad de convertirse en Gobernador de su estado natal, hasta ese momento el ferviente priista se convertiría en un cáncer que se contrapone por medio del odio y la retórica.

Andrés Manuel López Obrador nunca tuvo una visión de partido o equipo, el núcleo fundamental de su pensamiento siempre ha sido él y su voluntad de expiar sus culpas, la traición y deslealtad, que es innata en la política, hace de él, un digno representante, pues a los partidos y personas que en un momento apoyaron para su causa, no solo les desconoció, sino que luego de usarlos como trampolīn, los desechó, tal es el caso del PRI, el PRD y EPN.

El Neoliberalismo era la doctrina económica de moda en la década de los ochentas, la llegada de esta vertiente al PRI, como solución a la crisis del populismo, hizo que el partido se dividiera en dos grupos: estatistas y neoliberales; López Obrador se unió a los estatistas y posteriormente el sector que se vinculaba con el pueblo de México, el estado regulador, controlador, paternalista y protector se emancipó del PRI para formar un nuevo partido con priistas de la vieja guardia, que idealizaban la izquierda del nacionalismo revolucionario.

El Neoliberalismo era el enemigo de Andrés Manuel en la década de los ochentas, así como la corrupción imperante; durante el arduo camino a su destino, conoció todos los municipios de Mexico, una noble obra que no tiene comparación alguna, su discurso retórico lleno de matices y esperanza, donde un enemigo se cierne sobre la felicidad del pueblo y sus culpas, hicieron que el pueblo de México, los desposeídos y marginados, se hipnotizaran con su proyecto.

Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia en 2018, un hombre bastante sabio, que aparenta mayor edad de la que tiene, un idealista conocedor de la psicología del mexicano, de sus expresiones, gestos, ideales, intereses, diariamente sale a dar la cara, imitando a esos mexicanos que conoció en su trayecto y le marcaron, muchos se ven a sí mismos en su persona; enfrenta con gesticulaciones y asentamientos a sus adversarios, un brillante lenguaje corporal es su mejor arma para defender el proyecto, que gestó durante décadas de infortunios, mientras transitaba por  los arduos caminos de México.

El cambio de percepción es la principal estrategia de su mandato, así como el uso de instrumentos de retórica poética y semiótica en su discurso político, posicionarse en los medios para tener vigencia y por ende poder. Llevar el rumbo del país por el camino que le iluminaron en los libros de Historia: abrazos, no balazos, la frase que trajo la paz por el pacto de Iturbide y Guerrero, para acabar con el enemigo del PRI, el neoliberalismo y sus representantes, quienes son los culpables de su ascenso.

El vertiginoso ascenso y el poco tiempo disponible para transformar a México, como lo desea, lo plantea con los mecanismos de Benito Juárez, que traicionó a quienes le apoyaron y buscó siempre premiar y enaltecer la virtud de quienes predicaban el evangelio y con su ejemplo lograron cambiaron a sus seguidores, el ejemplo como doctrina, busca sembrar en la juventud, las semillas del patriotismo, la libertad y todas las demás virtudes.

En algún momento acudí a un mitin de López Obrador y dijo: «No le han quitado ni una pluma a nuestro gallo», preguntando el candidato a la multitud, quién había dicho esa frase, (yo era muy joven y me encontraba a sus pies) y le contesté: Juarez!!, siendo yo el único que le respondió, me vió, sonrío y asintió con la cabeza. El Presidente López Obrador, el hombre, cuya su obsesión por llevar la paz a cada rincón, con un pacto, como en la Independencia y recuperar el estatismo priista de los setentas, lleve a su irracionalidad y obsesión a seguir los pasos del Presidente oaxaqueño, que pasó a la Historia por sus hazañas y murió en su residencia de Palacio Nacional.