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En 2003 se encontró en Teotihuacán un acceso al inframundo, una representación artificial con ríos, valles y montañas. Había minerales en la bóveda que simulaban las estrellas y mercurio en pequeños canales que eran los rios, las montañas fueron talladas en los costados, había pelotas de caucho y unos muñecos que nos daban la bienvenida:

Xibalbá, el Señor del Inframundo escuchaba a unos jóvenes divertirse mientras jugaban el juego de pelota,“¿Qué está pasando en la superficie de la tierra? preguntó, -solo están pisando fuerte y gritando, dijo el búho: Que vengan aquí, a jugar a la pelota conmigo, los derrotaré, pues por su arrogancia no me han honrado, y por cómo celebran y gritan, estos jóvenes no tienen honor ni respeto.

Pero los Señores del inframundo admiraban mucho a los hermanos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, que eran diestros jugadores del juego de pelota, por lo que les mandaron llamar, para que jugaran con ellos, pues querían divertirse un rato. Les indicaron que trajeran sus cosas para jugar, sus guantes, anillos prendas y pelotas.

Enviaron a los mensajeros de Xibalbá, que eran buhos. sus nombres eran: Chabi-TucurHuracán-TucurCaquix-Tucur y Holom-Tucur; llegaron a donde estaban jugando los hermanos y les dieron el mensaje, debían de presentarse ante los Señores para jugar con ellos y debían de acompañarlos junto con todo lo que necesitaran para el juego.

Los hermanos no creyeron al principio pero aceptaron, pero antes decidieron ir a su casa a despedirse de su madre; el padre de los muchachos había muerto recientemente, por lo que dijeron a su madre que Xibalbá había enviado unos mensajeros y era su voluntad que fueran al inframundo a jugar con el.

Los hermanos dejaron su pelota de caucho con su madre y prometieron regresar para volver a jugar y los mensajeros le dijeron a la mujer que se ocupara de tocar la flauta cantar, de pintar, de esculpir y de amar a su madre, pues sus hijos iban al Inframundo con Xibalba.

Los hermanos se despidieron de su madre y esta se echó a llorar, prometieron volver, pues aún no habían muerto, desconsolada, no tuvo remedio que aceptar la voluntad de los Dioses. Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú fueron guiados por  los mensajeros, quienes los llevaban por el camino.

Al llegar a la entrada del inframundo, fueron bajando por el camino de Xibalbá, por unas escaleras muy inclinadas; bajaron las hasta que llegaron a la orilla de un río que corría rápidamente entre barrancos escarpados, y pasaron por ellos.

Luego de pasar por el río, pasaron por un camino repleto de jícaros espinosos, estos eran innumerables, pero ellos pasaron sin lastimarse.

Luego llegaron a la orilla de un río de sangre y lo atravesaron sin beber de sus aguas, luego llegaron a otro río solamente de agua y no se dieron por vencidos. Siguieron adelante hasta que llegaron a donde se juntaban cuatro caminos y allí fueron vencidos, en el cruce de los cuatro caminos.

De estos cuatro caminos, uno era rojo, otro negro, otro blanco y otro amarillo. Y el camino negro les habló de esta manera: –Yo soy el que debéis tomar porque yo soy el camino del Señor. Así habló el camino.

Siguieron entonces el camino negro, el camino de Xibalbá y cuando llegaron a la sala del consejo de los señores de Xibalbá, ya habían perdido la partida del juego, sin saber que jugaban mientras caminaban por los caminos.

Al final del camino se encontraron varios muñecos sentados, hechos de madera, arreglados al gusto de de Xibalbá. Los muchachos les saludaron a –¿Cómo estáis, Hun-Camé?, le dijeron al muñeco, –¿Cómo estáis, Vucub-Camé?, le dijeron al hombre de palo. Pero éstos no les respondieron.

Los señores de Xibalbá soltaron la carcajada al ver esto, les observaban desde la oscuridad y todos los demás Señores se pusieron a reír ruidosamente, porque sentía que ya los habían vencido, que habían vencido a Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. Y seguían riéndose, con una risa perversa y estruendosa.

HAHAHAHAHAHAHAHA

Luego hablaron los muñecos Hun-Camé y Vucub-Camé: –Muy bien, dijeron. Que bien que ya llegaron, preparen su máscara, sus anillos y sus guantes, pero antes sientate en nuestro banco, pero el banco que les ofrecían era de piedra ardiente, se sentaron y se quemaron las nalgas.

Los Señores de Xibalbá se echaron a reír de nuevo, se morían de la risa; se retorcía del dolor que les causaba la risa en las entrañas, al verlos como gritaban con el trasero quemado, riéndose todos los Señores por un largo rato.

Cuando se cansaron los mandaron a dormir a una casa oscura donde no habia mas que tinieblas, mientras tanto, los señores de Xibalbá discurrían lo que debían hacer:  Sacrifiquémoslos mañana, que mueran pronto, para que sus instrumentos de juego nos sirvan a nosotros para jugar, dijeron entre sí los Señores de Xibalbá.

Xibalba tenia un ocote de hueso, puntiagudo y afilado, muy duro, mando a que le dieran a los hermanos un ocote a cada uno y un cigarro; los chicos estaban en cuclillsa cuando llegaron los mensajeros, abrieron la puerta de la casa y se alumbro con el ocote que resplandecia brillantemente.

La casa de castigo de Xibalba, era uno de los lugares de tormento, se acabaron los cigarros y el ocote; en el inframundo nunca amanecia, pero a la noche siguiente entraron los mensajeros a recoger el ocote y los cigarros y dijeron que se los habian acabado.

El mensajero dijo, –Está bien. Hoy será el fin de vuestros días. Ahora moriran. Serán destruidos, los haremos pedazos y aquí quedará oculta vuestra memoria. Seran sacrificados, dijeron Hun-Camé y Vucub-Camé. En seguida los sacrificaron y los enterraron, antes de enterrarlos le cortaron la cabeza a Hun-Hunahpú y enterraron al hermano mayor junto con el hermano menor.

–Lleva la cabeza y ponedla en aquel árbol que está sembrado en el camino, dijeron Hun-Camé y Vucub-Camé. Y habiendo ido a poner la cabeza en el árbol, al punto se cubrió de frutas este árbol que jamás había fructificado antes de que pusieran entre sus ramas la cabeza de Hun-Hunahpú, que se convirtió en jícaro.

POPOL VUH