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Tollan fue la capital del imperio más poderoso de mesoamérica que dominó desde el centro de México durante seis siglos, una ciudad en ruinas descubierta por los aztecas, quienes al llegar a esta zona aproximadamente en el 1300 d.c. fueron quienes le dieron el nombre de Teotihuacán, que significa, ciudad donde nacieron los dioses.

Otros nombres con los que se refiere a la ciudad es a Teo uacan o «ciudad del sol», nombre dado por arqueólogos mexicanos, sin embargo relaciones en sus contemporáneos zapotecas y mayas se referían a la ciudad como Tollan o «el lugar de los tules» o Ah Puh, «ciudad de los hombres sabios».

Cuando los olmecas desaparecieron del golfo de México se generó una especie de vacío en cuanto a la civilización. Fue entonces cuando pequeñas poblaciones se fueron asentando en la zona para ir poblando diferentes regiones de Mesoamérica.

Se establecieron cerca de ricas vetas de obsidiana, misma que explotaron para la guerra,  se intensificó su transporte, comercio y distribución llegando a gran parte de Mesoamérica, esta era vital para el control de los pueblos periféricos, quienes eran obligados a rendir tributo.

En Tollan se hablaba náhuatl antiguo, antecesor al lenguaje de los toltecas y mexicas, los teotihuacanos o tollanos son herederos de los olmecas y sus símbolos de poder, fascinaron a las culturas predecesoras, quienes se los copiaron y reprodujeron tal como los romanos a los griegos, así pues Teotihuacan fue la Grecia de Mesoamérica.

Tollan era una imagen idealizada de un reino maravilloso, la entraña donde había nacido la humanidad, la casa de los dioses, el eden, el arquetipo del poderío militar, la cuna de las artes y las ciencias y la sede de un gobierno sabio, era la cima de las más altas virtudes humanas.

Los Dioses de Tollan se esparcieron por Mesoamérica y florecieron en ella, Tlaloc, Chalchiuhtlicue, Huehuetéotl y Xipe Tótec; el panteón de los dioses teotihuacanos permanece en la historia colectiva de sus regiones, formando parte del imaginario cultural de los países que atesoran y consagran su espíritu a esta herencia religiosa.

Los fundadores de Tikal, Kaminal Juyú y Copan referían ser descendientes de la nobleza de Tollan, por lo que son referidos como la continuidad del Imperio que se bifurcó en muchas ramas sembrando su ideología en otros pueblos, misma que creó un sincretismo evolutivo con la cultura maya, Quetzalcóatl se convirtió en Kukulkan, el dios serpiente ataviado con plumas, simbolo supremo de estatus.

Desde el comienzo de nuestra era, la capital multiétnica de la meseta central, sirvió como un gran centro religioso y un centro para la producción y el consumo artesanales. Para el año 200 DC, Tollan entró en una fase de expansión, que tomó diferentes formas dependiendo de la calidad de los recursos y la importancia política de las regiones particulares a las que se extendió su influencia.

Hay pruebas de su influencia en la iconografía de su cerámica, en El Mezquital- Los Azules en Guanajuato, el comercio y su legado, era una emanación de los vecindarios de Teotihuacan y estaba integrada en su tejido social de los pueblos circundantes como una sola civilización, pero en constante evolución.

La ciudad fue proyectada como una ciudad grandiosa, sus arquitectos quisieron reproducir la equilibrada armonía del cosmos, seguía el movimiento del sol, que regulaba el flujo del tiempo, el dios perpetuo de todas las culturas, se imitaba pues el mito cosmogónico.

El axis mundi, era el centro de su mundo, donde convergen los dioses y los hijos del Sol y de la Luna, se mantiene el orden cósmico con los sacrificios y ceremonias y su eje vertical unía los poderes germinales del inframundo, un lugar ceremonial donde se jugaba el juego de pelota, hacian sacrificios, ceremonias, sepulcros y había arroyos de mercurio.

En la cima del inframundo yacían los procreadores del cielo, los representantes de los Dioses disponían de un cuerpo animado para hacer cumplir los designios divinos, la sangre que era el fruto de la vida atraía agua y saciaba las calamidades, se alcanzaba el equilibrio y se podía leer el futuro; en la urbe, una interconexión entre ambos mundos yacia el poder político, la riqueza y la civilización.

En su esplendor hacia el Siglo IV, habia mas de 200,000 habitantes, en torno a Tollan se construyeron más dos mil conjuntos habitacionales, la ciudad estaba dividida en cuatro cuadrantes, divididos por su avenida principal, la Calzada de los Muertos.

Edificios de cal pintados de colores cuyos muros estaban decorados con mica procedente de Oaxaca fueron utilizados en las partes bajas de los muros, misma que se usaba en las rodelas que decoraban incensarios. En la periferia había complejos residenciales de habitantes, que se dedicaban a las artes y el comercio; característica primordial de ellos, es la presencia de patios con altares a sus dioses.

Los murales de Tollan se basan en la simetría y la repetición, un cruce de lazos que forman numerosos rombos, sobre el entramado representaciones de la guerra y el sacrificio, abundantes corazones sangrantes, sin duda estas actividades permitían continuar con el orden establecido, con la armonía del entramado vital de la clase gobernante, donde el orden preserva el poder, por medio de la sangre.