pizarro

 

La conquista del Perú, auspiciada oficialmente por la Corona en la Capitulación de Toledo, fue, en esencia, una iniciativa privada, financiada y dirigida por Francisco Pizarro y sus socios. Los primeros soldados para realizar la empresa fueron reclutados en Panamá y en Trujillo de Extremadura, tierra de la familia Pizarro.

Castellanos, extremeños y andaluces, en su mayoría, estos aventureros no eran ni aristócratas ni gente ilustrada, sino jóvenes guerreros, algunos de ellos pequeños hidalgos, que no tenían medios económicos y que habían pasado al Nuevo Mundo con la ilusión de encontrar grandes riquezas y vivir nuevas aventuras.

Pedro Cataño tenía 17 años cuando fue reclutado por Francisco Pizarro en su viaje a Trujillo en 1520. Originario de Trujillo, Extremadura, participó activamente en la conquista de Perú, pues estaba entusiasmado en las promesas de gloria, riqueza y nobleza que le prometía el conquistador, al seguirle;  Cataño sobresalió desde el principio porque tenía formación militar, además de su valentía y juventud.

Cuando llegaron al Tawantinsuyo, tierra que de alguna forma reflejaba la que pintaban las fabulosas novelas de caballería y que algunos cronistas llegaron a comparar con el Imperio Romano, los soldados se llenarian de increíbles botines de oro y plata, especialmente los recaudados en Cajamarca, Pachacamac y Cuzco

Una de las misiones de los conquistadores, en especial de Pizarro era la de fundar un pueblo de cristianos, por lo que fundó la primera ciudad española en América del Sur fue fundada por Francisco Pizarro y la llamó: San Miguel de Tangarará; ubicada en una campiña sembrada de algarrobos a la diestra del río Piura, el 15 de julio de 1532.

El lugar que ocupó la villa, era gobernado por el cacique Tangar Arac y allí se erigió el primer templo cristiano, donde el cura que les seguía, Valverde ofició su primera misa e inició el proceso de evangelización. Se nombró primer alcalde a Blas de Atienza; contador a Alberto Navarro, y tesorero a Alfonso Riquelme, y se constituyó así la primera municipalidad de lo que sería el Virreinato del Perú.

En el ejército de Pizarro llevaba un mulato libre originario de Extremadura y viajó con su mujer y sus hijas. Era pregonero y gaitero y su trabajo era pesar los metales que tomaría el ejército para repartirlo equitativamente. Más tarde el negro compraría una esclava indígena con la que nacería la primera negroide del Perú.

Residió en Cuzco, donde colaboró en su reforma urbana, pero luego se trasladó a Lima con la idea de regresar a España. Lo hizo en 1536, de forma triunfal, estableciéndose en la zona donde había nacido y adoptando el nombre de Juan García Pizarro. No se sabe la fecha de su fallecimiento.

Una vez fundada San Miguel de Tangarará, el ejército pizarrista partió en busca de Atahualpa. A su paso, observaron con asombro la destreza del trabajo incaico en los templos, plazas y caminos. El inca tenía su campamento en las termas de Cunoc en Cajamarca, conocidas como los Baños de Inca. Mientras este esperaba la llegada del vencido Huáscar, los 62 españoles a caballo y los 106 de infantería avanzaron hasta la ciudad.

El 15 de Noviembre de 1532. Pizarro envió a Hernando de Soto como emisario frente al inca para invitarlo a un banquete y así apresarlo. El inca, con sus miles de hombres, jamás pensó que sería derrotado. El ejército español oculto, esperaba la entrada del inca a Cajamarca. Al llegar este, el fraile Vicente de Valverde salió a su encuentro con una cruz y Biblia, pidiéndole que se convirtiera al cristianismo.

El joven Pedro Cataño describiría el evento:
‘e salió un fraile dominico que estaba con el Gobernador a hablarle de su parte, que el Gobernador le estaba esperando en su aposento, que le fuese a hablar, y un fraile le dijo que los cristianos eran sus amigos, y que el señor Gobernador le quería mucho, y que entrase en su posada a verle»

Sin comprender de qué se trataba esto, Atahualpa tiró el libro al suelo, desatando la ira y temor del fraile y el ataque español. Aunque los incas los sobrepasaron en número, la eficacia de las armas y el espanto producido por sus caballos los llevaron a la victoria. Atahualpa fue apresado. Los españoles saquearon la ciudad y tomaron cientos de piezas de oro ubicadas en los templos.

Percatandose del afán de riqueza de los conquistadores, Atahualpa ofreció a Pizarro  una habitación llena de oro y dos de plata, a cambio de su libertad. Aceptada la oferta, las piezas fueron llegando desde todo el imperio. Tal era la riqueza de Pizarro, autorizado por Atahualpa, envió emisarios a Cusco y Pachacamac para terminar el saqueo de las ciudades incas.

Aunque no se tiene certeza del momento exacto de su muerte, se afirma que, mientras Atahualpa estuvo cautivo, mandó asesinar a su hermano Huáscar en el camino hacia Cajamarca para evitar un pactos con los españoles que pudieran perjudicarle.

Atahualpa seguía siendo una amenaza para los españoles pues, a pesar de estar cautivo, sabían que aún mantenía el poder. No solo había mandado matar a Huáscar sino que se rumoreaba sobre un posible levantamiento indígena. Temeroso de su poder, Pizarro lo sentenció a morir en la hoguera, acusándolo de asesinato.

Atahualpa llegó cargado como inca en una litera por sus súbditos.Pizarro se dirigió a caballo hasta el inca y soldados españoles cortaron las manos de los súbditos que  portaban la litera de Atahualpa para obligarlos a dejarla caer y poder alcanzarlo. Los españoles estaban sorprendidos porque los asistentes ignorando sus heridas, y con sus miembros todavía sanos, sostuvieron la litera hasta que varios de ellos fueron matados y la litera volcó.

Atahualpa permaneció sentado en la litera mientras que un gran número de asistentes se apresuraron a colocarse entre la litera y los españoles, dejando que los españoles los mataran. Mientras sus hombres mataban a los indios, Pizarro cabalgó entre ellos hasta donde un soldado español de a pie había extraído a Atahualpa de la litera.

Mientras que sucedía esto, otros soldados también alcanzaron la litera y uno de ellos intentó matar a Atahualpa. Reconociendo el valor de Atahualpa como prisionero, Pizarro lo defendió y fue herido en una mano con una espada. Pizarro sabía que los incas momificaban difuntos, por lo que decidió quemarlo, antes de esto Atahualpa aceptó ser bautizado para que cambiase su pena por la del garrote. Murió entre Junio y Julio de 1533.  Los cronistas dicen que fue enterrado en la iglesia, pero que, unos días después, su cuerpo desapareció.

En el decreto de la muerte del inca 50 espanoles se revelaron, encabezados por un joven Pedro Cataño soldado de a caballo de 21 años sacó su espada y reto a Pizarro a un duelo defendiendo la vida de Atahualpa, astuto como siempre Pizarro se alió con Diego de Almagro e hizo pregonar otro decreto junto con el mulato Juan García. Pedro fue el único   español que intercedió por el Inca y se opuso siempre a su ejecución, lo que le costó estar con grilletes varios días y amenazado de muerte por algunos soldados españoles al considerarlo un traidor.