El enjuiciamiento de Francisco Madero y José María Pino Suárez fue un acto patriótico ocurrido dentro del Golpe de Estado al mando del General Victoriano Huerta. México se encontraba inmerso en una guerra civil sangrienta originada por las ambiciones personales del espiritista Madero y los intereses económicos de los Rockefeller en el petróleo mexicano.

José Victoriano Huerta Márquez nació el 23 de marzo de 1854 en Colotlán, Jalisco. Cuando tenía 15 años el General Donato Guerra visitó su pueblo y el ambicioso adolescente le pidió trabajo; Huerta era tan dedicado a la escuela que era de los pocos que sabían leer y escribir, por lo que fue contratado como secretario particular del Gobernador de Jalisco.

El Gobernador expidió una carta de recomendación al dedicado Huerta para estudiar en el Colegio Militar donde igualmente sobresale por su valentía y dedicación por entre sus compañeros, que el Presidente Juárez, se vio reflejado en el, por lo que le dedicó unas palabras personales en una ceremonia:

«De los indios que se educan como usted, la patria espera mucho.»

Huerta fue un estudiante brillante en la academia militar y más tarde suprimió muchas revueltas sin contemplación, sin embargo y como al principio ascendió en su carrera militar gracias a sus conexiones con el General Bernardo Reyes, Secretario de Guerra y Marina de Porfirio Díaz.

El General Huerta en su carrera militar, estaba convencido que para obtener mejor disciplina y mayor espíritu de corporación, cada cuerpo del ejército debía ser integrado por cuatro escuadrones de cien hombres, con su personal competente de jefes y oficiales, que fueron seleccionados con toda escrupulosidad.

Tras la renuncia de Porfirio Díaz, Francisco Madero es elegido presidente, y aunque sabía que era de la guardia porfirista, sabian que no era completamente leal, pero necesitaba sus conocimientos militares por lo que le ordenó que asesinara a Pascual Orozco, Emiliano Zapata, Bernardo Reyes y Félix Díaz, quienes eran los principales opositores al régimen maderista. Siguiendo las órdenes, Huerta derrotó a Orozco, fue incapaz de parar a Zapata, y se unió al bando Reyes-Díaz, después de la muerte de Reyes.

El 19 de febrero, los generales Huerta y Díaz se reunieron con el embajador Henry Lane Wilson en la embajada de Estados Unidos para elaborar el Pacto de la Embajada. Los dos acordaron reconocer a Victoriano Huerta como presidente interino, el sobrino de Porfirio Díaz, Felix se postularía para presidente con el apoyo de Huerta en 1914.

Una noche Gustavo el hermano del presidente Madero, entró sin previo aviso a la oficina presidencial con Victoriano Huerta y lo amago con una pistola, lo acusó de haberle seguido la pista y de conspirar en contra del gobierno de México, en la pasteleria El Globo, le puso el arma en la sien.

El presidente Madero miró fijamente a Victoriano Huerta, que estaba imperturbable y negó todo en una actuación magistral. Los espíritus le habían comunicado a Francisco que debía perdonarlo y no sacrificarlo, por lo que le reafirmó su confianza y Huerta su lealtad: «General Huerta, le reitero que estamos en sus manos», dijo acto seguido, Gustavo bajó la pistola.

Francisco I Madero incurrió en un nepotismo magnificente al nombrar a su hermano Diputado Federal y asesor principal en el Gobierno de la República, además de nombrarlo embajador en Japón antes de su muerte. La osadía de Gustavo Madero de apuntar con una pistola a Huerta le costaría la vida, el 18 de Febrero de 1913, después de desayunar en el finísimo Restaurante Gambrinus, fue aprehendido y llevado a la Ciudadela, por órdenes del General Huerta.

Los soldados golpearon, torturaron y sacaron los ojos a cuchillazos, antes de darle el tiro de gracia frente a la estatua de Morelos, que era el altar donde se le daba en sacrificio; más tarde en ese mismo día, el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez fueron asesinados como perros, matados en caliente antes de llegar a Lecumberri y es que los traidores a la Patria no tienen cabida ni en la más pútrida cloaca.

La noticia de los asesinatos indignó a la nación. Muchos, incluidos Pancho Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, y norteños como Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, se rebelaron contra Huerta, a quien apodaron “El Usurpador”. Debido a los asesinatos y su claro encubrimiento, muchos en el extranjero comenzaron a cuestionar la legitimidad de Huerta.

Huerta entró ese mismo día al Palacio Nacional, fue recibido con honores militares y saludaba con firmeza, firmó el documento que lo nombró General en Jefe a cargo del Poder Ejecutivo. Victoriano Huerta se convirtió en Presidente y todos los gobernadores, a excepción de Venustiano Carranza de Coahuila, lo reconocieron como tal. El 21 de febrero, la Corte Suprema e incluso Carranza, habían aceptado al nuevo presidente de México.

En uno de sus discursos a la nación, el Presidente Huerta señaló lo siguiente:

«Yo, el último de los hijos del pueblo; declaro solemnemente que soy liberal; pero digo también que soy extraordinariamente religioso, y recurro a esa fuerza, señores, porque creo que el nombre de Dios es un elemento poderoso para darnos fe y para darnos fuerza, no solamente morales, sino físicas.»

El camino fue muy difícil para Huerta pero por su valentía, coraje y  obediencia inquebrantable, ascendio a coronel,  por su sinceridad innata, procuraba siempre decir la verdad, salvo cuando Francisco Madero le perdonó la vida, sin embargo en su carrera como militar entendió pronto que la tortura del enemigo es el común denominador de los hombres de bien.

El arma más poderosa de Huerta y que lo arrancó de la pobreza fue su disciplina. La astucia, siempre nos llevará a límites inalcanzables, el 18 de Febrero de 1913 el General Victoriano Huerta subía por la escalinata de Palacio Nacional como Presidente mirando hacia arriba, como siempre lo había hecho desde niño, cuando era campesino en Colotlán.