Las dos grandes revoluciones de principios del siglo XX fueron la Mexicana de 1910 y la Rusa en 1917, la primera dio origen al PRI y la segunda a la URSS; esta llegó a ser la segunda potencia mundial, irónicamente ambos entes políticos duraron poco más de 70 años; en Rusia ya derribaron a los héroes bolcheviques y en México se sigue enalteciendo a los revolucionarios, pero se reniega de su fruto predilecto, el PRI, al que le achacan todos los males.

Si los mexicanos tuvieran consciencia Francisco Madero sería borrado de los anales de la historia y en contraparte se insiste en culpar a Porfirio Díaz y un gobierno de treinta años, por los errores de tres siglos. Si el General es culpable de algo, es de haber envejecido y de perpetuarse en el poder en contra de los ideales que él mismo pregonó en el plan de Tuxtepec, sobre la paz forzada se explica a detalle en otro artículo.

Debemos tratar de ver siempre, la pintura completa, la vida y obras de Porfirio Díaz no caben en el concepto de «dictador«, que es una acusación perversa del nacionalismo revolucionario. Recordemos cuánto tiempo gobernó Stalin?, Cuánto tiempo gobernó el Kaiser de Alemania Guillermo II?, Cuanto tiempo gobernaron los Reyes de España? debemos analizar bien el contexto histórico.

Porfirio Díaz está muerto, Madero y su revolución triunfaron, ya hay democracia, yo solo quiero saber cuando las clases populares han gozado de los beneficios tangibles del discurso revolucionario de justicia social?

La lucha de clases siempre será justificada si es bien habida y encausada hacia fines concretos; el problema de siempre no es solo el gobierno, la corrupción, las prácticas antidemocráticas o el capitalismo, sino la gran masa estática de población rural, inmóvil e inamovible, sumergida en la ignorancia, la tradición y la superstición, que espera soluciones inmediatas a problemas perpetuos y se victimiza para justificar su discurso de la inercia.

Porfirio Díaz Mori era un militar octogenario y cansado que había gobernado México por más de tres décadas, México se encontraba en su mejor momento desde la independencia, había paz, orden y progreso social, el peso mexicano equiparaba al dólar, sin embargo desde Washington se augura una lucha por el poder tras la cercana muerte del General Díaz.

Porfirio Díaz siempre ambiciono un mejor futuro para México con prosperidad y respeto internacional, la política económica liberal llevada a cabo por el Secretario Limantour trajo inversión extranjera, industrias internacionales y mejoras en infraestructura al país que trajo la anhelada paz y estabilidad.

Desde la década de 1880 había comenzado la transformación de México; paralelamente la parte final del siglo XIX ha sido identificada como la era del SPREAD-EAGLEISM, un periodo en el que la ambiciones estratégicas y comerciales de Estados Unidos en el Caribe y América central se transformaron en una afirmación agresiva y con plena confianza de la hegemonía americana.

En Washington había una notable renuencia por parte del gobierno mexicano a lanzar la llamada Doctrina Díaz, paralelo mexicano de la Doctrina Monroe, y en la que se elegía la discreción diplomática consciente de los peligros implícitos de oponerse a los Estados Unidos. En palabras del Presidente Taft se expresaba la preocupación por el envejecimiento del General y la lucha subsecuente por el poder.

«Los americanos tienen alrededor de $ 2,000,000 de capital invertido en México, y es inevitable que en caso de una revolución o conflicto interno interfiramos al respecto y sinceramente espero que la vida del General se extienda más allá de la mía, porque el problema que se presentaría sería de la mayor dificultad..»

La creciente oposición de los intereses comerciales ante el claro favoritismo del régimen mexicano por las compañías no estadounidenses, quedó demostrado al otorgar contratos gubernamentales importantes como concesiones petroleras y ferrocarrileras al británico Pearson; Diaz pensaba que aliándose con el enemigo histórico de los americanos fincaria su lealtad para con México, pero olvidaba que estaban emparentados y por ende han sido aliados siempre.

La reunión de los presidentes Díaz y Taft en la frontera en Octubre de 1909 fue una manifestación ostensible de la salud de las relaciones diplomáticas pero ocultaba tensiones serias entre ambos países. William Taft le recordó a Díaz todo el apoyo que los Estados Unidos le han brindado a México desde el gobierno de Benito Juárez:

“y ha cambio de esto los Estados Unidos han sido siempre pospuestos en los negocios de México, y así vemos que las grandes empresas en manos de los Signoret, de los Tron, de los Aymes, de los Pugibet, de los Veyan y otros. Las haciendas son de españoles. La Compañía Petrolera El Águila, sólo tiene de mexicana el nombre; son fuertes interés de Inglaterra los que la han formado. La Casa Pearson ha sido un enemigo declarado de nosotros. Y como si no fuera bastante, con la ayuda de esa casa se ha terminado el ferrocarril de Tehuantepec, con alcances que no podemos prever. Este es un ataque directo al Canal de Panamá” (sic),

También le expuso sus temores de que Inglaterra quisiera expandirse desde Belice hacia Yucatán y Campeche, por el oeste, y hacía América Central por el sur; de que Alemania empezará a ejercer influencia sobre Brasil, Chile y Venezuela, y de que Japón pretendiera dominar el Pacífico apoderándose de Hawaii y Baja California.

En marzo de 1908 la revista británica Pearson’s Magazine publicó una entrevista de su reportero James Creelman con el presidente Porfirio Díaz, que había tenido lugar unos meses atrás en el Castillo de Chapultepec. Creelman vino a México para entrevistar a Díaz mostrando la preocupación de los estadounidenses.

Dicha entrevista fue usada como excusa por la oposición al régimen pues Díaz había expresado su deseo de dejar la Presidencia para dar paso a la alternancia. El opositor Francisco I Madero tras alcanzar un alto nivel de popularidad en las elecciones de 1910 fue encarcelado en San Luis Potosí bajo los cargos de conato de rebelión y ultraje a las autoridades.

Luego de fugarse de la ciudad de San Luis Potosí, llega a San Antonio, Texas donde se reúne con su esposa, Sara Pérez. Ahí mismo se reúne con los principales líderes de los movimientos texanos, entre ellos, Juan Sánchez Azcona, Aquiles Serdán, Enrique Bordes Mangel, Federico González Garza y Miguel Albores. Madero es financiado por los Rockefeller y emisarios del gobierno de los Estados Unidos, otorgando un préstamo para la compra de armas para el movimiento.

La Revolución Mexicana fue orquestada desde Texas llamando al pueblo mexicano a las armas el 20 de Noviembre de 1910. Porfirio Díaz presentó su renuncia y el 31 de mayo de 1911, partió del puerto de Veracruz rumbo al exilio en Francia.

Se llamaron a elecciones federales y Madero obtiene una apabullante victoria, sin embargo demostró en poco tiempo que no era capaz de gobernar México ni poner fin a una guerra que él mismo había iniciado. Para proteger los intereses estadounidenses el embajador pacta con Victoriano Huerta el asesinato del Presidente y el Vicepresidente Pino Suárez el 22 de febrero de 1913, tras un golpe de Estado.

Victoriano Huerta es acusado de traición contra Francisco I. Madero, se desconoce a los tres poderes federales y a los poderes locales y se firma el plan de Guadalupe en el que los sublevados nombraron comandante en Jefe del Primer Ejército Constitucionalista a Venustiano Carranza.

Estados Unidos intentó obtener el control de México con Victoriano Huerta sin embargo este los traicionó una vez depuesto en su exilio en Europa y después de 17 meses de gobierno, entabló conversaciones con el káiser alemán Guillermo II del que recibió una fuerte suma de dinero para que lanzara una contrarrevolución a cambio del petróleo que tanto necesitaba Alemania. Junto con el dinero, también le proporcionó más de doce millones de balas 7 x 57 Mauser.

La revolución mexicana seguía enardecida y Huerta solicita al Departamento de Estado un permiso y salvoconducto de Nueva York a El Paso, para volver a México mismo que se le concede, pero el gobierno del Presidente Wilson no tenía la menor intención de permitir a Victoriano Huerta la oportunidad de comenzar un nuevo conflicto en México. En cuanto llegó a Nueva York es arrestado, le confiscaron el dinero y sus balas. Victoriano Huerta es trasladado a la cárcel militar de Fort Bliss, Texas, donde es juzgado y asesinado por el gobierno americano.