Carlos V había sido informado de un lugar muy hermoso en la región de los purépechas, por lo que instruyó a fundar una villa en 1537 con 70 familias españolas y 9 religiosos. El Virrey Antonio de Mendoza, oriundo de Valladolid, envió una expedición con el objeto de pacificar la provincia de Jalisco y siguiendo las órdenes del Rey, se fundó la ciudad de Valladolid por real cédula expedida en Zaragoza el 6 de Febrero de 1545.

escudo

La cédula expedida por Carlos V describe cómo debía ser el escudo de armas:
«Por cuanto vos, don Antonio de Mendoza, nuestro virrey gobernador e capitán general de la Nueva España, nos pedisteis y suplicasteis que en remuneración de vuestros servicios le hiciésemos merced a la nueva ciudad de Valladolid que fundasteis y poblasteis en esa tierra, de mandarle dar por armas un escudo hecho en tres partes y en cada una de ellas una persona real coronada, vestida de púrpura en campo de oro, con su cetro en las manos, y por timbre y divisa, una corona de oro encima de dicho escudo»

A la fundación de la ciudad se hizo una gran fiesta a la que concurrieron muchos indios de todas partes con el fin de avecindarse ahí; en una ceremonia muy fastuosa los comisionados de la corona distribuyeron el terreno que pertenecía a Gonzalo Gómez y se señalaron los sitios para iglesias, casas, cementerios. La región que había sido muy conflictiva encontraba por fin la paz, en el proyecto fundacional de una ciudad.

La ciudad se llamó Valladolid, porque esta ciudad fue la patria de su fundador Don Antonio de Mendoza aunque se dice que este nombre estuvo en la memoria de Cristóbal de Olid, enviado de Hernán Cortés a conquistar el reino de Michoacán, siendo esa tierra llamada primitivamente el Valle de Olid.

Por Cédula de la Reina de España el 20 de Septiembre de 1537 se dispuso se construyera una Catedral donde más conviniera a juicio del Virrey Antonio de Mendoza; las labores industriosas de la construcción de recintos religiosos fueron pacificadoras y unificadoras de la región purépecha.

La culminación de las grandiosas obras arquitectónicas eran celebradas en festividades públicas, varias generaciones participaron en las mismas, pues las labores se extendieron en promedio 75 años, para estos motivos la evangelización así como la construcción fue un medio eficaz de conquista.

El primer convento de Valladolid fue el de San Francisco y posteriormente llegaron los Agustinos, quienes fundaron el primer convento en Michoacan asi como la primera Universidad de Nueva España en Tiripetío en 1551 antes que la Universidad de México en 1553.

El Colegio de San Nicolás fue fundado cuando por órdenes de Vasco de Quiroga se trasladó la Catedral de Pátzcuaro a Valladolid y junto con ella el colegio establecido en la capital purépecha. Valladolid vio nacer a mexicanos ilustres como: Jose Maria Morelos, Agustín de Iturbide y en San Nicolás, Miguel Hidalgo y sus hermanos fueron alumnos.

Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate, era la sentencia de Dante a los que entraban al infierno y dicha frase se encontraba en la entrada de la prisión de Valladolid, sin embargo pronto fue cambiada por una promesa para los infelices: Trabajo y una esperanza realizable: Regeneracion. 

Dante sentenciaba a los que entraban al infierno: No hay nada después de esto. No hay nada más que esto. No albergues falsas esperanzas. No hay más oportunidades. No hay más misericordia. No hay más perdón. Todo termina aquí.

Y es que entramos al infierno verdadero cuando hemos perdido la esperanza, es el juicio final, el principio del fin. Los proyectos industriosos que los españoles trajeron consigo, dieron nuevos bríos de ímpetu a los purépechas, quienes encontraron la paz y la esperanza en la fundación de su nueva capital, Valladolid.