«I am not mexican, I am italian and navajo, it is an insult for me and my family to be considered mexican or even to assume that I speak spanish because of the color of my skin«, me decía efusivamente con los ojos bien abiertos, la chica morena con nombre y apellido hispanos. La historia se repite infinitamente, los descendientes de mexicanos nacidos en los Estados Unidos niegan sus orígenes y se avergüenzan de hablar español.

Los chicanos era el término con el que se refería en el Siglo XIX a los residentes oriundos de los territorios que eran parte de México, sin embargo este evolucionó como apelativo de los estadounidenses de ascendencia mexicana o los estadounidenses de origen mexicano; los pochos es el coloquial impuesto por los mexicanos a los chicanos.

Los estadounidenses de origen latino suelen tener dificultad para hablar español fluidamente y mezclan palabras del inglés o hacen uso de ambos idiomas en same sentences. El spanglish es la fusión morfosintáctica y semántica del español con el inglés, y es de gran relevancia entre los estadounidenses de origen latino, es un idioma híbrido que no es de uso oficial, sino coloquial.

La segregación cultural que sufrieron los chicanos desde la pérdida de la guerra con Estados Unidos, les obligó a negar su hispanidad al prohibir el uso del español en la oficialidad del estado, así como parte de lo sublime de la segregación del Siglo XX; los chicanos tenían al igual que los negros, el no compartir con los blancos derechos que les eran propios, el español fue vetado y se convirtio en sinonimo de verguenza, así como la herencia cultural mexicana.

La emigración de mexicanos a los Estados Unidos comenzó a principios del Siglo XX con el estallido de la Revolución Mexicana, la fuga de capitales fue masiva, las clases sociales más altas de México se fueron del país y emigraron a ciudades como San Antonio, Texas, principalmente, el sur de los Estados Unidos se convirtió en un “igualador”, ya que ahora los ricos y los pobres eran catalogados sólo como “mexicanos».

Desde el inicio del conflicto armado en 1910 miles de mexicanos cruzaron la frontera buscando paz y seguridad, primeramente El Paso y Laredo, se convirtieron en sus nuevos hogares, sin embargo muchos refugiados mexicanos también llegaron en barco al puerto de San Francisco y otros viajaron en tren a Los Ángeles y Chicago estableciéndose en las áreas agrícolas del sur, norte y oeste de los Estados Unidos.

El flujo de mexicanos a estos lugares alteraría la perspectiva de los americanos sobre la inmigración y afectaría generaciones de inmigrantes por venir. La enormidad de esta corriente cambiaria el sur del país, ya que revitalizó viejas raíces agrícolas recuperando el pasado hispano.

La nueva inmigración tuvo un profundo impacto en el suroeste de los Estados Unidos, dado que los inmigrantes hablaban un idioma diferente y con frecuencia eran de una raza y religión diferentes, los Estados Unidos promulgaron nuevas leyes para manejar la afluencia y proteger a la población. Debido a que el futuro de México era incierto, no estaba claro cuánto tiempo permanecerian los nuevos residentes en su nuevo entorno. mientras México estaba en guerra, la inmigración proporcionaba abundante mano de obra barata para las industrias y los campos estadounidenses.

La segunda oleada ocurrió a finales de la Segunda Guerra Mundial se inició el Programa Bracero, que planteaba el traslado por parte del gobierno americano de un millar de campesinos mexicanos experimentados para cultivar y cosechar en ingenios azucareros ubicados en la región de Stockton, California.

El programa pronto se extendió y cubrió otras regiones de Estados Unidos y proveyó trabajadores para el mercado laboral agrícola, sin embargo para dotar a los Estados Unidos de mano de obra inexperta para el mantenimiento de rieles de vías ferroviarias y eventualmente para cubrir otras labores especializadas o no especializadas. Para 1945 la cuota del programa agrario contabilizaba a por lo menos 50,000 braceros que eran empleados en el campo en cualquier momento, y en el programa ferroviario se contaba con 75,000.

Las numerosas crisis económicas por las que ha atravesado México desde la década de 1980 ha sido exponencial con la emigración de mexicanos a los Estados Unidos, paralelamente las crisis más severas se proyectan en gráficas con barras incrementales, teniendo un cenit en 2005.

La población migrante en Estados Unidos equivale al 11% del total de la población mexicana; los centros de expulsión siguen siendo los de origen rural, pero se han sumado los de tipo urbano y  los del sureste del país con población indígena; los destinos preferidos son Texas, California, Arizona, Nuevo México e Indiana.

Las generaciones mas jovenes de chicanos hablan tres idiomas: ingles, español y una lengua indígena, el nacimiento de una tercera cultura involucra el pensamiento de las clases bajas americanas con el campesinado mexicano, los valores tradicionales de la comunidad mexicana se desvirtúan con el paso generacional y mutan de acuerdo al entorno.

Puedo decir con certeza que los chicanos comparten con los mexicanos una rica herencia cultural que ha evolucionado y se ha ido adaptando a la cultura americana, el meeting point donde convergemos sin desencuentros, no es tanto por el idioma, el pensamiento o la cultura, sino por la gastronomía mexicana, donde sin barreras nos entendemos pretty good.