Bolivia es el quinto país más pobre de América, irónicamente sus tierras han sido de las más fructíferas del continente; Potosí fue en el Siglo XVI la ciudad más rica del mundo y la más poblada de América en 1574. El valor de la explotación de la mina del potosí desde su descubrimiento en 1545 a 1784 es de 820,513,893 duros de plata y su valor actual es de $211,255,250,489 USD. En 2019 las reservas de Litio valuadas en 21 millones de toneladas poseen un valor de $20,000 USD por tonelada.

La riqueza de Bolivia nunca ha pertenecido a los bolivianos, cientos de trabajadores están sepultados en las minas del Potosí, que significa por su origen: “dio un gran estremecimiento”; el descubrimiento de plata en Bolivia fue por accidente en 1545, dando origen a la fiebre de la plata. Las minas de Potosí financiaron bodas, funerales, guerras, palacios, iglesias y deudas de la Corona Española.

El descubrimiento de plata en el cerro del Potosí, trajo una oleada migratoria mundial de aventureros y cazafortunas al Alto Perú, que fue el principal centro minero del mundo durante dos siglos, el territorio que actualmente se conoce como Bolivia formó parte de la Audiencia Real de Charcas, parte de los Virreinatos del Perú y del Río de la Plata. Carlos V dio el título de Villa Imperial después de su fundación en 1545.

Las minas del Potosí enriquecieron el mundo y fueron una fuente de financiamiento importante para el Imperio Español que con ayuda de los caciques incas proveían mano de obra constante y que fue capaz de financiar eventos importantes en la Península como la Coronación de Carlos V que costó 8 millones de pesos (18 millones de euros) y los Funerales de Felipe III cuyo dispendio fue de 6 millones de pesos (16 millones de euros)

La virgen del cerro es una alegoría del descubrimiento de plata, aparecen en la obra los dioses incas Inti (Sol) y Quilla (luna), presenciando la coronación, el origen del nombre de la ciudad de Potosí, interpretándose que Huayna Capac, Emperador de los incas, llegó en el año 1462 al sitio que ahora ocupa la ciudad y quedó maravillado al observar el cerro que se conocía como Sumaj Orcko (Cerro Hermoso), ordenando a sus vasallos explorar la montaña. Al cumplir ellos la orden, escucharon el estruendo «Potojsi», de ahí deriva el nombre Potosí.

Existen tres tradiciones del descubrimiento del cerro del Potosí pero hay consenso que fue gracias a Diego Gualca, un pastor que en Enero de 1545 hizo el hallazgo, la primera dice que viniendo con ganados del mineral de Porco pernoctó en el cerro y en un matorral de paja ató los carneros los cuales arrancaron de raíz la paja dejando descubierta la veta, la segunda dice que lanzándose el indio tras un venado que por ahi corria, a punto de caer se sujeto de una paja y con fuerza la arranco y quedó al descubierto la veta, la tercera dice que habiendo corrido Gualca en demanda de un carnero le dio alcance a las siete de la noche sobre el rico cerro, pernoctando encendió fuego para ampararse del frío y cuando amaneció vio derretido el metal con el fuego que había corrido en hilos de plata, cualquiera que haya sido la verdadera, el descubrimiento fue informado al Capitán Juan Villarroel, en cuyo honor se fundó la villa de Villarroel y para Septiembre de 1545 ya había en ella 170 españoles y 3,000 indios que comenzaron la fundación del actual Potosí a las faldas del cerro.

Los caciques incas entregaban súbditos a los españoles y estos daban sus vidas a las penosas faenas de las minas, provenían los indios de 17 provincias del Alto Perú y estas estaban obligadas a contribuir a la explotación del cerro del Potosí en un sistema de conscripción más rígido que el de los ejércitos en tiempos de guerra y que ponía a los indígenas a merced de los azogueros en cuya servidumbre permanecían, mientras no se presentaran otros a reemplazarlos.

Se hacía trabajar a los indígenas hasta 15 horas diarias, cavando túneles, extrayendo el metal manualmente o a pico, eran muy frecuentes los derrumbes y otros accidentes, que ocasionaron la muerte de cientos de trabajadores. Las rebeliones eran ahogadas a sangre y fuego. Es probable que hasta 15,000 indígenas hayan muerto en la explotación de la plata, entre 1545 y 1625.

De acuerdo a la Recopilación de Leyes de Indias La Audiencia y Cancillería Real de la ciudad de La Plata de la Nueva Toledo, la provincia de los Charcas en el Perú fue creada por el rey el 4 de septiembre de 1559, para la cual designó un presidente y 4 oidores. El virrey debía presidir solo si visitaba la ciudad de La Plata.

El Rey Felipe II había dispuesto por real provisión del 12 de junio de 1559 encomendar al designado virrey del Perú, Diego López de Zúñiga y Velasco la creación de una audiencia, misma que se instaló en 1561 en la ciudad de La Plata (actual Sucre) la Real Audiencia de Charcas, suprema autoridad judicial de la Provincia de Charcas.

Atendiendo la necesidad de crear un nuevo centro administrativo regional desde donde se pudiera controlar con el debido cuidado y atención la zona de mayor producción de plata. La riqueza de Potosí, la instauración de la Audiencia de Charcas, el obispado de La Plata, después arzobispado de La Plata y la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca dieron consistencia a lo que sería conocido como Provincia de Charcas. La Provincia de Charcas quedó organizada bajo el régimen de intendencias en:

1.- Intendencia de Cochabamba
2.- Intendencia de Chuquisaca o también llamada Charcas
3.- Intendencia de La Paz
4.- Intendencia de Potosí

La decadencia de Potosí comenzó a finales del Siglo XVIII cuando por la sobreexplotación de plata se agotaron las vetas más ricas por las técnicas rudimentarias de extracción, el comercio se desvió hacia otros países. Los Borbones reimplantaron la Encomienda para revertir la caída de la economía minera, imponiéndose con mayor rigurosidad el trabajo de la mita y el tributo.

Los Borbones se aprovecharon de la mita, que era un sistema inca de reciprocidad de trabajo en el que se construían y conservaban los caminos andinos que se transitaban por el Imperio Inca, en cada cierta distancia se encontraban recintos al lado de los caminos y que eran usados por personal estatal itinerante como albergue y como centro de acopio para fines administrativos y militares, los llamados Tambos.

La mita proveía al estado de la energía indispensable para la construcción de centros administrativos, templos, acueductos, casas, puentes, y la mejora de la comunicación entre una colonia y otra. En la época incaica se usaba para el desarrollo de obras públicas, como la construcción de templos, acueductos, fortalezas, caminos, etc., era de estricto cumplimiento para los varones y todos los pueblos, los cuales recibían una justa retribución.

El tributo inca, absorbido por los españoles y que era originalmente para los Dioses del Sol (Inti), la lluvia, la Tierra (Pachamama), la divinidad que representaba el conjunto de la naturaleza, los manantiales, vertientes; era una deidad inmediata y cotidiana, que actuaba por presencia y con la cual se dialogaba, ya sea pidiéndole sustento o disculpándose por alguna falta cometida en contra de la tierra y por todo lo que nos provee.

La riqueza de Bolivia fue saqueada, tras su independencia y a pesar de tener el nombre del libertador de Sudamérica, dejó al naciente país como un cascajo, al enfrentarse en guerras con sus vecinos Perú, Paraguay, Chile y Brasil. Potosí fue un tiempo la ciudad más poblada de America y el centro minero más importante del mundo en el Siglo XVI y XVII y hasta ahora los bolivianos, nunca han podido cosechar los frutos de su riqueza.

El litio es el metal más liviano existente en la Tierra y por su creciente demanda de para el uso en baterías de teléfonos celulares, iPods y computadoras portátiles en el mercado global, los capitalistas del mundo han puesto sus ojos en las reservas de litio del salar de Uyuni, las más ricas del mundo. La fiebre de la plata del Siglo XVI resurge ahora como la fiebre del litio del Siglo XXI y serán los bolivianos, quienes de nuevo padezcan por los caprichos de la avaricia.