Según el Censo de Población y vivienda de 2010 el 47% de los mexicanos (56 millones) se consideran a sí mismos blancos, sin embargo esta percepción irreal, es correcta solo para el 5%. Este grupo se encuentra focalizado en el noroeste del país; estados como Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Baja California Sur son mayoritariamente descendientes de europeos producto de la colonización planeada durante el porfiriato y zonas focalizadas que históricamente fueron enclaves económicos del Virreinato, la Ciudad de México, Nuevo Leon, Yucatan, Jalisco, Aguascalientes y Puebla.

El Virreinato de la Nueva España surgido con la caída de México-Tenochtitlan en 1521 abrió las puertas a la invasión europea del territorio conquistado, en favor de la obtención de réditos para la Corona de Castilla; la Casa de Contratación de Sevilla, era el organismo que regulaba el comercio y la navegación, tuvo requisitos muy claros para los españoles que quisieran emigrar a América, uno de ellos era ser católico por los cuatro costados.

Fundada por Isabel la Católica en real cédula del 14 de Enero de 1508, la CDC era extremadamente burocrática; en sus libros se registraban los nombres, origen, motivos, empresas, misiones, acompañantes y destino de los que tenían aprobada la salida. En la primera etapa de colonización, hubo una segregación muy marcada, con las repúblicas de indios y las repúblicas de españoles, el sistema de encomiendas permitió asignar grupos subordinados a un cacique bajo las órdenes de un español, esto evolucionó al sistema de Haciendas.

Los españoles propiamente dicho no gobernaban a los indios, sino a los caciques de estos, cabe mencionar que según los registros eclesiásticos del periodo virreinal, el 73% de los hombres españoles o criollos se casaron con mujeres españolas o criollas y la procreación de mestizos se dio por matrimonios pactados con hijas de caciques, pero en su gran mayoría por adulterio y con indígenas jóvenes.

Este arquetipo nacional nos muestra Octavio Paz (un eurodescendiente) en su libro «Laberinto de la Soledad«, en el cual se describe a los mexicanos como seres confundidos en su propia soledad, pues después de tres siglos de ser colonia y sufrir todo tipo de vejaciones, el subconsciente del mestizo es un ser acomplejado, traumado, impotente y desvalorizado que es producto de una violación, un hijo de la chingada.

Los españoles puros formaban parte de una pequeña y poderosa elite, la Corte Virreinal que reflejaba los modos de la europea, era la aspiración de la nobleza;  los españoles eran el principal grupo de poder en las ciudades coloniales y los descendientes de estos, los criollos fueron los que amasaron fortunas producto del cacicazgo y la explotación de los indígenas, que estaban controlados en el inframundo benevolente del catolicismo, (religión que se extendió por su innovación), así como por la inercia nativa de la ignorancia, la superstición y la cultura del cacicazgo.

Debido a un clima más severo, en el norte y el oeste de México, las tribus indígenas eran sustancialmente más pequeñas que las que se encontraban en el centro y el sur; también eran mucho menos organizadas, por lo que permanecían aisladas del resto de la población o incluso en algunos casos eran hostiles hacia los nuevos colonos.

Las regiones norte y oeste de México tienen los porcentajes más altos de población blanca donde la mayoría de la población no tiene herencia nativa o es de ascendencia predominantemente europea. El genocidio indígena de Nueva Galicia, donde la población indígena fue masacrada por los primeros colonos europeos, se convirtió en la región con mayor proporción de blancos durante el Virreinato.

Muchos grupos de inmigrantes provenientes principalmente de Galicia y Portugal, llegaron en etapas tardías de la Nueva España para trabajar como agricultores y se establecieron en rancherías independientes de las Haciendas, estos personajes característicos de México, los llamados «Güeros de Rancho«, blancos de piel quemada y poseedores de la cultura del indio, son producto de la interacción forzada entre ambas culturas.

Después de la Independencia ciertos grupos de poder heredados de la colonia, tenían una percepción racista del indígena, al que casi unánimemente se consideraba un lastre para el desarrollo económico y social; el «indio marginado», incapaz de integrarse al país, se contraponía el “blanco dotado de talento y superioridad naturales”.

En México la inmigración dirigida se manifestó en los primeros años del porfiriato, por medio de la realización de proyectos de colonización en zonas rurales, para lo cual se intentaba atraer por medio de estímulos materiales a familias de labradores europeos para radicarse en el país y poblar los terrenos baldíos del norte y otras zonas periféricas.

Las medidas atrajeron a más migrantes a México, debido al interés del gobierno, por repoblar las áreas fértiles e improductivas  y porque se pensaba que el país estaba poco poblado. Se mantuvo una política de puertas abiertas a la inmigración procedente de Europa, bajo los conceptos de fomento a la inversión extranjera, poblamiento de baldíos y muchos aludieron también el “mejoramiento de la raza” a través de un nuevo mestizaje, siguiendo uno de los postulados del darwinismo social.

El estallido incontrolable de la Revolución Mexicana, se entiende como un hartazgo de la opresión, el discurso del nacionalismo revolucionario del Siglo XX busca reivindicar el papel y carácter del indio como protagonista de la escena nacional, satanizando al español opresor y expiandolo como la víctima perfecta, el bueno del cuento. A pesar de este discurso poderosísimo, el desprecio al indígena sigue vigente, no solo en apelativos, sino en la esencia racista y clasista que caracteriza a la sociedad mexicana, herencia del virreinato.

Los euro descendientes tienen actualmente un papel protagónico en los medios de comunicación, la intelectualidad, la publicidad aspiracional, la política y las cúpulas; la cima de la pirámide está conformada en su mayoría por mexicanos blancos, los «whitexicans» que es un sector privilegiado de la sociedad, que vive en una esfera y usa palabras peyorativas para quienes no poseen sus valores raciales, morales o económicos. La naturaleza animal siempre hostil, busca imponerse por encima de otro con justificaciones irracionales para demostrar superioridad y control, una conducta presente en los simios, que poseen muchos whitexicans.