pedro

Confieso que me alegre de ver lo que tanto desearon ver el rey Ciro y su hijo Cambises, Alejandro Magno y Julio Cesar.

El General de los jesuitas es un verdadero soberano absoluto, cuyos Estados están incrustados en todos los reyes, y su poder es tanto más grande, cuanto que no representa fuerza aparente, pues dicta cómo se visten sus miembros, hasta en el traje, con los usos y costumbres de cada país, a fin de no chocar con ellos y evitar persecuciones, pues no tiene la Compañía ningún vestido particular.

Sobre las mudanzas de traje y disfraces de los jesuitas y que hasta estos tiempos no han abandonado su táctica, pues así se les ha reconocido disfrazados de milicianos nacionales, como de voluntarios realistas, bajo la blusa de los internacionalistas, cómo cubiertos con la boina de los facciosos.

Esto les ha impedido adquirir respetabilidad, influyendo no poco en la desconfianza que por doquiera ha inspirado, y en las persecuciones que ha sufrido por el desprecio de los otros hombres pues han practicado como sistema el engaño de los disfraces, y que en sus obras hagan alarde de ello como de la cosa más natural.

Imaginémonos, en efecto, un sacerdote, un apóstol de la religión cristiana, vestido de mandarín chino, para predicar el Evangelio, que condena el engaño, y se comprenderá, que los disfraces que emplean los jesuitas deben ser causa de la repulsión y de las persecuciones de que tantas veces fueron víctimas.

Los jesuitas tuvieron que disfrazarse para atender a los católicos perseguidos en Inglaterra; en 1580 dos jesuitas partieron de Roma a Londres y los espías de la Reina Isabel I habían pasado el dato y los estaban esperando en Denver, cuando desembarcaran. Pero Roberto Persons, superior de la nueva misión inglesa, era un genio. viajó como un oficial que volvía de los Países Bajos, con todos los atavíos de su rango. Incluso alquiló el caballo de uno de los oficiales que lo buscaban y pidió que ayudaran a un amigo suyo, mercader de diamantes, que llegaría poco después. Era el otro jesuita, san Edmundo Campion.

Este santo canonizado, Campion, escribió: “Yo llevo un vestido que me parece totalmente ridículo; lo cambio frecuentemente así como mi nombre». A veces leo cartas que dicen que Campion ha sido detenido; la noticia se difunde a dondequiera que voy…” Pero finalmente fue delatado. Había trabajado trece meses “disfrazado”, antes de terminar como mártir torturado en la Torre de Londres.

Otro caso interesante es el de Etiopía, protegida por montañas, que había conservado su antigua fe cristiana, en medio del islamismo, intentaron llegar los jesuitas, pero debían atravesar la “muralla” musulmana del Mar Rojo. Dos jesuitas audaces, disfrazados de comerciantes armenios, fueron descubiertos y encerrados en prisión.

Otro, disfrazado de rico mercader, preguntado si era cristiano, respondió que sí y fue decapitado. Más efectivo que el disfraz fue el apoyo de Portugal, un comandante turco, para poder comerciar con los portugueses, dejaba pasar a jesuitas disfrazados.

En el siglo XVI, los viajes a China las caravanas traían la seda y llevaban otros productos, pero nadie conocía el camino, con otro nombre y otra ropa, con dinero y mercaderías, el jesuita Bento se unió a una caravana, en 1602.

Bento no ocultó su fe, pero la presentaba con habilidad. Preguntado por unos musulmanes en qué dirección rezaba, respondió “En cualquiera, pues Dios está en todas partes”. Tal como a este astuto personaje, una vez que caían en cuenta del engaño que fueron víctimas, los jesuitas eran ajusticiados, encarcelados, envenenados o ejecutados

Los jesuitas en los Estados Unidos eran al comienzo muy pocos y más que disfrazarse buscaron adaptarse a la mentalidad del nuevo país, sin repetir el modelo europeo. En la costa Este sus colegios y universidades conservaron un estilo más académico y tradicional, mientras que en el Centro y Oeste ofrecieron carreras más prácticas, para fomentar el desarrollo.

Para comprender todo lo odioso de estas reglas de conducta de los jesuitas, y su carencia de derecho para quejarse de las persecuciones que a ellas han debido impunidad, pues dejando sus hábitos sacerdotales, se visten con las togas de magistrados, y los uniformes de generales. La fanática plebe los ha apedreado y la cuando las autoridades lograron sacarlos vivos del tumulto popular, dando con ellos en la cárcel, los procesaron por usar uniformes y trajes a que no tenían derecho, aplicando todo el rigor de las leyes, por ver en ellos enemigos declarados del Estado.

Las misiones jesuíticas se acompañó o siguió de cerca la guerra de conquista, por tal motivo las persecuciones contra estos sectarios, eran consecuencia de su conducta; conducta que ha perjudicado mucho más que servido a la religión católica, en cuyo beneficio se empleaba intencionalmente.

El papa Francisco es un jesuita, para sus enemigos, sería un jesuita disfrazado de papa, una maniobra con astucia e indiferencia ante las adversidades.