jesu

El General de la Compania de Jesus, es ni más ni menos que el rey absoluto con atributos extraordinarios, preeminencias y privilegios, pues asume los poderes ejecutivos y legislativo de la congregación. El gobierno es monárquico independiente, puesto que depende de la voluntad de su General, a pesar de estar subordinado al papa.

Ignacio de Loyola pretendía que su Sociedad o Compañía, fuese una monarquía mixta, puesto que reservó a la congregación, o junta general de los hermanos profesos, la elección del General; repartiendo además entre éste y la junta general el poder legislativo, sin embargo en la práctica esto no sucede.

El General es el único que establece las reglas, a continuacion se nombran sus prerrogativas:
Administración. Ejerce jurisdicción sobre todos sus miembros, de él emana toda la autoridad de los provinciales y demás superiores, reservándose la facultad de distribuir a cada uno o de retirarle el poder que le concedió. Todos los misioneros deben oir sus consejos y no pueden aceptar dignidades fuera de la sociedad.
Legislacion. Hace las reglas y ordenanzas de la Constitucion de la Compania, esta apto para hacer todas las Constituciones particulares para el bien de la Sociedad, y tiene la facultad de cambiarlas, modificarlas, abolirlas y reemplazarlas cuando lo crea conveniente. 
Sólo él tiene plenos poderes para hacer toda clase de contratos.
Expulsion. Determina lo que son asuntos graves y no puede ser revocado de su cargo porque sus asistentes no tiene ni voz ni voto, y porque él puede expulsar de la Sociedad a quien le parezca, y admitir y conceder grados y oficios, sin dar a nadie cuenta de ello.
Misiones. Tiene la facultad de mandar a los miembros de la Compañía a donde quiera, incluso a países de infieles y bárbaros.
Indulgencias. Posee facultad para conmutar los legados que se hagan, revisar los libros y otorgar indulto a las congregaciones y seminaristas.
Reporte. Los provinciales tienen obligación de darle cuenta todos los meses del estado de sus provincias, y al mismo tiempo deben hacerlo los consultores, especie de contralores, que se entienden directamente con el General.

En 1593 se fijaron los puntos esenciales de la Sociedad declarándose, en efecto, que éstos eran los contenidos en la bula de Julio III donde se establecen formalmente las facultades del General:
1. Crear impedimentos que inhabiliten a ciertas personas para entrar en la Sociedad.
2. Que el general no debe emplear fórmulas judiciales para expulsar a los miembros.
3. Que es indispensable la rendición de cuentas al superior.
4. Que todos los miembros deben consentir que se revele a los superiores cuanto digan y hagan, y cuanto ellos se observe.
5. Que todos los miembros deben estar prontos a denunciarse mutua y caritativamente.

Como si no fueran suficientes tantos poderes y atribuciones, reunidos en un solo hombre, cuando tienen los jesuitas que escribirse cosas que exigen secreto, deben hacerlo de manera que sólo lo entienda la persona a quien va dirigida la carta, a cuyo efecto el General da las claves.

No pueden los jesuitas apelar al Papa de las órdenes de su General, a menos que el Papa no les conceda especial permiso; más para desligarlos de sus votos basta la autoridad del General, y en lo que respecto a ellos pueden hacer lo mismo el Sumo Pontífice y el General, les está encomendado que se dirijan al segundo y no al primero.