hame

El problema del hambre, tan antiguo como la propia humanidad, ha persistido hasta nuestros días, segando millones de vidas y dejando tras de sí un rastro desolador. Hasta el siglo XX, los grandes culpables del hambre fueron las malas cosechas, heladas, inundaciones, la guerra y todo tipo de eventos climatológicos devastadores, como la famosa «Pequeña Edad de Hielo» del siglo XVII.

La esperanza de los pobres de Europa a finales del Siglo XIX era todavía ganar lo suficiente para mantener unidos el cuerpo y el alma, tener un techo sobre la cabeza y la ropa necesaria, especialmente cuando los jóvenes tenían hijos y cuando la gente envejecía, soportar los inviernos y el hambre fue terrible.

Antes de que la papa llegase al viejo continente, el mundo occidental tenía en la hambruna un problema capital. La producción de alimento para cubrir las necesidades de la población no se podía asegurar con fiabilidad y no era posible predecir si para el invierno habría suficientes reservas de alimentos para la población.

Los Incas fueron los primeros en consumir la papa, hacían con ella un alimento de nombre “chuño”, papa seca que formaba una especie de galleta que alimentaba a sus ejércitos y funcionaba como un alimento de reserva para épocas de hambre.

La papa y otros alimentos eran criogenizados durante el verano, recubiertos con antihumectantes y repelentes odorizantes contra plagas, que almacenaban en cuevas. Cuando llegaron los españoles a América, descubrieron en el Perú, este inusual ingrediente y lo llevaron a tierras europeas junto con otro gran número de productos originarios.

La papa, cuyo consumo salvo del hambre a Europa por muchos tiempo, era la principal fuente de alimento de los irlandeses y se vio infestada por un hongo en la cosecha de 1845, lo cual les costó la vida a más de dos millones de irlandeses y empujó a otros dos millones a abandonar sus tierras en busca de la sobrevivencia.

Durante el crudo invierno de 1846, uno de los lugares donde sus efectos fueron más devastadores fue también en Irlanda, que era azotada desde el año anterior por la que sería llamada la Gran Hambruna, siendo la causa principal de la emigración masiva a Estados Unidos.

En Rusia una hambruna muy significativa ocurrio entre 1890 y 1891, cuando una serie de malas cosechas puso en jaque al sistema zarista y causó estragos entre los millones de campesinos cuya frágil supervivencia dependía fundamentalmente de ella, siendo esta uno de los detonantes de la Revolución Bolchevique.

La última gran hambre que hubo en España fue en 1860, y en lo que más tarde se consideraría como el «tercer mundo» el hambre era endémica durante todo el Siglo XIX; en México, a principios en 1915 con el estallido de la Revolución, la cadena productiva fue devastada dejando en carestía de alimentos a la capital.

Días antes de la primera entrada de los zapatistas a México, el comercio cerró. La población urbana comenzó a comprar alimentos en exceso para almacenarlos en sus casas, pues se temía a los saqueos. Cuando entró Villa con sus tropas, se repitió la escena, pero además, lo acompañaban 20 mil soldados que también demandaban alimentos, lo que empeoró la situación.

Fueron los Estados Unidos los que mandaron comida a los europeos que morían de hambre en la Primera Guerra Mundial, pues era una época en la que la comida se convirtió en un tema central y tenso para el pueblo americano.

La mesa estadounidense, en especial en las zonas rurales, era un bufét de abundancia, equipos de mujeres cocinaban para los agricultores, y se servían desayuno, la comida y la cena, el buen clima y el ferrocarril fomento la distribución de alimentos, pero todo cambió con la Gran Depresión en 1929.

El siglo XX se enfocó en la producción masiva y la economía de consumo, gracias al concepto de los empresarios de Estados Unidos, cuya gran masa de consumidores requirió la creación de un mercado masivo de producción estandarizada de tipo medio, el mercantilismo que había sido pilar fundacional de la doctrina capitalista, sólo en apariencia pudo acabar con el hambre de millones.

El objetivo de la FAO es alcanzar un mundo bien alimentado y erradicar el hambre para 2030; hoy en día es común encontrar múltiples centros de distribución y venta de alimentos, la carestía pareciera ser cosa del pasado, estamos acostumbrados a ver mucha comida por doquier, restaurantes, mercados y anaqueles llenos, sin embargo la persistencia del hambre en algunas regiones contradice a los millones con sobrepeso y a los obesos enfermos, que al igual que los cadavéricos hambrientos, estan mal nutridos.