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Muchos jóvenes españoles del Siglo XVI emigraron hacia las ricas colonias del Nuevo Mundo para buscar fortuna, persuadidos en gran parte por los jefes de flota de las expediciones, que iban a los pueblos y villas a reclutar aventureros, anunciandoles que partían a un país encantado y fabuloso por sus riquezas al que llamaron El Dorado.

La descripción de El Dorado, ya había sido popularizada por los viajeros de las islas americanas del caribe y el territorio de Nueva España; para 1596 Hernán Cortés y Francisco Pizarro eran los ídolos de los jóvenes extremeños, los relatos de la conquista de ciudades imperiales enigmáticas  inspiraban fantasías e incitaban a la aventura.

Las relaciones de los habitantes de los aéreos castillos y de países imaginarios, no podían dejar de hallar crédito en la España Caballeresca de Don Quijote, que dio origen al adagio frances «hacer castillos en el aire», aplicado a todos los soñadores de todos los tiempos: «faire des châteaux en Espagne»

En esa época de aventuras los castillos se soñaban en América y el castillo de moda en el Siglo XVI se llamaba El Dorado, un ciudad maravillosa hecha de oro en donde vivían bestias raras, la gente era oscura y la comida exquisita; el apelativo que hasta hoy conserva su significado fantástico y que si hubiera de creerse a los primeros exploradores del Orinoco y el Amazonas, bien pudiera haber sido un imperio deslumbrador digno de las mil y una noches, qué son los cuentos que inspiraron los libros de caballería.

Los soñadores y embusteros que de ese país hablaban, lo describian como un remedo del Edén, donde todo era oro, abundancia y dicha completa, por lo que es de imaginarse el gran entusiasmo que causaba en los jóvenes que se alistaran en semejantes expediciones que tanto prometian.

Tiernos jóvenes que desde los catorce años se embarcan a la mar y la aventura, en busca de las riquezas, estando en la edad donde todo se cree, todo se espera y nada se teme, porque poco o nada se piensa, solo se vive de sentimiento y de aspiración a lo desconocido, creían como todos los jóvenes de siempre, que el mundo suyo para conquistar, muchos lo lograron.

Los relatos fantásticos sobre una ciudad de oro y que inspiraron expediciones en su búsqueda, no distaban mucho de la realidad, de acuerdo a los expedicionarios de Pizarro, muchos templos incas estaban repletos de oro, como el Quri Kancha de Cuzco, templo que brillaba como el sol.

Quri Kancha o “Patio de oro” en el lenguaje quechua, oro del vocablo Kori o Cori y patio del Kancha o cancha; esta edificación los inca la utilizaban como lugar sagrado o sitio de adoración a su dios principal que era el dios del sol o Inti.

La forma del templo de Quri Kancha era la de un sol, y los los caminos que salían de él, eran los rayos que iluminaban en dirección a los sitios sagrados para los incas, era conocido como el recinto del oro.

Los muros eran de piedra tallada y encajada sin ningún tipo de argamasa o cemento  y los nobles que le habitaban usaban atavíos de oro, además se encontraba muchas de sus paredes y puertas, pero no solo de oro estaba adornado el templo, había incluso esmeraldas en el exterior y en los muros internos.

En 1533, el templo fue saqueado casi por completo, despojado de los metales preciosos que lo decoraban y en la repartición de Cuzco, el templo fue asignado a Francisco Pizarro; El oro de sus paredes fue fundido y parte del tesoro fue llevado a España, esta era una prueba contundente de la existencia de El Dorado.

Pizarro, antes de morir, decide dar los terrenos del Quri Kancha a la Orden de Predicadores Dominicos en 1534, así se funda la primera orden dominica en Perú, que se instala y comienza las obras del monasterio, las cuales culminan hasta 1633, conservando muchas de los muros del templo original.

En Cuzco se tiene registro de tres grandes terremotos acaecidos en la región y que no lograron cimbrar las bases de la edificación, ni que sufriera daños de gran magnitud, gracias a la construcción sobre bases incas.

Durante la última reconstrucción del templo Santo Domingo en 1956 a cargo de la Unesco, el templo original es descubierto y sus muros de piedra aún conservan el rasquete con la espada de la avaricia, el templo de oro que brillaba como el sol, El Dorado existe y se llama Perú.