tiempos

Mr. Sandman, bring us a dream,
Mr. Sandman, bring us, please,
please, please, please
Mr. Sandman, bring us a dream


Después de una profunda depresión económica que duró una década (1929-1939) y seis años de una guerra mundial (1939-1945), como era la vida en Estados Unidos durante los años 50?
Para la mayoría, simplemente FANTÁSTICA.

Fue una década próspera, mientras Europa trataba de juntar sus escombros, los astutos americanos se coronaban con un crecimiento económico sin precedentes y con una tasa de desempleo en mínimos históricos. 

Las mujeres se empeñaban en ser las mejores madres, esposas y amas de casa, inculcaban rígidos valores cristianos a sus hijos, la tecnología de vanguardia facilitaba mucho las labores del hogar y aunque empezaba la liberación femenina, no era bien visto que descuidaran a su familia por trabajar.

Era una época de bonanza donde los varones podían dar manutención a familias numerosas, pagar hipotecas, autos nuevos, darse lujos y vacacionar con un salario mínimo, el nacimiento de la clase media se expandía ante los niveles bajos de inflación y la expansión económica.

Los automóviles eran grandes y fuertes, se movían con motores enormes que quemaban galones y galones de gasolina barata (25cvs) como si no existiera un mañana, las autopistas interestatales (freeways) o vías rápidas conectaban las ciudades y como en la primera etapa de bonanza americana en el Siglo XIX con la construcción de vías férreas, la movilidad por carretera facilitó el desplazamiento de personas y mercancías;

El comercio también se benefició por el desarrollo del cine, la música y la televisión, que fueron grandes distractores y medios masivos de manipulación que hicieron que la gente se reflejara a sí misma, creando una realidad alterna forjando el llamado «sueño americano» que era tener una casa grande y muchos hijos para habitarla.

El boom de posguerra fue una época de valores familiares, conformismo, despertar religioso y consumismo. El dólar dominaba el mundo, la Segunda Guerra Mundial había dejado una Europa arrasada y los países del Este y Japón aún trataban de reconstruirse. La industria americana fue la única que salió fortalecida con un PIB que aumentó de unos 200.000 millones de dólares en 1940 a más de 500.000 millones en 1960 y desplazó de su liderazgo a Francia, Inglaterra y Alemania.

El capitalismo y su libre mercado se consolidaban en el mundo pero, al mismo tiempo, empezaban a definirse movimientos que reclamaban otra forma de vivir, una nueva escala de valores: el hippismo, el feminismo, los ecologistas, la burguesía universitaria, todos tenían algo que decir, especialmente las minorías. 

En 1959, el Gobierno de los Estados Unidos comenzó a calcular las cifras de pobreza, registrando a un 22,4% de la población por debajo del umbral mínimo, los suburbios de las ciudades se expandían y las campañas de asistencia social empezaron a tomar fuerza.

La llamada Guerra contra la Pobreza cuyo elemento central fue la creación de la Oficina de Oportunidades Económicas, que impartió formación a los más desfavorecidos y desarrolló agencias de vivienda, salud y educación y bajó la tasa de pobreza hasta el 15,1% en tan solo 5 años. 

Los americanos enarbolaron el poder de su libertad y se dedicaron a disfrutar de la vida con un consumismo inmediato, motor primario de su pujante economía, persuadidos por el temor de un inminente ataque nuclear de la Unión Soviética.

Una generación grandiosa de estadounidenses había conquistado el mundo, pero aún soñaban con viajar al espacio y llegar a la luna, en resumen, la vida era buena, simple y altamente materialista, pero como sucede siempre, había una mosca en la sopa:
EL COMUNISMO, que se cernía sobre su felicidad como una sombra ominosa.