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El Renacimiento es una espléndida aurora, un auténtico despertar de la conciencia del ser humano, después de una larga y aparente noche de casi mil años, se terminaba la oscuridad de la edad media en algunos países de Europa.

El pensamiento eurocentrista es producto de los anglosajones y considera a la edad media como una época de las tinieblas y es sumamente egoísta, pues su estudio histórico incluye solo a 4 países: Inglaterra, Italia, Alemania y Francia, ni siquiera toma en cuenta a España, que luchaba por expulsar a los árabes de su península.

Los siglos XV y XVI, son un período de cambios y de revolución en el arte, la ciencia, la política, e incluso la religión, constituyendo un triunfo de la inteligencia y del genio creador, como hacía tiempo no se vivía en Europa.

El hombre renacentista vuelve su mirada a la Antigüedad clásica, y en ella descubre el conocimiento que le permitirá salir de la ignorancia medieval, a semejanza de un tesoro que ha permanecido enterrado durante siglos, ese conocimiento lo componen viejos principios y valores, válidos para el ser humano de cualquier época y lugar.

El principal descubrimiento del hombre renacentista será, sin duda alguna, el de sí mismo. El hombre medieval creía en Dios, y era, sobre todo, un hombre religioso. En cambio, el hombre renacentista, sin dejar de creer en Dios, va a adquirir conciencia de sí mismo como una criatura muy especial dentro de la Naturaleza, dotado además de una enorme potencialidad, esta idea le llevó a plasmar la asombrosa obra artística y literaria que conocemos.

La vuelta a la antigüedad es efectivamente la condición del renacimiento de los modernos, estudiar a los filósofos griegos, aprender de los guerreros romanos. La audacia se define como la capacidad para emprender acciones poco comunes sin temer las dificultades o el riesgo que implican.

La Audacia Renacentista como tipo de pensamiento era ver el mundo a manera de conquista, surgen en el imaginario colectivo del renacimiento español libros de caballería, inspirados en los cuentos del clasicismo árabe: el Amadís de Gaula, El Tirante Blanco herederos de El Cid; posteriormente La Celestina y el Lazarillo de Tormes, reflejo de los nuevos tiempos.

Los españoles del Siglo XVI habían venido siendo instruidos en un proyecto de reino ideado por Alfonso X, este dejó escrito el perfeccionamiento de sus súbditos por medio de educación asequible al vulgo, transmitida por juglares y libros que eran leídos en audiencias publicas.

La literatura renacentista, especialmente la contenida en los libros de caballería, de origen medieval tenían el compromiso de mejorar a la sociedad inculcando valores fundamentales: el valor, el honor, la palabra, la defensa del reino y la religión, así como la asistencia a los desvalidos.

Estos libros pueden considerarse asceticos y misticos. El ascetismo es la doctrina de perfeccionar a las personas incitándolas al cumplimiento estricto de las obligaciones religiosas e instruyendolas en ello. El misticismo trata de expresar los prodigios que algunos privilegiados experimentan en su propia alma al entrar en comunicación con lo divino.

La novela pastoril cultivada por Lope de Vega y Miguel de Cervantes quien con su obra marcó el mundo de la literatura es una mofa al hidalguismo y una crítica a la sociedad en su conjunto, en especial a los libros de caballería; el Quijote caido en Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna sería el final de la buena fama de estos libros.

Los sentimientos de los españoles, los expresaban a través de la poesía, cuyo mayor exponente fue de Garcilaso de la Vega, que dotaba tres motivos esenciales en ella: la dulzura, la tristeza y la gravedad.

La novela picaresca es una frontera entre el Renacimiento y el Siglo de Oro, el protagonista de clase social baja, se movía inducido por el hambre y busca mejorar su vida con los medios a su disposición, pero carece de valores. 

El Renacimiento de España surgió con la unión de dos reinos por medio del matrimonio de los Reyes Católicos, quienes financiaron la vorágine empresa de Cristóbal Colón porque buscaban nuevos ingresos con la caída de Granada; posteriormente el ascenso audaz de su nieto Carlos I, ante la legitimidad de su madre, guiará los destinos de sus súbditos en un férreo catolicismo.

La cara dura de la religión, la Santa Inquisición fundada para expulsar a los judíos y reformar a los moros del nuevo reino, tuvo su mejor representante en el severo Cardenal Cisneros, quien nunca conoció a Carlos I y esta ideología se contraponía con el humanismo de Bartolomé de las Casas, por entre las conquistas de Hernán Cortés, Alvarado y Pizarro en América y que instauraron una nueva manera de pensar entre los nativos.

El pensamiento español destruyó la visión americana del mundo, el renacimiento europeo y su eurocentrismo (egocentrismo) cerceno la cultura originaria, quemó códices y derrumbó templos, se implantaron con la espada, tal como en la península con los árabes. La visión «plus ultra» o «ir más allá» de Felipe II, es resultado de las lecciones aprendidas por un siglo de conquistas; todo lo anterior es fundamental para entendernos a nosotros mismos y comprender a los españoles renacentistas, los héroes de su tiempo.