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En la historia de las monarquías siempre ha existido un consejo de ministros o nobles que siempre acompañaban al rey, los miembros de este circulo compacto conformaban la llamaba corte real. Los grandes cortesanos de la historia han dominado la ciencia de la manipulación, su trabajo es que el rey se sienta más real y que todos los demás teman su poder de cortesano, son los magos de la apariencia, pues saben que en la corte la mayoría de las cosas se juzgan según lo que parecen.

Los grandes cortesanos son amables y corteses, son imanes del placer, la gente busca su presencia porque saben cómo agradar, aunque nunca recurren a la lisonja servil ni se humillan. El cortesano se convierte en el favorito del rey y disfruta de todos los beneficios de tal posición. A menudo, termina siendo más poderoso que el propio soberano, pues es un mago de la acumulación de influencia. El cortesano perfecto es adulador e intrigante, glorifica al soberano y lo rodea de un microcosmos obligado por complacerlo

En la corte española de los austrias menores existía la figura del valido o favorito del Rey, ostentaban su valimiento por la influencia que tenían sobre el soberano, a quien seducían con los placeres de la distracción para coronarse, convirtiéndose en el poder tras el trono, el Duque de Lerma y el Duque de Uceda, eran para Felipe III, lo que Gaspar de Guzmán y Pimentel, el Conde Duque de Olivares, fue para Felipe IV, siendo este último el ejemplo más claro de como un cortesano puede asumir las funciones de un monarca y escudarse en la negritud de su obediencia.

Joseph Marie Cordoba Montoya nació en La Ciotat, Francia , hijo de dos exiliados republicanos españoles, estudió ingeniería en la École Polytechnique de París y obtuvo una maestría en Filosofía en la La Sorbona, irónicamente después realizó estudios de Doctorado en Economía en la Universidad de Stanford, que nunca concluyó al interrumpir su tesis titulada “Precios y cantidades en el Sistema de Planificación”.

En Stanford conoció a dos brillantes mexicanos que cambiarian su vida para siempre, fue compañero de habitación del joven Guillermo Ortiz Martínez, que llegaría a ser Secretario de Hacienda de México y se hizo amigo cercano de Rogelio Gasca Neri quien llegaría a ser Secretario de Programación y Presupuesto, gracias a un amigo en común de ambos, Carlos Salinas.

Joseph Marie al terminar sus estudios fue profesor en la Universidad de Pennsylvania entre 1978 y 1979, en éste último año fue invitado por Ortiz Martínez para dar clases en el Colegio de México y desempeñarse como asesor del Director de Ingresos de la Secretaría de Hacienda, Francisco Gil Díaz, en el que sería su primer cargo público. Al año siguiente, 1980, se afilió al PRI, aun y cuando no tenía la nacionalidad mexicana por lo que constituyó una violación constitucional y en 1981 pasó a ser asesor de Carlos Salinas de Gortari, Director del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) del PRI durante la campaña a la presidencia de México de Miguel de la Madrid.

Desde ese momento y hasta 1994 Córdoba se desempeñaría siempre como el más cercano asesor de Carlos Salinas de Gortari, quien sentía gran aprecio y admiración hacia el ciudadano francés que nacionalizó mexicano y a quien le cambió el nombre por Jose Maria, fue presentado como Doctor, sin serlo y se le asignó un cargo a modo recién creado, el Jefe de la Oficina de la Presidencia, una copia del chief of staff americano. Ostentando un bajo perfil y alejado de los reflectores, revisaba los discursos del presidente, se entrevistaba con emisarios nacionales y extranjeros, dictaba la agenda de la presidencia, escuchaba y manipulaba sagazmente. Córdoba siempre tenía la última palabra en las decisiones más importantes que tomaría Carlos Salinas durante su carrera política, a puerta cerrada y cual pitonisa, le presentaba al Presidente una serie de múltiples escenarios y las soluciones más acertadas para cada uno, aun cuando dejaba siempre que Salinas eligiera, el contexto era manipulado para forzar su voluntad.

No hubo importante decisión política y económica en México de 1988 a 1994 que no pasara por su escritorio, las acciones que tomaba Córdoba siempre estuvieron encaminadas a enaltecer la grandilocuencia de Carlos Salinas, dándole un gran prestigio nacional e internacional, culminando con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) con Estados Unidos y Canadá, logro atribuido al propio Córdoba. Ernesto Zedillo fue su protegido y la trama que envuelve el asesinato de Luis Donaldo Colosio le ha sido adjudicada en conspiraciones. Las excelentes relaciones que hizo durante la administración salinista le permitieron posicionarse no solo en México sino también en Wall Street y Washington, la crisis de 1994 y la fuga de capitales derivada de la devaluación del peso, idea de Ernesto Zedillo, fue obra suya al alertar a los inversionistas extranjeros del riesgo que convenía invertir en México, un país que le dio un nombre, su ciudadanía y todo el poder que nunca hubiera imaginado.