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ENCUENTRO ENTRE MOCTEZUMA Y CORTÉS

Hernán Cortés y sus tropas llegaron al borde del Lago de Texcoco y luego a Tenochtitlan, los españoles no podían creer lo que veían, parecía un párrafo extraído de los libros de caballería, asombrados con los grandes templos y edificios geométricos que emergian dentro del agua, había palacios coloridos, canoas, flores, oro, los penachos viraban a su paso y las plumas como que volaban al viento, el pueblo les miraba asombrados y hablaban entre sí de aquellos barbudos mal olientes, unos les miraban con temor otros con odio, a su paso muchos se arrodillaron ante ellos creyéndoles Dioses.

Cortés miraba de frente a los rayos del Sol, desde las orillas del lago se veían los templos resplandecientes y en la cima ahumaban los inciensos y las antorchas, les observaban a cada paso, espías en canoas les dibujaban en lienzos blancos, una imagen vivida, trazos finos y bruscos de pinceladas temerosas reflejaban el espíritu de aquellos hombres. Un solo objetivo tenía en su vida, alcanzar la Gloria y la Conquista de México.

El primer encuentro de Hernán Cortés con el emperador Moctezuma II, se dio el 8 de noviembre de 1519 y después de recibir los presentes de sus emisarios, violes como poca cosa y ante aquellos vasallos aztecas que solo le miraban a los ojos de los pies y hacianle tres reverencias a su amo, Hernán Cortés le miraba fijamente a los ojos, oscuros como la noche y brillantes como el sol, su mirada denotaba una profunda nobleza aunque un sutil temor le brotaba como fuente errante.